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CERTEZA
Era sábado por la tarde cuando Ariel Funes recibió el aviso.-
No buscó explicaciones. Solo lo tuvo con certeza indubitable y eso era suficiente: Period el día indicado para lo que tenía que hacer: Repasar detalladamente todos y cada uno de los momentos que modelaron su vida.-
Mil imágenes en tropel pasaron por su mente en la que el paso del tiempo no había hecho mella. Nombres, voces, paisajes, anécdotas, acontecimientos, alegrías, penas, desengaños…. Cuántas cosas había aportado el destino a su vida.-
El espejo le devolvió la imagen de un hombre longevo, lejano de la figura de los años mozos.-
– Vestimos los inevitables ropajes con que nos cubre el paso de los años.
Así solía decir cuando alguien comentaba alguna señal del avance inexorable del tiempo donde no faltaban chanzas sobre cabelleras agrisadas raleadas, articulaciones poco ágiles, memorias confusas, tez arrugada y demás quejas del otoño existencial.-
Muchos personajes de sus recuerdos eran ya solamente eso: recuerdos. Habían vestido ya los atuendos definitivos pasando al inescrutable mundo espiritual y allí morar en estrellas, paraísos gratificantes penitenciarías disciplinarias según lo hecho dejado de hacer durante el tránsito irremediable por las sendas de la vida terrenal. Claro que esa continuidad espiritual dependía de las creencias de cada uno. Ariel Funes, en esos temas era agnóstico confeso.-
Semejando un veloz carrusel reprodujo lo atesorado en su memoria agradeciendo en abstracto todo lo recibido y vivido. Todo. Las cosas buenas y agradables como así también las dolorosas, porque de ellas también había sacado enseñanzas provechosas.-
Como quien ordena las cartas de una baraja en un juego de solitario, fue alineando los personajes, los acontecimientos, los lugares, los tiempos, a medida que armaba la imaginaria calesita. Con casi todos había tenido que ver directa indirectamente. Y así los hizo desfilar en una gran función, la más grande, para él solo.-
Se ubicaba como espectador de todo lo que estaba rememorando, aún de lo por él mismo protagonizado. Y así lo fue elaborando.-
Protagonistas, testigos simplemente oyentes, en las pequeñas poblaciones ningún habitante ignora los avatares diarios. Todo lo que ocurre se sabe, se comenta, se disfruta, se lamenta, se debate.-
Ariel fue reflotando retratos de protagonistas, imágenes de los episodios, diálogos, relatos, más conversaciones antológicas llenas de enseñanzas. En muchos recuerdos había silenciosos panoramas y situaciones que formaban una galería casi fotográfica.-
Hubiera sido egoísta terminar el obligado recorrido dejando algo pujando por salir, por desempolvarse, por tener presencia en su repaso del pasado.-
Su primer recuerdo, siguiendo un orden que siempre primó en su vida prolija, fue para Arístides Funes, su padre. Después seguirían, si la memoria no le fallaba, todos los demás.-
ARÍSTIDES
La costa oriental del río Paraná en el Litoral argentino, particularmente en el sector de la provincia de Corrientes, ha sido siempre abundante en asentamientos. Algunos consolidados a través del tiempo adquiriendo el carácter de ciudades. Otros, de menor jerarquía, apenas alcanzaron a ser llamados pueblos y muchos más fueron por siempre simples conjuntos de ranchos precarios con pobladores dedicados a la pesca en las caudalosas aguas que el poeta llamara de color de león” y a la caza en las islas rodeadas de riachos intrincados.-
Más al sur, la parte entrerriana de esa costa tuvo poblaciones con similares características casi todas. En las costas del frente, al oeste, las aguas bañan parajes santafesinos y chaqueños, pero al ser más bajas e inundables, con muchas islas que las separan del cauce principal, no han alcanzado igual panorama poblacional.-
En uno de esos pueblos correntinos llamado Añapureytá, nombre que en la suave lengua guaraní significa Donde canta el Diablo”, había detenido sus pasos Arístides Funes. Como personaje de una elegía griega, parecía siempre querer alcanzar el horizonte, y éste se le alejaba. Hasta que en su peregrinar encontró ese modesto rincón, y fue allí donde topó con unos ojos negros que lo encandilaron. Los custodiaban unas pestañas perfectas que daban al parpadeo la gracia y belleza de una mariposa en vuelo, haciendo juego con una cabellera de tono oscuro semejante al negro brillante de un toro cárdeno. Cuando pudo desprenderse de esa mirada para apreciar el conjunto que la acompañaba halló unas facciones de fisonomía deslumbrante, completadas con un cuerpo esbelto, simétrico. Mudo, atragantado, entendió que estaba allí el ansiado destino. El amor había tocado a las puertas de su corazón acelerado entrando sin dudas ni permisos, poseyéndolo. Estaba en – amor – ado. Con ese explicit silabeo, si así se lo podía llamar, contaba emocionado aquel encuentro.-
Era Arístides Funes un hombre de preparación imprecisa aunque para nada escasa. Lector incansable con un apetito siempre insatisfecho por información y conocimientos. Estudioso de las conductas humanas y las historias que las mismas provocaban, tenía criterios plenos de convicciones, gustaran no a los eventuales escuchas.-
Con excelente dicción, a la que a veces incorporaba algunos términos camperos y también autóctonos para no mostrarse diferente, captaba la atención de quienes compartían sus reuniones.-
Subsistía con un exageradamente llamado almacén; en realidad una sencilla venta de productos diversos que intentaba conservar en un medio cada día más empobrecido. Lo había instalado al casarse con aquella deslumbrante adolescente llamada Iratí Sánchez, madre de su único hijo, Ariel, y fallecida al darlo a luz. Nunca pudo asumir aquel sino prematuro que le instauró un permanente dejo melancólico y triste. El destino tiene caminos sinuosos por los cuales la vida hace recorridos que llenan de asombros, dolores y alegrías y recién al remaining del camino, a la hora del steadiness, se logra apreciar lo andado, valorar los aciertos, lamentar los errores, llorar lo perdido y dimensionar los escollos.-
Y para Ariel Funes, el niño travieso que alegraba los días de su padre, la vida tenía marcados senderos complejos, solo que no podía saberlo aún.-
En los fondos de límites indescifrables de la casa donde vivían padre e hijo, el pequeño Ariel tenía como vecindad unos ranchos dispersos, sin orden alguno, con patios polvorientos poblados de robustas gallinas bulliciosas que escarbaban y picoteaban la tierra comiendo invisibles bichitos que por más esfuerzo que el niño ponía no lograba ver. Perros siempre cansados dormitaban debajo de los fragantes paraísos, azules jacarandaes y añosas moreras salpicadas de negros frutos, mientras bulliciosos chicuelos descalzos jugaban con una pelota armada sobreponiendo medias viejas. En ese marco su infancia se nutría de risas y correrías.-
Al atardecer el chiquillo se sumaba con curiosidad a la rueda de conversaciones que presidía su padre y a la que concurrían varios amigos. Sentados todos bajo un parral que regalaba delicias al paladar, terminaban así las jornadas.-
Las reuniones se hacían alrededor del brasero de hierro donde una pava ennegrecida siempre estaba lista para una buena mateada. Se conversaba de temas diversos, desde la política hasta los avatares de la bajante del río las inundaciones sin olvidar los relatos escabrosos transmitidos de boca en boca y de generación en generación que con buena difusión asustaban a las mujeres y aterrorizaban a los más pequeños conteniendo siempre los elementos más temibles: los fantasmas aparecidos.-
Fantasmas. Cuánto misterio había detrás de semejante nombre. Tenían algo en común esas historias de fantasmas, aparecidos y demonios y period que cada uno que las relataba decía conocer datos de los protagonistas. Siempre eran personas cercanas, amigos, parientes, amigos de los parientes parientes de los amigos.-
– Es cierto, les aseguro -period la frase que cerraba cada historia-. Le pasó a un conocido, y él me lo contó.
Un relato muy specific y repetido quedó como el mejor de todos los que recordaba aquel pequeño.-
– Ustedes deben saber -comenzó a reiterar la historia un integrante de la rueda de mate una tarde de verano- lo que le pasó a un amigo de mi vecino, Sixto Palacios. Resulta que volvía a su rancho una noche de luna del invierno pasado y escuchó un llanto que salía de los yuyales que bordeaban el camino. Se bajó curioso y encontró un bulto de tela blanca y envuelto totalmente en ella un niñito que lloraba sin consuelo. Lo alzó en sus brazos y volviendo a montar retomó rápido el camino hacia el rancho donde lo esperaban su mujer y sus hijos. Habiendo recorrido un par de leguas sosteniendo en un brazo el ruidoso bulto le despejó la parte que cubría la cabeza y la luna iluminó la cara del chico que sonrió mostrando dos enormes colmillos que sobresalían casi hasta el mentón, soltando un sonido gutural y ronco.
– ¿Y que hizo el paisano? -preguntó alguien, empujando a seguir la historia.
– Se espantó y lo tiró a los yuyales. Ahí nomás salió despavorido hasta su rancho donde contó lo ocurrido. Se quedaron todos aterrados.
Los que escucharon la historia por primera vez se mostraron asustados. Para Ariel no fue novedad pues el pequeño ya lo había escuchado de tres personas distintas, todas se decían amigas del protagonista que en cada caso cambiaba de nombre y paraje.-
Arístides Funes sentenció en esa oportunidad.
– Son unos bolaceros. Ni ustedes se creen semejantes bolazos. Un día de éstos me van a venir con que hay un perro cruzado con diablo y que toca la guitarra.
– A propósito -señaló su compadre Florencio Cáceres-, tengo un perro que no toca la guitarra, pero ladra y aúlla de lindo… Si hasta parece que canta.
Las ingeniosas intromisiones amenizaban la rueda del mate interminable.-
Por los espacios que separaban el rancherío aledaño transitaba la imagen espectral de Doña Encarnación, una mujer tan vieja que nadie podía precisar su edad. Encorvada y con un cuerpo pequeño, tenía una larga cabellera de canas ahumadas que ataba en un precario rodete Su rostro apergaminado por los años, fríos, soles y sufrimientos, period simétricamente rugoso ya que los pliegues de un lado se repetían, como en un espejo, del otro lado. Una boca sin dientes generaba un gesto casi grotesco cuando intentaba masticar con sus encías vacías.-
La anciana solía mostrar hojas de palán-palán pegadas con saliva en sus sienes para aliviar el dolor de cabeza, según decía. Una de las virtudes que se le atribuían a Doña Encarnación period la de calmar el dolor de oídos de los niños soplando en ellos el humo de unos olorosos cigarros siempre encendidos y colgados en una de las comisuras de su boca.-
Vivía en un ranchito ladeado por los vientos y las lluvias y se la veía todas las tardes sentada en una destartalada silla de madera junto a su ollita pailera cocinando un guiso espeso elaborado con lo que generosamente le acercaban los vecinos. Algunas veces le llevaban los elementos necesarios para unas sabrosas tortas fritas que motivaban armar en su patio una rueda de mate donde se contaban historias de todo tipo.-
Doña Encarnación period respetuosa, de buena memoria y diálogo coherente. Hablaba con términos y modismos propios de los parajes camperos del litoral a la vez que intercalaba expresiones en guaraní, el musical idioma de sus ancestros, dándoles con ambas particularidades un toque simpático.-
En ciertas ocasiones se tocaba un tema sobre el que la anciana tenía un especial interés y buena memoria: La guerra contra el Paraguay.-
Sus relatos quedaron en la mente infantil de Ariel grabados como si se hubieran extraídos del mejor libro. A medida que transcurrían las narraciones de esas historias el niño cerraba los ojos y se veía protagonizando cada episodio mientras éstos avanzaban.-
– Ricuerdo -contaba la anciana, levantando al cielo sus ojos agrisados por las cataratas- que el asunto con el Paraguay venía medio preparado desde tiempo atrás porque en las norteaméricas se había armado una guerra y los cambá, que eran esclavos y se usaban en las plantaciones de algodón, no sembraban ni cosechaban porque se peleaba en todos lados. Así que los ingleses, que entonces manejaban el asunto de las telas en todo el mundo y compraban el algodón en el norte, buscaban tener gobiernos amigos que los dejaran armar sus negocios por acá y para eso metían la cuchara tratando de hacer pelear a pueblos que vivían tranquilos. Y lo consiguieron.
– ¿Y cómo lo sabe usted?
– Eso me solía contar el finao de mi marido, que period paraguayo. Buen caraí, buen hombre, muy leído y con muchos amigos que le contaban sobre la política y esas cosas.
– Es cierto -agregó en una ocasión Arístides Funes, tomando la palabra-. Fueron cinco años, desde mil ochocientos sesenta y cinco al setenta, donde cuatro pueblos sembraron de muertos los campos de batalla para que otros se llevaran los resultados. Paraguay quedó casi sin hombres y perdió las mejores tierras.
– ¿Y que tenían que ver los ingleses? -preguntó un vecino sumado a la rueda-.
– Verá usted. Por esos años el Imperio Británico comprendía gran parte de los territorios de cada continente, con enormes poblaciones, diversas religiones, distintos idiomas, todos con variedad de productos proveyendo su comercio donde los textiles eran de los primordiales. Usted habrá visto que todavía en la ciudad se habla de casimires ingleses como si se tratara de oro en polvo.
– Así es.
– Y la guerra civil en Estados Unidos le cortó los suministros de algodón y cereales. Así que los gringos salieron a ver dónde podían establecer actividades que reemplazaran ese faltante.
– Y nos echaron el ojo.
– Ya antes lo habían hecho. No se olvide de las dos invasiones a principios del siglo pasado.
– Cierto. Pero los vencimos y echamos. Se quedaron con las ganas.
– ¿Los vencimos…? ¿Está seguro, mi amigo…? Hay mucho para decir al respecto, pero esa es otra historia.
«Como les decía, la guerra los dejó sin algodón entre otras cosas y eso era muy peligroso para su economía, así que sin perder tiempo salieron a buscar otros algodonales. Se habían dado cuenta que no podían depender de un solo proveedor por más que se terminara la guerra civil allá en Norteamérica. Así que buscaron tierras aptas para la agricultura y, de paso, para la ganadería. Nada mejor se podría encontrar que nuestras pampas, ya debidamente evaluadas antes, más los territorios de nuestro litoral y los paraguayos.»
– ¿Y cómo se llegó a la guerra?
– Verá usted. Las cosas empiezan más menos cuando gobernaba en Paraguay Gaspar Rodríguez de Francia, que se hizo nombrar Dictador Perpetuo.
– Así no más.
– Exacto. Este hombre muy violento había cerrado la economía del Paraguay y monopolizado el comercio exterior, así que todo pasaba por sus manos. Lo sucedió Carlos Antonio López que siguió con ferocidad esa práctica política y económica. Nacionalizó los yerbatales y los bosques, prohibió a los extranjeros la tenencia de tierras, puso una fundición en Ibicuy para tratar el mineral de hierro de Caacupé y San Miguel. También les quitó las tierras a las comunidades indígenas y las disolvió. Fabricó barcos, armas, papel, pólvora, lozas, cal, extrajo salitre y plantó algodón, siempre bajo su mano dura.
– ¿Era de mal carácter?
– Era feroz, como dije. Aunque todo period del gobierno lo consideraba como propio, así que administraba las cosas a su antojo y no permitía la menor crítica. A tal punto period dictador que dejó como sucesor a su hijo Francisco Solano López. Nada de averiguar la opinión de la población de algunos en particular. Consideraban los López que los únicos capaces para gobernar eran ellos. Los demás eran brutos y peligrosos.
– Y la cosa habrá cambiado.
– Según como se mire. En cuanto a industrias, López comenzó a fabricar papel con fibra de caraguatá y algodón, introdujo maquinarias agrícolas como las desmotadoras norteamericanas, expandió el algodón, la yerba mate y el tabaco. Eso sí, el despotismo y el terror siguieron manejando la sociedad y el hijo resultó más feroz que el padre.
– Lástima.
Doña Encarnación escuchaba y asentía en silencio. Ariel guardaba palabra por palabra en su memoria, por más que se tratara de una historia ya conocida.-
– Pero no solo los ingleses hacía tiempo querían poner pie en los algodonales paraguayos, lo que no lograban por la forma en que López manejaba las cosas, sino que Brasil también quería una parte de las tierras guaraníes, con apoyo diplomático y económico de los ingleses, muy interesados por supuesto. Como había problemas de límites sin resolver, en los años cincuenta los brasileros levantaron un fortín en Fecho de Morros, siendo desalojado por las tropas paraguayas.
«Pidieron entonces un tratado que abriera el comercio y la libre navegación del río Paraguay desde el Paraná y que cruzaba por el medio del territorio paraguayo, para llegar al Matto Grosso donde había aparecido oro, pero Don López padre dijo que primero se tenían que arreglar los asunto de las fronteras.»
– Puntos de vista totalmente distintos.
– Así se fueron complicando las cosas. Tanto que López expulsa al representante del Brasil, un tal Pereira Leal. Para colmo lo del fortín no había calmado a los brasileros, así que mandaron levantar otro en Salinas. El viejo López los volvió a sacar. Brasil comenzó a armarse y Paraguay lo mismo.
«El dictador compró barcos de guerra, fabricó otros y también señaló su temor que Uruguay pasara a ser controlado por Brasil Argentina siendo que su territorio dominaba el acceso al río Paraná. De paso López también quería expandir su influencia fuera de las fronteras, y el Uruguay period terreno propicio por tamaño y ubicación. Pícaro el viejito.»
– Pero eso no explica la guerra.
– No. Lo que pasó es que Brasil envió una flota poderosa bien armada hasta las puertas de Asunción. Allí López dejó entrar a sus aguas solo un barco y a la vez convocó a todos los hombres útiles para que con las armas que consiguieran, así fueran hondas lanzas, acudieran a las costas, por las dudas hubiera una invasión.
– Despareja la cosa. ¿Y desembarcaron?
– No. Al closing se llegó a un acuerdo de amistad, comercio y navegación, sujeto a que antes se arregle el asunto de los límites. Por otro lado los brasileros firmaron con Argentina y Uruguay un pacto para libre navegación de los ríos exigiendo a Paraguay que se sumara, liberando el paso hacia el Matto Grosso.
– ¿Y lo firmó?
– Claro, si el país estaba solo. Así que Brasil puso un servicio de vapores hasta Cuyaba. Pero seguía con la sangre en el ojo por el asunto de los fortines, así que levantó otros en Dourados y Miranda.
– Tercos los muchachos.
– Exacto. Y Paraguay, donde ya mandaba López hijo, protestó y en represalia ocupó los territorios del Matto Grosso a la vez que proclamó su apoyo al presidente Bernardo Berro que gobernaba el Uruguay y al que estaba queriendo voltear un tal Venancio Flores, apadrinado desde la Argentina por Bartolomé Mitre. López rompió relaciones con el Brasil y capturó el vapor Marqués de Olinda” poniendo preso al gobernador de Matto Grosso, don Carneiro de Campos.-
«Sospechando las intenciones de López don Justo José de Urquiza, que tenía buenas relaciones con el paraguayo y era en ese entonces jefe máximo de las milicias entrerrianas, envió al physician Julio Victorica para que tratara de evitar que López atacara al Brasil por tierra argentina. El emisario volvió señalando que el ataque estaba decidido y era inminente. Así fue, pues López pidió autorización a Mitre para pasar por Corrientes y se le negó el permiso por lo que invadió la provincia capturando los buques Gualeguay” y Veinticinco de Mayo”, pasando a degüello a todos los tripulantes.»
– Así no más.
– Y así de easy. Entonces Argentina, Brasil y Uruguay firmaron lo que se llamó Tratado de la Triple Alianza declarando como objetivo concreto y directo suprimir el Paraguay y repartir su territorio, donde a la Argentina le tocaban las tres cuartas partes. Y la guerra se instaló por cinco años. Terminó cuando López murió peleando en Cerro Corá. El Paraguay perdió sus industrias y parte de su territorio que se repartió entre Argentina y Brasil aunque no en la totalidad y proporciones planeadas ya que para estos lados quedó lo que ahora es la provincia de Formosa y para los brasileros un territorio similar en el noreste.
Doña Encarnación escuchaba en silencio sin ocultar las lágrimas que se deslizaban por sus arrugadas mejillas y apartaba con sus manos sarmentosas.-
– Y usted doñita…. ¿cuántos años tenía para entonces? -preguntó Ariel-.
– M´hijo, ya ni me acuerdo. Era, eso sí, una linda guaina, bastante cuñataí, conversadora que dicen, así que me tenían que hacer callar a cada rato. Pa´ cuando Don López invadió Corrientes yo tenía ya dos hijos. El más grande andaba changando por Nogoyá en Entre Ríos.
– Dura la guerra, seguro.
– Los correntinos y los paraguayos fuimos siempre hermanos porque descendemos de los indios guaraníes y los cainguás. Así que pa´ los de Güenos Aires se les complicaban las cosas. Lo mesmo pasaba con los entrerrianos. Contaba m´hijo que Urquiza tenía como tres mil carais nogoyaceros y victorianos cerca del arroyo Basualdo allá por el mes de julio de ese año en que empezó la pelea, y cuando se anoticiaron que se los mandaba pa´ la guerra se le desbandaron metiéndose en el carandaila, que es un monte espeso de palmera carandaí, lo aclaro antes que pregunten.
– Tan luego a Urquiza le desertaron.
– Ansina. Y se lo hicieron dos veces.
– ¿Dos veces le desertaron a Don Justo José, con el miedo que provocaba?
– Tal como lo escucha. La otra fue ahicito nomás en noviembre que se le juyeron los que tenía acampados en Toledo. Y debo aclarar que no era por miedo a pelear sino porque fuera de Güenos Aires la guerra se pensaba injusta, más allá que Don López era merciless, como su padre. Pa´ nosotros, pelear con los paraguayos era imposible de entender. Lo mesmo que para los entrerrianos. Mi compadre Segundo Duarte contaba tiempo dispué que por el mesmo asunto hubo muchas sublevaciones en otras provincias, como en Córdoba, La Rioja y San Luis donde fusilaron a un tal Juan de la Rosa Quiroga. Hasta hubo correntinos peleando al lado de los paraguayos, como pasó con más de quinientos que los ayudaron a entrar en Yaguareté-Corá.
– Permítanme una aclaración -pidió Ariel-. Sin cuestionar las razones afectivas que cube Doña Encarnación debo comentar que un tío de mi padre era oficial de Urquiza y contó sobre esas deserciones. Explicó que en Basualdo y Toledo se dispersaron las tropas como resultados de una intriga encabezada por Ricardo López Jordán y otros secuaces, algo que después se probó al encontrarse una carta del conspirador dirigida a López dos días antes de la guerra diciéndole que había decidido no sumarse al ejército paraguayo sino quedarse con Urquiza para hacer de obstáculo a sus planes.
– Pero eso es traición…
– Y así se hacen las cosas en la guerra. Siempre hay quienes juegan para los dos lados.
– ¿Y su hijo, doñita, el que andaba por Entre Ríos? -preguntó un impaciente-.
– Se escondía, junto con otros que estaban en lo mesmo, porque les habían encargado a los jueces de paz que los cazaran en el monte y los mandaran a pelear. Se metían en los aguaipei, que son unas lagunas grandes, con el agua al pecho pa´ no dejar marcas. Les dio ayuda una cuñacaraí, una vieja, la que tenía un rancho dentro de un curupaití, un monte muy tupido donde había bichos de toda laya, algún guasu, que es un ciervo de los pantanos, pa´ cazar y comer y alguna víbora curiyú a la que hay que mirarla de lejos ya que solo verla tan enorme te hace temblar las coyunturas. Cuando pasó todo volvió al pago. Estaba flaco, muy flaco….pobrecito. Murió poco después sin recuperarse.
– ¿Pero un guasú no es algo muy grande?
– No. Solo suenan parecido. Guasu es ciervo y guasú, con acento, es grande.
– No nos apartemos del tema -señaló Florencio-. ¿Qué fue de su marido?
– Después que López invadiera Corrientes se fue al Paraguay en cuanto pudo. Murió peleando contra los brasileros en la isla Carayá. ¡Acaí!, Dios mío, cuánto daño hacen a todos las guerras.
Y así seguían las historias de esa sangrienta campaña nunca bien explicada por razones que no hacía falta averiguar mucho.-
Mientras tanto allá lejos, del otro lado del océano, se había peleado otra guerra. Una guerra terrible porque parecía que la humanidad no podía vivir en paz por mucho tiempo.-
– A esa guerra la han llamado algunos La gran guerra” como si la cantidad de destrucción y muerte dieran méritos de grandeza -señaló Arístides en la rueda de amigos-.
Las noticias, fragmentadas y esporádicas, indicaban sangre y dolor por todos lados. Tierras devastadas, poblaciones destruidas y grandes multitudes errantes huyendo por cualquier medio. De esas muchedumbres, terminado el fuego, surgieron contingentes que se embarcaban con rumbo a América. Gran parte de ellos se orientaron hacia las provincias del Litoral que fueron lugar de asentamiento de muchas familias lo que restaba de ellas.-
Ariel miraba con curiosidad a los inmigrantes de rostros flacos, ojos enormes y hundidos en calaveras apenas cubiertas de piel ajada con hilachas de barba, gestos de temor, hablando lenguajes que casi nadie entendía. Buscaban un trabajo, cualquier trabajo, para dar algo de comida a chiquilines que se escondían detrás de las largas faldas de sus madres, cuando las tenían, ya que en gran número los recién llegados traían despojos de lo que alguna vez fue una familia.-
En los fogones que se armaban en casa de Arístides se escuchaban relatos que a veces ayudaba a deducir algún entendido del otro idioma. Se contaban historias de peleas cuerpo a cuerpo en las trincheras y de pulmones destrozados por los gases provocando una muerte atroz. Asombraban los relatos de un alemán de nombre Helmut y apellido irrepetible.-
– Cuando pasaba la lucha quedaban las trincheras con muchos muertos de los dos lados -explicaba con dificultad en la pronunciación pero con buen manejo de las palabras- y entonces buscábamos a los franceses para revisarlos. Siempre se les encontraban cosas valiosas.
– ¿Dinero, relojes, anillos? -inquirió una vez Ariel-.
– No. Pan, comida…De nada sirven las joyas el dinero si no hay qué comer. Así que muchas veces, hasta peleando entre nosotros, los revisábamos y sacábamos de sus ropas los trozos de pan duro. Los golpeábamos contra el suelo para que se cayeran los piojos y los comíamos de dos bocados. A los franceses los mantenían bien pertrechados de comida, en cambio a nosotros nos mandaban a pelear con pocos víveres. Tal vez pensaban que period un gasto inútil, si total íbamos a morir, digo….
– Habría algunos animales frutos en el campo, supongo.
– Nada. Todo lo aprovechable ya había sido consumido. A tal extremo llegaba el hambre que unos soldados, algunos de mi mismo pueblo, hirvieron los correajes y se los comieron. Como los cueros desprendieron los productos químicos del curtido se murieron entre dolores atroces y vómitos de sangre.
Ya no eran historias de aparecidos sino de seres reales, de carne y huesos, de los que casi quedaban solo estos últimos, ya que la carne se perdía consumida por el hambre y la lucha.-
De esas reuniones alrededor del fogón en las que fue testigo silencioso y atento, como corresponde a un oyente pre adolescente, Ariel Funes aprendió y conservó la costumbre de terminar las tertulias con largas conversaciones tocando temas importantes para todos al menos que dejaran alguna enseñanza. Ya mayor, su convocatoria sería nutrida en sabidurías.-
Los cambios de situación para nada promisorios y las claras penurias de las víctimas de los desencuentros humanos llevaron tiempo después a Arístides a desprenderse del almacén y buscar mejores condiciones de vida en Entre Ríos, preocupado por la posible desocupación. Un frigorífico inglés presentaba una posibilidad muy firme de trabajo.-
La despedida con los amigos no fue fácil. Hubo abrazos interminables, miles de recomendaciones, regalos diversos entre los que se destacaba un mate forrado con escroto de toro bien curtido y un cuchillo de mango trabajado en cuerno de buey.-
– Yo también estoy a punto de marcharme -anunció Florencio Cáceres, compadre de Arístides-.
– ¿Y para dónde piensa rumbear, cumpa?
– Para el lado del frente, en el chaco santafesino. Dicen que ahí cada vez se trabaja más en la explotación del quebracho, así que creo poder conseguir algo mejor que lo que tenemos por acá.
Y fueron Arístides Funes y su hijo ya adolescente hacia el nuevo destino que les marcaba la necesidad.-
Unas cajas bien atadas, unas valijas de cartón y mucha osadía eran el equipaje con el que salieron a enfrentar lo desconocido.-
El viejo colectivo armado sobre chasis de camión trajinaba el camino de tierra que unía las provincias de Corrientes y Entre Ríos. La carrocería de chapas remachadas y mal pintadas terminaba en un techo con una plataforma de madera bordeada por una valla de caños y allí se acomodaban las maletas atándolas con piolas y cubriéndolas, a veces, con una lona no carente de agujeros. Adentro unos asientos artesanales permitían viajar sentado a los más afortunados mientras que los que soportaban el trayecto de pie tenían que acompañar los vaivenes que el camino imprimía al vetusto armatoste cuyo motor delante del conductor dejaba escapar nubes de vapor en los días calurosos. Más que un viaje, trasladarse en semejante cachivache era toda una aventura que por lo normal se matizaba con detenciones por roturas en el motor, pinchazos en las gomas, animales sueltos en arreos. Por los vidrios sucios laterales se podía a veces observar el paisaje monótono de los montes de espinillos con algunos animales silvestres mirando con curiosidad el ruidoso paso de los viajeros.-
Siguiendo las indicaciones del conductor bajaron en un apeadero cerca de un puente y desde allí se encaminaron por un camino secundario que nada tenía que envidiar del principal en cuanto a pozos, guadales y paisajes.-
Cargando cada uno un par de bultos caminaron cerca de quince kilómetros con algunas detenciones para recuperar resuello arribando a lo que semejaba una entrada del pueblo cuando el sol ya estaba comenzando a bajar.-
Un policía de gesto severo, acompañado por un personaje de guardapolvo marrón terroso y gorra con visera, detuvo la marcha sin abrir la tranquera:
– ¿Pa´ dónde van? -preguntó como si hubiera muchos destinos para elegir.-
– Quiero presentarme en busca de trabajo en el frigorífico -respondió Arístides-.
El del guardapolvo los observó en silencio tocando unos gruesos bigotes impregnados de polvillo. Con un silencioso gesto de conocedor le hizo franquear el paso al policía y señalando una calle que period de suponerse la principal les indicó:
– Sigan por ahí y van a encontrar la fábrica. En la guardia los van a atender.
Arístides y Ariel no habían visto nunca un pueblo erigido como parte de una fábrica. Conocían industrias anexadas a poblaciones ya establecidas pero ni imaginaron algo como lo que estaban observando mientras caminaban siguiendo el rumbo indicado.-
Casas iguales, en un solo tipo de construcción monótono y sin estilo, con techos de chapas acanaladas pintadas de rojo y a dos aguas, espacio al frente para jardín con algún árbol autóctono, puerta al medio y dos ventanas laterales. Recorrieron cuadras y cuadras observando solo el aburrido diseño. Evidentemente no se podían cambiar las apariencias ya que, como period de suponer, todo pertenecía al frigorífico.-
Para alivio de sus cansados cuerpos el tramo ultimate era una pronunciada bajada que recorrieron poco menos que rodando ya que las piernas casi no les respondían.-
Un amplio portón de hierro jalonaba el final de una larga construcción a cuyo frente se erigía un cerco de madera. Por allí se encaminaban las reses desembarcadas en el puerto donde las chatas corrales traían los animales desde la costa santafesina. Era también el lugar de acceso de los obreros que pasaban por andariveles donde retiraban sus identificaciones consistentes en un disco de bronce llamados chapas” con su número interno mientras un empleado registraba la hora de ingreso. Más tarde supo que el sector se llamaba Chapería. No podía ser de otro modo.-
Todo lo pudo elaborar Arístides mientras esperaba y observaba. Ya se había presentado al guardia de la puerta que le indicó que quedaran fuera. Ariel permanecía silencioso e intrigado. Era un cambio de vida desconcertante.-
Apareció el guardia.-
– Pasen -dijo mientras abría el portón e indicaba con la mano una galería con varias puertas-.
De una de ellas salió un hombre calvo, barrigón, con una sonrisa de dientes desparejos ostensiblemente cínica, que le indicó a Arístides que ingresara. Ariel, respetuoso, quedó afuera y se sentó en un banco de madera debajo de una ventana por la que se dejaba escuchar lo conversado en el interior.-
El calvo se dirigió al visitante, le ofreció asiento y le tendió la mano.-
– Mucho gusto. Soy Benicio Acosta, capataz de esta sección. Se llama Oficina de Serenos. ¿Usted es….?
– Arístides Funes. Vengo de la zona de Corrientes en busca de trabajo. Me dijeron que aquí podría encontrar algo. El muchacho es mi hijo Ariel.-
Benicio sacó una libreta y comenzó a anotar. Preguntó datos personales que podrían haber armado un prontuario. Puso especial interés en su educación, redacción, y sobre todo evaluó su cuidadosa dicción y seguridad. Arístides era, sin dudarlo, un interlocutor interesante, respetable y competente. No abundaban en ese lugar.-
Se retiró a otro sector y después de un largo rato volvió acompañado de un personaje de ropaje oscuro, alto, delgado, de tez casi negra, cabello ensortijado y anteojos con grueso marco de carey.-
Le tendió la mano sin reducir la severidad de su rostro.-
– Mucho gusto. Soy Sebastián Mereles, el jefe de la guardia. El señor Acosta me habló de usted y pide se lo ingrese como ayudante suyo, algo que buena falta nos hace. Si está de acuerdo comienza mañana. Ahí hablaremos de sueldo y demás cosas.
– Por supuesto que estoy de acuerdo. Solo quisiera que me indique cómo buscar donde dormir pues estoy acompañado por mi hijo.
– De eso se encargará Acosta. Esta noche dormirán en la Casa de Empleados y mañana se le asignará a usted una casa en el pueblo.
Cuando salió, Arístides no lo podía creer. Eufórico, buscó a Ariel y ambos marcharon detrás de Acosta hacia el dormitorio de esa noche.-
Así empezó el episodio frigorífico de padre e hijo.-
Temprano, al día siguiente ambos estaban en la Oficina de Serenos, con sus enseres listos y rápidamente fueron conducidos a una sencilla vivienda de las que habían visto en su primera caminata.-
Arístides retornó rápido a la oficina, donde recibió información e instrucciones generales sobre papelería, controles y otros menesteres.-
Ariel quedó abocado a acomodar las pertenencias ya que la vivienda tenía muebles y vajilla.-
El flamante empleado fue presentado a los guardias de todos los portones, a los chaperos y a los empleados de las oficinas encargadas del private donde llenó papeles que desconocía y le dieron un número de identificación: 1419 y un cargo que lo jerarquizaba y, además, justificaba la asignación de vivienda: Supervisor.-
En los días siguientes, mientras se dedicaba a las tareas de la oficina, largas conversaciones con Acosta lo fueron informando de cosas más interesantes que el Libro
de Guardia y las boletas de entrada y salida de materiales.-
La Sección Serenos y Vigilancia, así era su designación formal, estaba formada por un rudo grupo de hombres de confianza no oriundos de la zona, encargados de cuidar el perímetro y el orden interno de la planta.-
– El jefe es siempre un comisario ya retirado de la comisaría local -le contó Acosta en voz baja- porque tiene experiencia, conoce a la gente y sus secretos íntimos, lo que siempre es de utilidad en algún momento, y sobre todo no le esquiva el bulto si hay que hacer frente a uno que se las dé de guapo.
«Vea Arístides -continuó-, por aquí pasan todas las novedades de la fábrica. Nada se mueve, sale entra sin nuestro management. La disciplina también es de nuestra responsabilidad, mientras que la organización del trabajo de adentro depende de los capataces, que algunas veces son peones ascendidos, de manera que no hay que confiarse mucho de su autoridad y fidelidad.»
Desarrollaba su tarea rutinaria en un robusto escritorio ubicado al medio de una oficina cercana al portón principal. Asentaba todo lo vinculado al movimiento de las cargas, remitos, cartas de porte, and many others. y también el Registro de Disciplina.-
Cuando comentó este detalle a su hijo, recibió una pregunta inevitable.-
– ¿Cómo funciona eso de registrar la disciplina?
– Se trata de una lista negra donde figuran todos los despedidos por distintas causas. Es una libreta con abecedario que más que un registro es una muestra completa de la forma de trabajo. Si figuras ahí no tienes derecho ni a acercarte a la puerta, lo que pasa pocas veces porque el despedido se va del pueblo, por las buenas por las otras, como cube el jefe. Hijo, realmente me disgusta la forma de manejo de la gente. Agradezco tener el trabajo pero no me enceguezco ante una realidad que parece sacada de un libro de ficción.-
Con cotidianas conversaciones de sobremesa, el padre fue transmitiendo al hijo todo lo que iba conociendo del enorme establecimiento. Desde su historia hasta las actividades de la producción.-
Desfilaron así los nombres de los primitivos propietarios y los avatares comerciales que culminaron con la propiedad en manos de los poderosos hijos de la rubia Albión, nombre dado por el poeta Fausto Avieno en el Siglo IV al territorio que luego sería Bretaña, según palabras de Arístides.-
Con su private simpatía, el hombre formó pronto un círculo de amigos y, consecuentemente, florecieron las mateadas atardecidas.-
Se recordaban en las reuniones las sucesivas compras del primitivo saladero y la industria que ya el Basic Justo José de Urquiza había instalado con un establecimiento llamado Santa Cándida” que exportaba a Europa y Estados Unidos, como así también la introducción en el mercado mundial de alimentos del extracto de carnes desarrollado por el químico alemán von Liebig y que se fabricaba prolijamente en el frigorífico y en otro que llevaba su nombre sobre la costa del río Uruguay.-
Nacida alrededor de ese saladero que con el tiempo fue creciendo hasta terminar en manos de los inversores ingleses que buscaban proveerse de alimentos desde establecimientos propios, la pequeña población donde recalaron los Funes period una muestra del sistema de instalación de industrias determinado por los compradores extranjeros.-
Se asignaban las viviendas a los empleados de cierto nivel y con familia. A los solteros se los alojaba en una especie de pensión llamada Casa de Empleados y a los de escasa nula jerarquía se los ubicaba en construcciones colectivas llamados, generosamente, Cuarteles.-
La mayoría de los obreros, todos jornaleros, vivía en ranchos precarios fuera de los límites formales del pueblo pero siempre dentro de tierras propiedad del patrón. Algunos lo hacían a la orilla del río que les proveía agua y pesca. Muchos eran descendientes de los abipones llegados de la selva chaqueña huyendo del exterminio dispuesto por Francisco Antonio Múgica. Estos sufridos guaycurúes, también conocidos como pueblo mbayá, legaron a sus hijos y nietos lo único que tenían: resignación y penas.-
Correo, policía, escuelas, iglesia, hospital, todo estaba dentro de la jurisdicción de la empresa. Y de su autoridad suprema, por supuesto. Hasta para hacer una reunión de cumpleaños era necesario solicitar el permiso correspondiente.-
El agua, la electricidad, las reparaciones, el mantenimiento y la iluminación mínima y precaria de las calles de tierra que se transformaban en fangales en tiempos de lluvias, eran suministrados por la empresa.-
Un gran almacén de ramos generales llamado acertadamente Casa de Negocios proveía de todo lo necesario para la alimentación, el vestido y demás menesteres, en su mayoría productos de origen británico y al precio fijado por el dueño de todo. Instalar un negocio significaba una grave ofensa que se pagaba con el despido y consecuente expulsión de la vivienda, si tenía asignada. Y si no la tenía era igual ya que al cerrársele las puertas del único trabajo permitido, el castigado no tenía otra opción más que emigrar.-
– Me cuesta creer que por tener un rebusque vendiendo algunas cosas lo echen a un pobre tipo -objetó Ariel cuando se enteró de esa particularidad.
– Sin embargo en el Registro de Disciplina dice que a un tal Martín Gómez se lo ha despedido por tener una casa de almacén y otras chucherías y bebidas”.
– Pero hace unos días he visto un vendedor ambulante con unas valijas.
– Seguro es el Turco Salomón. Es muy audaz y eso lo hace simpático entre la gente.
– ¿Cómo hace?
– Como sabes, los accesos al pueblo están vigilados, de manera que hay un control sobre quienes entran y salen. El Turco Salomón llega subrepticiamente todos los meses bordeando el río apenas clarea el día cargando, como habrás visto, con dos enormes valijas atadas con fuertes cintos de cuero y reforzados por sogas, donde se pueden encontrar ropas livianas, telas, elementos para costuras, adornos de fantasía, algún cosmético, más todo lo encargado en la visita del mes anterior.-
– ¿Y nadie le dice algo?
– Hay bastante tolerancia con él, dada la amistad que ha generado. Hasta les vende a las mujeres de algunos jefes. Pero con la policía se le hace difícil, según el oficial de turno. Cuando lo sorprenden los vigilantes, de absoluta obediencia a las órdenes de la administración, es automáticamente expulsado, previo decomiso de parte de la carga de las valijas en beneficio de los agentes despectivamente llamados, por lo bajo y en confianza, los milicos”. Aunque el término se aplica a los soldados de la milicia, la extensión de su alcance a la policía no merece objeciones, tal vez porque su accionar period más cuartelero que policial, sobre todo cuando algún bochinche entorpece el descanso.
En una acción audaz, movida por una resistencia interna a la forma como se trataba a la gente, Arístides retiró uno de los registros algo destartalado ya reemplazado por otro en mejores condiciones.-
– ¿No se darán cuenta, padre?
– No, hijo. Todos los serenos conocen de memoria quienes fueron despedidos así que no lo consultan nunca. Además esos infelices no vuelven más, ya que saben que es inútil. Simplemente juntan sus cosas y se van. Nadie sabe a dónde.
Y Ariel leyó hoja por hoja esa antología de la arbitrariedad plagada de faltas ortográficas. Como la policía tenía el management de la ciudad tanto como los serenos lo tenían de la fábrica, con rondines y otros menesteres que aseguraran el orden, muchos despidos del registro señalaban como motivo tan solo …por orden de la policía”.-
Un barrio exclusivo, cercado y con vigilancia permanente en los accesos, contenía grandes mansiones, de enormes jardines siempre cubiertos con flores de todo tipo que deslumbraban a quienes podían, tocados por la fortuna y el permiso, pasar por sus calles por algún motivo muy justificado. Allí vivían los jefes con todos los servicios, incluyendo jardineros, sin costo alguno para ellos.-
Por encima de esas mansiones había una que superaba a todas en belleza, jardines y cuidados. Sin ocupantes a la vista, solo tenía en forma permanente el personal de servicio siempre preparado para atender a quienes llegaran.-
Jardineros, cocineras, mucamas, mayordomo, todos impecablemente vestidos limpiaban, ordenaban, volvían a limpiar y ordenar, esperando que arribara alguien importante y sin aviso previo.-
– ¿Y quienes son los afortunados ocupantes de semejante palacio? -preguntó Ariel la primera vez que pasó cerca acompañado por su padre-.
– Pues el Administrador Basic que maneja absolutamente todo desde Buenos Aires y por sobre él y los demás mortales solo están los duques, marqueses y condes que con títulos de Lord son dueños de empresas similares diseminadas por el mundo -fue la respuesta-.
– Tan importante es la gente que viene.
– Si, hijo. Hasta un heredero de la corona, que se dice también es uno de los dueños, se hospedó ahí. El ojo del amo engorda las arcas ya que el ganado viene engordado de antes.
Completaban el barrio un lujoso club exclusivo con canchas de tenis y golf también exclusivas.-
Atendiendo la curiosidad de Ariel, Arístides lo llevó de recorrida por la planta, interiorizándolo de los principales pasos que se seguían en el proceso.-
En un gran muelle de madera recalaban los barcos con los que se trasladaba la mercadería al puerto de Buenos Aires. Cajones con extractos de carne, conservas enlatadas, más cueros, bolsas de harinas animales diversas, huesos, grasa refinada, barriles con sebo y muchos otros productos eran portados hasta el muelle por chatas sobre rieles tiradas por mulas a las que se estaban reemplazando paulatinamente con tractores. Los transportes internos y de leña desde los montes para las calderas y fábrica de gasoline pobre eran movidos por bueyes.-
El río proveía un sistema de transporte mucho más voluminoso, seguro, rápido y eficiente que los caminos de tierra y también facilitaba el suministro de ganado de las estancias ubicadas en la otra orilla del río Paraná, para lo que se utilizaban lanchones y barcos con corrales donde se les cargaba un centenar más de animales por viaje, los que eran permanentes ya que se faenaban poco menos de un millar de cabezas todos los días. También se criaban animales en estancias propias aledañas desde donde los enviaban mediante arreos que levantaban altas nubes de polvo visibles desde grandes distancias. Los gritos de los arrieros retumbaban en los bajos montes de espinillos que bordeaban los senderos, espantando bandabas de aves silvestres. Los montes daban la leña y los pobladores, oriundos y foráneos, aportaban las habilidades en el manejo del cuchillo y la obediencia casi sumisa a los mandantes.-
Los animales llegados por el río eran conducidos desde un desembarcadero hasta los corrales por callejones bordeados con tablones y a los que llamaban mangas. Desde esos apriscos, previo descanso, eran llevados pasando por un piletón donde caían sorpresivamente y se sumergían, lavando su cuero y desprendiendo los parásitos. Allí el vacuno pasaba a los cajones de volteo donde era aprisionado e inmovilizado y un certero y violento golpe propinado con una pesada maza de hierro en el testuz le daba muerte inmediata, casi siempre. A veces se necesitaban dos golpes. Un lateral del cajón se levantaba y el cuerpo caía por desnivel hasta un recuadro de piso enrejado donde se lo levantaba colgando de una pata y con hábil corte de afilada cuchilla el degollador seccionada su cuello que sangraba mientras la res period llevada hasta la playa de desuello y colocada en un catre de madera, de los que había varios, donde con destrezas pocas veces vistas los cuchillos afilados como navajas separaban el cuero velozmente y sin dañarlo. Seguían luego las tareas de eviscerado y trozado en medias reses. En etapas posteriores desarrolladas en otros sectores estaban el deshuesado y procesamiento según destinos.-
Había una competencia interna en el sector de matanza por ver quien period más rápido, preciso y limpio en el desollado de los animales. Todos recordaban la leyenda de Sixto Ayala que se decía concurría a trabajar con camisa blanca almidonada y se retiraba mostrando orgulloso su casi impecable vestimenta.-
– Las condiciones son duras con los que critican la forma de trabajar -aclaró un día Arístides a su hijo-. Una de las faltas más graves es la de sindicalizarse. Hay una lejana federación que intenta agrupar a los obreros de los frigoríficos en todo el país y para contener su avance no se vacila en los despidos, indicando abiertamente el motivo, para que su trascendencia desaliente a posibles imitadores.
Respaldando los dichos le mostró las razones desvinculantes como delegado federación”, protestador federación”, propagandista federación”, revoltoso federación”, agitador”, que abundaban en el registro.-
Los reclamos u observaciones por algunas condiciones propias de la tarea indicaban un incipiente y peligroso intento de liderazgo. Así, en el despido de Gregorio Blanco se leía Por no estar conforme con el sueldo y murmurar entre los demás peones”. A Sebastián Bogado se lo expulsa por querer ponerse de acuerdo con sus compañeros y parar el trabajo”. Más simple, pero igualmente contundente, period argumentar por no estar conforme con el reglamento”, como figuraba en el caso de Pedro Díaz.
– Ese reglamento, ¿se puede conseguir?
– Imposible, hijo. Simplemente es la voluntad del jefe y el criterio, casi siempre escaso, del capataz. Dicen que tampoco es práctico contar con un reglamento impreso por cuanto la mayoría de obreros es de poca nula formación escolar para entenderlo simplemente leerlo.-
Repasando en una siesta el registro, leyó Ariel esbozando una sonrisa algunos casos de despidos impactantes como el de Agustín Franco, recordado en las ruedas materas como Agüicho, a quien imputaban …entrar a la casa del señor Moffat sin permiso para dormir con la sirbienta”.-
Y así fueron pasando ante sus ojos las hojas donde figuraban casos que resultaban penosos, por encima de lo risueño del motivo y la ortografía Se encontraban despidos por idiota”, retar a un sereno”, orden del señor Kent”, incorregible”, aragán”, mal contestador”, sospecha de hurto”, espantar el carro de mulas”, descuidar los bueyes y hacer romper una guampa a uno de ellos”, incompetente y revoltoso”, pelear con la policía”, orden de la policía, le pegó a la mujer”, bochinchero”, fallador y delicado”, por desorden en la población”, rapterías”, faltar el respecto” y seguían motivos de los más insólitos a través de las hojas amarillentas.-
Arístides no había olvidado nunca su lugar de origen y volvía un par de veces al año a recorrer las calles de su infancia y departir con los pocos amigos que aún quedaban ya que muchos habían buscado otros horizontes y otros habían muerto, no siempre de enfermedad.-
Varios viajes a los antiguos lugares donde había vivido lo nutrieron de nuevas historias que luego desarrollaba en las reuniones de amigos y repetiría su hijo en el transcurso de su vida.-
Para alegría de Ariel, en uno de esos viajes retornó acompañado por su compadre Florencio Cáceres, que había dejado el trabajo en el la selva chaqueña porque su salud le indicó, según dijo, la hora de sentarse a mirar los atardeceres. Sin avisar a su hijo, Arístides había gestionado la autorización para hospedar en su casa por unos días a un visitante. Previsor el hombre.-
Fueron unos días de muchas risas e historias de personajes a los cuales Ariel no había alcanzado a conocer en muchos casos. En una de esas noches estrelladas en que una suave brisa apenas movía el humo fragante del asado remanente que se oscurecía en la parrilla, comenzó la conversación sobre las condiciones de trabajo en el frigorífico.-
Aunque Ariel las conocía no dejaba de atenderlas y asombrarse por lo insólito de algunas características.-
Pero notaba que al visitante no le llamaban la atención y eso lo desconcertó. Florencio se limitaba a asentir con la cabeza, silenciosamente.-
El registro de despidos dio lugar a muchas disquisiciones. Arístides leía cada caso comentando las circunstancias que lo rodeaban.-
Agotados casi los temas de introducción del visitante a las características de la vida en el lugar, éste tomó la palabra para relatar sus vivencias.-
Como corresponde entre cumpas, compadres de hecho afecto, el trato respetuoso de usted” no solo distingue sino que también es reconocimiento de mayor importancia que la del que habla. Gran confianza, años de conocerse, andanzas y correrías no detienen el trato ceremonioso cuando se trata de temas importantes.-
– Como usted sabe, yo estudié para Tenedor de Libros en Corrientes, así que cuando llegué a Santa Fe en busca de trabajo enseguida me conchabaron para La Forestal, empresa dedicada a la explotación del quebracho para fabricar durmientes y el tanino que se usa en las curtiembres y para teñir telas. Y las condiciones de allá difieren en algo con las de acá, pero son similares en la forma en que se trata a la gente.-
– ¿Es grande esa Forestal?
– ¿Y como es que aparece en esos lugares semejante empresa?
– Por lo que he podido ver en los libros y archivos, muchas veces con disimulo porque si me veían seguro me despedían, todo comenzó allá por el año mil ochocientos ochenta cuando Lucas González, que fuera ministro de Mitre y Avellaneda, hizo un arreglo en nombre de la empresa para la que estaba trabajando, la banca Murrieta, con el gobernador de Santa Fe, Don Simón de Iriondo, por el pago de una deuda de la provincia con el banco.
-¿Debían mucho?
– Ciento as soon as mil libras esterlina, muy mucha plata entonces, y ahora también.
– Generosos para endeudarse los gobiernos.
– Siempre ha sido así y será, mi querido amigo.
– Siga entonces que está interesante.
– Bueno. Lucas González hizo aprobar una ley que él mismo redactó, diciendo que un tercio de la deuda se pagaba en bonos que luego se podrían utilizar en la compra de tierras fiscales, sea que cobró en tierras indirectamente. Y los otros dos tercios se pagarían vendiendo obligatoriamente tierras fiscales en Europa. Más precisamente en Inglaterra y a un precio mínimo, que da risa y pena, de mil quinientos pesos la legua cuadrada, unas tres mil cien hectáreas.
– Las hubieran vendido mejor en otro lado y después pagado. Muy easy.
– Imposible. En el artículo cuarto de la ley, que tuve a la vista, cube que se prohíbe a la provincia darle a las tierras fiscales otro destino hasta que se pague la deuda.
– Los tenían agarrados de las p…..atas.
– Solo que fue el propio gobierno el que se ató, manejado por González, a los caprichos de los ingleses.
– ¿Y eso que tiene que ver con La Forestal?
– A eso voy, chamigo. En el ochenta y uno el gobierno santafesino le da un poder para vender las tierras nada menos que a Lucas González.
– ¿El mismo que….?
– Exacto. Y el susodicho se fue a Europa hecho unas pascuas. En cuanto llegó le vendió a la propia banca Murrieta, su patrona, un millón ochocientas mil y pico de hectáreas al precio mínimo fijado en la ley.
– Parece mucho.
– Mucho más de lo necesario para pagar lo que se debía, pero el poder no fijaba topes de tierras para vender. Y súmele que se pagaba una parte con los bonos.
– Me imagino que el pueblo habrá protestado al enterarse, al menos.
– Ni eso. Por orden de González se hicieron dos escrituras. Una para publicar sin mencionar las causas y condiciones de las ventas y otra, reservada, donde figuraban todos los detalles.
– Eso está mal.
– ¿Se cree que eso les importa a los gobernantes? Sigo. Tres años después Murrieta le vende los campos a la Compañía Tierras de Santa Fe a razón de cinco mil doscientos pesos la legua y las cobra en acciones, sea que se vende a ella misma, solo que cambiando de nombre.
– ¿Tanto valían?
– Y más. En el censo del ochenta y siete que está en el archivo se le da a la legua cuadrada un valor de catorce mil pesos. Contra los mil quinientos originales calcule si habrán hecho buen negocio.
– Pucha. Cosa de no creer.
– Los ingleses, que no eran ni son tontos, le tenían echado el ojo a los quebrachales de esos campos. El ferrocarril estaba en expansión en todo el mundo y hacían falta durmientes más baratos que los de hierro y tan durables más. Además un alemán llamado Harteneck, que tenía tierras con un hermano, había enviado muestras de la madera a Europa para sacarles tanino, que resultó en un rendimiento un setenta por ciento mejor que el que se sacaba de la corteza del curupay y el cebil.
– Buen rendimiento.
– Claro. Porque se sacaba también de la madera y no solo de la corteza. Así que se empezaron a mandar rollizos a Alemania. Fíjese que solo en el año catorce se mandaron casi trescientas mil toneladas.
– ¡Trescientos millones de kilos!…… ¡Un bosque!
– Justo. Los hermanos Harteneck, con un socio llamado Benito Pinasco, fundaron la Compañía Forestal del Chaco con quinientas cinco mil hectáreas y pusieron fábricas de tanino en Villa Guillermina y La Gallareta. Otra que se instala en mil novecientos cuatro es la Compañía Quebracho, de la Compañía Extractora de Tanino de Nueva York.
– Así que los del norte también andaban haciendo de las suyas.
– Sí señor. Tenían ciento noventa mil hectáreas. Y en el año mil novecientos seis se inscribe en la provincia una empresa llamada Compañía La Forestal de Tierras, Maderas y Trenes Limitada. Llegamos a donde usted preguntaba. Ahí aparece La Forestal, a secas. Le digo en criollo los nombres pero en realidad están registrados en inglés. La Forestal toma a su cargo, es decir se la queda, a la empresa de los Harteneck y Pinasco, después se queda con la norteamericana y luego con la santafesina. Eso sí, Tierras de Santa Fe se había apoderado antes de mil setecientas hectáreas por posesión treintañal sin pagar un solo peso, así de sencillo.
«Después se fueron quedando con pequeñas empresas locales con el simple recurso de negarles fletes en el ferrocarril, ya que decían que era de uso privado, lo que les permitía no pagar impuestos y de paso ahogar a lo competidores, si se los puede llamar así a fábricas relativamente chicas como las de Juan Arronga, López y Blanco, Ernesto Teopeck Pedro Ertcheluz. Exportar doscientas mil toneladas de tanino en un año era cosa de nada. Lo mismo con los durmientes de los que han llegado a salir más de dos millones por año.»
– Y cuente, mi amigo, cómo lo trataron por allá, ¿Period muy distinta la cosa de lo que le conté de estos pagos?
– Muy poco diferente. Y así como usted retiró algunos registros valiosos en su contenido, yo tengo muchos datos copiados de archivos que se guardan en el mayor secreto, más algunos papeles que he retirado porque no deberían perderse. Ya le iré dando algunos.
– Así que lo de acá no es por capricho.
– No señor. Es un sistema que se aplica en todas las empresas que tienen estos gringos en el mundo, con algunas diferencias menores según donde sea se encuentran. Fíjese en lo que le voy a contar, y vaya comparando con lo que aquí se vive. Verá que todo parece copiado.
– ¿Como ser….?
– Vea. Las poblaciones son varias mientras aquí hay una sola, por lo que en eso es diferente. La Gallareta, Tartagal, Santa Felicia, Villa Ana, Villa Guillermina y otros son todos pueblos grandes, con mucho movimiento. Están muy bien trazados, arbolados y calles con afirmado hecho del aserrín cocido de quebracho en algunos casos con carbón. Así que las lluvias no impiden transitar.
– Aquí cuando llueve uno se entierra hasta cerca de la rodilla.
– Ya ve. Algo diferente pero no significativo. En el centro de cada pueblo están la administración, las casas de los empleados, la residencia del administrador que es como la que aquí se tiene en ese barrio que me mostró, con las mismas atenciones especiales. También están ahí cerca la casa de empleados solteros con cargos, como la que hay aquí cerca de la administración y que si mal no recuerdo le dicen Casa de Empleados. Allá se llama Pensión de Soltería y para las visitas hay una especial llamada, precisamente, Casa de Visitas.
«Los negocios son de la empresa, ya sea almacén, carnicería y panadería. Hay hospital, policía, iglesia. En las orillas, siempre dentro del pueblo, están las fábricas de ropas, de hielo, una casa de soltería para los sin mando, y más afuera, ya campo, los ranchos de los obrajeros.»
– ¿Y como se manejan para tener todo funcionando y en orden?
– Hay un jefe de la Sección Pueblos. Desde su escritorio vigila todo el mantenimiento de las calles, las plazas, los jardines, la electricidad, teléfonos, agua, y las canchas de tenis que son iguales, mejores, que las del club que vimos. También un par de lagos artificiales grandes que se usan como balnearios, con playas de arena.
– ¿Todos los peones viven en los pueblos? ¿Y los obrajes?
– Además de los pueblos que le nombré, a lo largo de las vías hay algunas estaciones donde se cargan los rollizos con guinches. Tienen almacén de ramos generales, agua limpia para las locomotoras y, de paso, para la gente. Ahí viven los hacheros en rancheríos a donde vuelven si el trabajo está cerca, sino siguen el rumbo de las picadas. Hay más de quinientos kilómetros de vías que terminan en los puertos de Ocampo, Piracuá y Piraguacito.
– ¿Muchos hombres trabajando para la empresa?
– Calculo yo más de veinticinco mil, contando jueces de paz, policías, maestros, pocos por cierto, que aunque no cobran sueldos de la empresa, trabajan adentro. Y dije sueldos, porque lo que es regalos y atenciones reciben casi todos ya que ejercen alguna autoridad que pueda ser necesaria en algún momento.
– ¿Cómo es el trabajo en los obrajes?
– Le explico. Se hacen picadas de unos cinco metros de ancho en medio de la selva por donde se va avanzando a medida que se voltean árboles y se los manda a la estación. Cada tanto se levantan algunas casillas, unos pocos ranchos y muchos benditos, que son enramadas bajas sostenidas con palos, copiadas de los indios, con un pozo debajo donde hombres, mujeres, chicos y perros duermen amontonados sobre la tierra algún trapo de arpillera, esté seco el tiempo no. En caso de lluvia duermen sobre ramas sueltas, a veces con el lujo de un pedazo de lona para tirarles encima.
«Antes que salga el sol tienen que estar en marcha. Los hacheros se colocan de a par, enfrentados y con el árbol al medio. Ahí van hachando de a uno, es decir no golpean el tronco los dos al mismo tiempo para no retumbarle al otro, hasta que lo voltean. A veces buscan voltearlo entero, de raíz, y para eso buscan entre las raíces lo que llaman el macho” que es el enraizado más grueso, a veces del grosor de un a pierna y más. Cortado, es posible derribar el árbol hachando las demás raíces. Siguen hasta que se va poniendo el sol y el cansancio los va aletargando, así que golpean como si estuvieran dormidos.»
«A veces, si la distancia es grande, los acompañan las mujeres y los hijos durmiendo como le expliqué, los que ayudan un poco a cortar las ramas chicas de los troncos, cocinan algún sancocho, sacan garrapatas de la cabeza, remiendan la ropa como pueden, retiran las espinas clavadas en los pies, todos rodeados de la tierra que vuela, los bichos, la mugre.»
«Yo lo fui a ver porque cuando me lo contaron no lo podía creer. Compadre, no se imagina, aunque quiera, lo que es eso que ni vida se puede llamar. Cuando se juntan varios troncos los cuelgan con cadenas en alzaprimas armadas con dos ruedas enormes de casi tres metros de diámetro unidas por un soporte angosto para que transiten por las picadas y se tiran con bueyes hasta donde se los puede pasar a carros de cuatro ruedas a algún cachapé y los transportan a la estación. También se mandan troncos armando jangadas aguas abajo si se está más cerca del río que de las vías, llegando hasta el puerto donde los embarcan hacia los aserraderos sacan a tierra para mandarlos a las plantas de tanino.»
– Parece imposible que ocurra como usted lo relata.
– Y no es nada esto. Súmele las lluvias. Cuando caen los aguaceros en la selva igual hay que sacar el trabajo, así que todo lo que dije suena liviano si piensa que hay que hacerlo bajo diluvios de agua fría y a veces con piedras, enterrándose hasta arriba de los tobillos más, cargando y tirando con los bueyes esos armatostes con ruedas enormes que se hunden casi hasta los ejes. Y sin parar, eso sí. Al que se le ocurre tomar un respiro se lo marca y a la vuelta de los días se le cube que busque trabajo en otro lado. Complete brazos esperando sobran, tan mal está la cosa. Es más, traen gente de Santa Fe free of charge en los trenes nada más que a esperar por si se produce una vacante, así que la amenaza está ahí no más, en la puerta.
– Esa forma de vivir, es un decir, seguro que la conoce el gobierno.
– Claro que saben. Solo que los inspectores llegan, se hospedan en la Casa de Visitas, comen y chupan gratis de lo mejor, los atienden con todo lo que quieran, si hasta mujeres limpias les acercan, y se vuelven hacia la capital sin ensuciarse los zapatos siquiera y con algún paquete en el bolsillo. Y si llega a trascender no le dan importancia defienden el sistema de trabajo. Y si no me cree vea lo que cube en este Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de Santa Fe que tuve la precaución de tomar prestado del archivo, es un decir porque nunca pensé devolverlo.
Florencio buscó en una alforja un paquete atado con hilo sisal, se colocó unos anteojos medios desarmados, y leyó:
– Palabras del vicepresidente de la Cámara sobre los peones obrajeros:.debido a leyes atávicas, costumbres y medio ambiente, habituados desde la infancia a la ruda labor y a privaciones, son hijos del rigor, de modo que sobrellevan sus pesadas tareas como si hubieran nacido para ese sistema de vida.”
– Ni que hubiera leído a Aristóteles. Digo, por aquello que decía el griego que los hombres nacen para mandar algunos, para obedecer otros, para ser patrones y para ser esclavos. Que es ley de la naturaleza.
– Coincidencia, no creo que haya leído algo más que el resultado de las carreras de caballos en el diario. Eso, si es que sabe leer….
– Qué se puede esperar de semejantes personajes. Mi padre ya decía que las legislaturas eran las piezas de servicio de los gobernantes, y tenía razón.
– Nada han hecho. Seguro que Don Discurso nunca avanzó día tras día, semana tras semana, mes tras mes por las picadas, abriendo caminos a machete limpio, chorreando sudor, entre nubes de mosquitos, tábanos, jejenes, moscas bravas y otros bichos voladores, mientras en el piso abundan las garrapatas, los escorpiones, las arañas peludas y lo peor conceivable: Las víboras de toda laya, sobre todo yararás ñatas, que las hay enormes y en abundancia ya que se las va desalojando de donde estaban bien cómodas. Para colmo son de mal carácter, por decirlo de algún modo. Y recuerde lo que dije de las lluvias. Los bichos no desaparecen con el aguacero, sobre todo los mosquitos, así que no hay alivio de ninguna forma.
– Con semejantes surtido seguro que muchos no mueren de viejos.
– No, por supuesto. Y sumemos las enfermedades. Hay abundancia de lepra, tuberculosis, paludismo, sífilis. Ha de saber que la savia del quebracho produce llagas muy dolorosas que supuran, así que imagine el estado de los pulmones y la piel de los hacheros. En este otro Diario de Sesiones, también sacado prestado…digamos, un diputado llamado Saccone dice que esos males no son por el trabajo ni por culpa de alguien, sino que se deben a la idiosincrasia del obrajero.
– No le puedo creer. Tan poca cabeza tiene ese personaje.
– Cabeza chica y bolsillo grande, como suele pasar en ese ambiente. Admitió que casi el cincuenta por ciento de esos obreros tiene tuberculosis pero dijo que era porque el criollo no tiene buenos hábitos de alimentación, come mucha carne y es desarreglado.
– ¿Comen mucha carne como cube Don… Diputado?
– Algo de carne de mulas cimarronas, algún buey, ñanduces y lo que se puede cazar a machetazos de a ratos, como alguna iguana, una comadreja, corzuelas casi no quedan, se ven algunos chanchos del monte que por suerte disparan al ruido sino son capaces de matar de una sola atropellada, lo mismo que los osos hormigueros que son muy agresivos y tienen unas uñas muy largas y filosas que destripan bien profundo en el primer zarpazo, como hubo casos de algunos que se confiaron creyendo que era un animalito inofensivo.
«Hace un tiempo están proveyendo, en los pueblos solamente, carnes embarcadas desde Corrientes y que llevan por arreos desde Las Toscas dos paisanos santafesinos asociados con el tape Merello. No sé si usted se acuerda del tape, compadre.»
– Claro que lo recuerdo. Si habremos hecho fechorías entre el chinitaje en los bailes cuando mozos. Estoy anoticiado que ha estado llevando vacunos y otras cosas por esos pagos. Tiene que darle mis saludos si lo ve, aunque no descarto visitarlo en alguno de mis viajes. Me han contado que otro que se fue con él es el amigo Rogelio del Carril, hombre de a caballo como pocos, y se instaló en La Sabana. Así que voy a tener que armar un viaje para esos lados y juntarme con ellos para tomar unos amargos y conversar largo.
– Serán dados sus saludos. Los encuentro a veces y aunque ya no vuelvo a Villa Guillermina suelo pasar por sus parientes en Las Toscas cuando voy a visitar mis hijos. Y les voy a dar sus datos, así lo vienen a ver algún día si usted no los primerea.
– Decía usted de las enfermedades….
– Cierto, cumpa, me distraje con el asunto de la carne. Pude ver un informe del médico hecho para mandar al administrador, muy escondido en el archivo. Dice que el noventa por ciento de los obrajeros de Villa Guillermina tiene sífilis y que la mitad de los muertos es por picaduras de yarará. ¡La mitad, cumpa querido! Y por si fuera poco agrega que solo el veinticinco por ciento de los muertos del departamento Vera tuvo atención médica. Mueren muchos chiquitos lejos de los dotores, las mujeres pariendo en el monte, y los hombres por lo que le he contado, entre otras cosas.
– ¿Por qué tanta sífilis? Entiendo que haya algo pero no para tanto.
– Lo que pasa, mi querido compadre, es que el negocio de las putas no se prohíbe, lo mismo que los bailes en algunos tinglados precarios. Es más, se ven con buenos ojos porque dicen que el hombre así se distrae, se saca las broncas, quiere volver y entonces tiene que trabajar para ganar con que pagar los servicios de las chicas, aunque hay algunas que hace rato dejaron de serlo. Fíjese que el médico cube que hizo un examen a nueve de las muchísimas que hay en el pueblo. Y las nueve tenían sífilis.
– Peor que animales. Y ya que mencionó la plata, digo, ¿que me cuenta? ¿Se gana bien?
– Se paga poco y con dinero propio.
– ¿Dinero propio……?
– Sí. Se fabrican monedas en Reconquista, en el taller de un tal Schronn, con valores de cinco, diez y cincuenta pesos. Con eso se paga según lo producido y cargado en los trenes. Hay unos llamados contratistas que manejan el asunto del pago y controlan las cargas, pero son solo empleados de la administración. También se imprimen billetes. Además hay monedas por mercadería.
Con un movimiento que se mostraba lento, como alimentando la curiosidad y el misterio, Florencio introdujo la mano en un bolsillo y la retiró cerrando el puño. Extendió el brazo, abrió la mano y dejó caer sobre una mesita donde descansaban la pava y el mate un disco de metal.-
– Mire, aquí traje una que si se fija cube arriba Forestal”, abajo Guillermina” y al medio un kilo de carne”. Como a veces los que controlan dicen que no ha llegado la plata sea estas monedas los billetes, pagan con vales que se cambian en los almacenes de la empresa. Cuando los obreros no tienen vales, monedas billetes se les fía y descuenta del próximo pago. Casi siempre quedan debiendo porque los precios se fijan a gusto del patrón, lo mismo que el pago del trabajo.
«El peso moneda nacional que todos conocemos solo se consigue vendiendo los vales las monedas a unos usureros autorizados que son también empleados de la administración que hacen su buen negocio. Ellos sí que los cambian sin perder quedándose con la diferencia. Pero ese dinero de nada sirve al obrajero porque no hay donde comprar en leguas y leguas, ya que solo están los almacenes de la empresa que se manejan con vales y plata propia. Y si los vigilantes sorprenden un vendedor ambulante venido de quién sabe dónde lo echan junto con el que le compra, así de simple. Eso sí, cuando el vendedor acepta comprar su mercadería al por mayor en el almacén de la empresa y pagar una especie de impuesto no tiene problemas, ya que no solo deja ganancias sino que lleva provisiones selva adentro.»
– Pero eso de la plata propia no debe estar permitido. Mire si a otros se les da por copiar.
– Y se hace. Tengo aquí una moneda que me regaló un peón que estuvo en San Juan. Mire bien, cumpa, acá se lee Obraje San Juan – Vale por veinte centavos contra mercaderías”. Y escuché que por Tucumán y más al norte también se paga con plata propia con vales a cambiar en el almacén de los dueños.
– Pensar que en esas tierras abundaban tribus que vivían tranquilos dentro de sus modestos recursos.
– Eso fue hace tiempo. Solo quedan restos dispersos y maltratados de guaycurúes, mascois, matacos-macá y algunos otros que todavía hablan lenguaje zamuco. Se recuerda en esos pueblos cómo la tribu guaycurú enfrentó a los ejércitos españoles y después a la milicia nacional. Aprendieron a manejar el caballo mejor que cualquiera, solo que fueron superados en número y armas pero todavía se golpean el pecho, orgullosos de su historia.
– Mi querido compadre. Me alegro que haya decidido volverse. Yo aquí también quisiera salir, pero mis años y los achaques no me dejan buscar otro conchabo. A lo único que aspiro es a que mi hijo Ariel no necesite caer en esta situación, así que está aprendiendo de mecánico.
– Espero que tenga buen resultado. No digo suerte porque no es por suerte que se progresa sino por esfuerzo. La suerte se deja para tirar la taba.
– Que las más de las veces cae culo, chuca que le dicen los delicados de boca.
– Cierto. Pero le hago una aclaración, porque creo está confundido. Yo me voy no solo por mi salud sino porque vienen tiempos duros.
– Explíquese, pues.
– Hace un tiempo, la gente cansada de la forma de trabajar y vivir que le conté armó una huelga. Les prometieron mejoras que no cumplieron, así que se volvió al paro. Para aplacarlo trajeron guardia cárceles de Santa Fe que se sumaron a la policía. Como había grupos bochincheros, sus andanzas les sirvieron de excusa para llevar el Regimiento doce de Infantería al mando de un mayor Ortiz. Volvieron a prometerles mejoras. ¡Hasta turnos de ocho horas llegaron a ofrecer!
– Algo he escuchado pero no con tantos detalles.
– Sigo. Como period de esperar no cumplieron, así que volvieron los paros. Hubo presos y despedidos, como por estos lados con los que protestan según me mostró de su registro. Encarcelaron a dos activistas, Lotitto y Giovetti, y la cosa se empeoró. Había armas en poder de los obreros y tomaron la planta de Villa Guillermina. Los rodeó la policía y de adentro corrieron a tiros a un agente parlamentario que se acercó a intimar rendición. Les respondieron con fuego de ametralladoras y hubo muchos muertos. Algunos dijeron doscientos, pero no sé si tantos.
«Como la situación no se arreglaba trajeron la Gendarmería Volante que period recién creada. Todos los gastos de las fuerzas movilizadas eran asumidos por la empresa. Así que imagine con quienes se enfrentaban los huelguistas: Policía, Guardia cárceles, Infantería del Ejército y Gendarmería Volante a la que llamaban cardenales” y que al decir del diario Nueva Época -no recuerdo la fecha exactamente- estaba formada por los peores elementos…..”.»
Un silencio pesado detuvo el relato, mientras Florencio bajaba la mirada y la dejaba fija en el piso.-
– No se me quede triste….
– No, solo meditaba….disculpe. Así las cosas, comenzaron allanamientos, detenciones, despidos, muchos despidos. Trenes enteros de despedidos salían para Santa Fe. Los diarios hablaban de deportados”. De todos modos la paralización fue whole y gremios del país se sumaron en apoyo. Aún así la Gendarmería tomó el management de casi todo y cuando los que ocuparon la fábrica de Villa Guillermina se estaban rindiendo y entregando armas sonó un balazo y cayó muerto el comisario Alfonsín.
«Dijeron que no fueron obreros sino un provocador, pero todo quedó en la duda. Se armó una de tiros infernal por todos lados, hasta en las calles. Eran tiros a todos lados y la gente se escondía donde podía. Lo mismo se hizo en Villa Ana, Villa Ocampo, Golondrina. Al closing la gente lo único que quería era huir. Los hombres se fueron armados a la selva. Y hay que ser muy guapo para entrar donde un conocedor del monte lo espera, y armado.»
«Cuando el diario Santa Fe comentaba este tema decía, a ver…. por aquí está el recorte…acá está: Ni la acaudalada compañía ni los poderes públicos que le prestan cooperación comprenden que no es a tiros como pueden pacificar a los varios miles de obreros sin trabajo, pues en las tupidas selvas del Chaco diez hacen por mil y mil por diez mil.” La violencia se intensificó, llegándose a prender fuego a los ranchos para expulsar a los revoltosos. Finalmente exterminaron a todos los grupos rebeldes y terminó el conflicto.»
– Eso ya pasó, así que no veo por qué usted se retira ahora, cuando ya las cosas están en calma.
– Hay más. La Forestal se va a cerrar en algún tiempo.
– Pero si está haciendo un gran negocio. No es posible.
– Sí que lo es. Mientras hicieron lo que se les antojaba no había problemas, pero ahora se han encontrado con que la gente se cansa y se rebela. Están intranquilos, inquietos, porque no saben cuánto les puede llegar a costar respetar a los demás. Ya se han cerrado algunas plantas chicas para seguir de a poco con otras más grandes.
– Entonces faltará tanino y ellos son los que lo producen. Van a perder plata.
– Pero cumpa. ¿Usted cree que los gringos dan puntada sin nudo? Ya están poniendo plata en África, y según un informe que leí es más precisamente en Sudáfrica, Kenya y Rodhesia. Fíjese, todas con gobiernos blancos ingleses y mano de obra negra fácilmente esclavizable, si se me permite el término.
– Pero entiendo que fuera del bosque chaqueño no hay quebrachales. No los irán a sembrar porque ni los tataranietos los van a explotar.
– No señor. Están sacando tanino de las plantas de mimosa y castaño, que por allá abundan. Así que en un tiempo que no le puedo precisar La Forestal desaparecerá del bosque chaqueño, y el lugar se llenará solo de fantasmas. Seguirá su negocio en otros lados donde pueda continuar haciendo a su antojo.
– Lamentable, más allá de las condiciones que usted me relata.
– Y sí. Pero si los que mandan supieran convivir y respetar todos podríamos vivir en paz y felices con lo mucho poco que nos toca. Y al revés también, porque toda convivencia exige reciprocidad.
– Dijo usted que sus hijos están en Las Toscas. Cuénteme un poco de esos mozos. Si parece que hace un siglo que no los veo.
– Así es. De los tres quedan dos ahí. El más grande se fue a estudiar a Santa Fe, ya es médico y entró a trabajar con un estudioso llamado Romero Cereijo. Están colaborando con otro médico, un tal Salvador Mazza, que ha instalado laboratorios en varios lados para estudiar un bicho del monte, la vinchuca, porque dicen trae enfermedades graves.
– Pero si siempre hubo vinchucas en el monte y en los ranchos.
– Cierto. Solo que un brasilero descubrió que tenían parásitos que enfermaban de no sé qué cosa que ya me voy a acordar, que hace mucho mal a la gente que vive en los rancheríos pobres.
– Si es enfermedad de pobres no le veo que se haga mucho por ayudar a esos estudiosos.
– Ha dado en el clavo. Fíjese que m´hijo copió una carta del brasilero -continuó sacando un papel del paquete que había desatado-, un tal Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas según dice acá, que parece venía remando contra la correntada oficial desde hace un tiempo y que cube…. a ver…..aquí lo tengo. Cube así de lo que se puede esperar. Escuche, cumpa…. ”Hay un designio nefasto en el estudio de la tri..pa..no..so…mia…sis -esa es la enfermedad, que no me acordaba. Pucha que es difícil y encima larga-. Cada trabajo, cada estudio, apunta un dedo hacia una población mal nutrida que vive en malas condiciones; apunta hacia un problema económico y social que a los gobernantes les produce tremenda desazón pues es testimonio de incapacidad para resolver un problema tremendo. No es como el paludismo un problema de bichitos en la naturaleza, un mosquito ligado al ambiente…Es un problema de vinchucas, que invaden y viven en habitaciones de mala factura, sucias, con habitantes ignorantes, mal nutridos, pobres y envilecidos, sin esperanzas ni horizonte social…Hable de esta enfermedad y tendrá a los gobiernos en contra. Pienso que a veces más vale ocuparse de infusorios batracios, que no despiertan alarma a nadie.”
– Tremendo.
– Esta carta indignó a mi hijo, no con el brasilero sino con las perspectivas que plantea. Me cuenta que ya en el siglo pasado el inglés Darwin hizo estudios sobre el bicho en Mendoza. Y sin embargo por estos lados se mira para otro lado. Espero que m´hijo no se desanime.
– Y ese Chagas. ¿De dónde sacó la concept para encarar a la vinchuca?
– Le explico lo que me contó m´hijo porque yo le hice la misma pregunta. Resulta que desde el gobierno brasilero lo mandaron a investigar el paludismo a un lugar llamado Lassance. Allá encontró muchos enfermos de cosas graves y con ese parásito que le dije en la sangre, y empezó entonces a probar con monos y los contagió. Los animales tuvieron las mismas cosas graves que los humanos. Lo hizo muchas veces y concluyó que el parásito period la causa. También encontró que siempre había vinchucas en las casas de los enfermos y determinó la forma en que esta chinche lo contagiaba.
«Se presentó en Buenos Aires y los científicos lo sacaron poco menos que corriendo. Lo mismo le pasó en el Brasil. Los únicos que se interesaron en sus trabajos fueron los alemanes. Fíjese qué pena no ser atendido en su propia tierra. Ahí escribió esa carta que le leí.»
«Por la zona de La Rioja algo se estaba sospechando de ese asunto y se estudiaba la vinchuca. En Mendoza, Luján de Cuyo, el inglés Darwin, como dije, observó gran cantidad de lo que llama benchucas” y lo cuenta en sus memorias, según m´hijo».»
«El dotor Mazza sí se interesó en los trabajos de Chagas y propuso levantar un instituto para estudiar las enfermedades de la zona. Y fíjese en un detalle: Le comentó su idea a un médico francés llamado Nicolle y éste le dijo que lo hiciera pero en el inside del país para evitar que las intrigas dominantes de la capital ahogaran el esfuerzo. Así se comenzó a trabajar en distintas ciudades con sucursales del instituto. Se creó un oficina oficial que, según lo que tengo aquí anotado, se llama Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina.»
– Así nomás.
– Y así es. Empezó en Jujuy y ahora hay colaboradores en todos lados. Como donde trabaja m´hijo.-
«Mis otros muchachos están queriendo irse para Santa Fe Rosario a probar suerte, ya que donde están hay poco por hacer. Pero mejor hablemos de cosas lindas de estos lados. Cuénteme como anda la pesca del dorado, que he visto unos grandes colgados en los ranchos de la costa y usted es pescador viejo. Si mal no recuerdo su padre y su abuelo eran maestros pescando y cazando en las islas.»
– Es época de buen pique. Solemos juntarnos entre varios para pasar unos lindos días en la isla grande del frente. Comemos lo que pescamos, jugamos al truco, contamos cuentos y nos reímos como locos. Ariel no se queda corto ya que además de buen pescador es muy habilidoso en el truco y miente los tantos como el mejor.-
Durante varias noches los compadres fueron desgranando historias que Ariel atesoraba meticulosamente.-
Arístides retornó por unos días con su compadre a las tierras correntinas, donde tuvo oportunidad de reunirse con el Tape Merello y sus socios, proveedores de hacienda para La Forestal, nutriéndose de anécdotas que luego desarrolló en las cotidianas sobremesas con Ariel-
Fue en una de las frecuentes excursiones de pesca que se produjo el gran cambio en la vida de Ariel Funes.-
Period Arístides un entusiasta de la pesca como bien había señalado su compadre, actividad que aprendió de sus ancestros y compartía con amigos los fines de semana.
Tenía una canoa de unos seis metros, construida hábilmente por un pescador veterano. Sus bordes angulosos y el fondo plano le permitían enfrentar los fuertes vientos sin temor a zozobrar. Toleteras para cuatro remos, dos asientos removibles para los remeros y uno fijo casi en la proa, bancada la llamaban, con una perforación para permitir la instalación de una vela sencilla de lona y que a la vez servía para recorrer el espinel de alambre donde unas cincuenta brazoladas de unos ochenta centímetros y distanciadas un metro se encarnaban con trozos de hígado, tripas de gallinas, y sobre todo lombrices que criaba en un desagüe de la pileta de lavar la ropa donde plantas de calas conservaban la humedad y las protegían de los pájaros. También solía encarnar con caracoles de río, grandes y de carne muy blanca, extraídos de las lagunas que abundan dentro de las islas luego de las crecidas.-
Para tender el espinel no teniendo ayuda desenrollaba el alambre en la orilla atando una vara de unos dos metros en el extremo de tal forma que se calzara sola en una horqueta baja de algún sauce por donde había cruzado previamente el tendido, y en el otro extremo una piedra grande atada con alambre en cruz y apoyada sobre el taco de popa. De esta forma, al extenderse todo el alambre mediante el esfuerzo de los remos cruzando el río perpendicularmente a la orilla, la vara trabada lo tensaba hasta que la piedra al caer conservaba tenso el alambre quedando solo la tarea de asegurarlo bien y luego colocarle las brazoladas y recorrerlo cada hora más menos retirando las presas y reencarnado los anzuelos de diversos tamaños, según la época.-
De vez en cuando pescaba algún enorme patí mediante el sistema que ya usaban los guaraníes con precarios e improvisados anzuelos, consistente en atar un trozo de soga a un extremo de una gruesa varilla de sauce de unos tres metros y dejarla llevar por la corriente mientras se la sigue a la distancia. Portando un anzuelo encarnado con algún sabroso cebo como tripas de gallina dejadas en un tarro por un día dos para que comenzaran a fermentarse, al engancharse el pez la varilla se enderezaba visiblemente a la vez que le impedía ir muy lejos. La sabrosa presa siempre se acercaba a los cinco seis kilos originando que por la noche se armara una rueda alrededor del fuego mientras en una olla redonda de hierro, cubierta de hollín y alquitrán por el uso, colgada de un soporte trípode de hierro forjado, se fritaban en aceite las sabrosas postas a las que luego de extraerlas se las pasaba rápidamente por una salmuera caliente y se consumían con deleite. Un buen vino, jugo de infaltables limones para rociar el bocado antes de paladearlo, y nada más. Nada quedaba por pedir para completar la reunión donde las risas amenizaban su desarrollo. Para los otros peces como surubí, dorado, pacú, amarillo sábalo las técnicas cambiaban, siempre con buenos resultados.-
A veces Arístides se internaba solo en las islas buscando tal vez la independencia que dan la soledad y un silencio solo interrumpido por el canto de los cardenales y el crespín. De esos viajes generalmente no traía pesca alguna muy poca. Solo el espíritu cargado de tranquilidad y meditaciones que a nadie confesaba.-
Fue en una calurosa tarde de enero que Arístides y Ariel se alejaron aguas arriba del campamento que habían instalado entre varios amigos buscando un brazo del río donde se acumulaban camalotes en la desembocadura.
El día había empezado bien, con un buen sol y sin viento. Estaba propicio para salir a fijar sábalos cuando apretara el calor de la siesta y mientras los amigos conversaban y mateaban, padre e hijo comenzaron a remar en silencio como muchas veces les gustaba hacer.-
Tenía Arístides una fija de gemelo, hecha con la cubierta de bronce ahuecado de una bala de fusil afilada con esmero, perforada en la base y engarzada apenas ajustada en un extremo de hierro de unos diez centímetros que asomaba de una varilla de sauce bien lijada y pintada con aceite de lino de unos dos metros, la que conformaba el cuerpo principal. La punta movible estaba unida por una fina cadena al trozo de madera.-
Un instrumento de pesca que, unido a una buena dosis de habilidad, permitía clavar los sábalos que se adivinaban debajo de los camalotes al observar los pequeños movimientos que les confería el pez al succionar el barro que el agua depositaba en sus raíces.-
– Por aquí hay sábalos -señaló el padre-. Hay muchos camalotes y corre poca agua. Nos están esperando, como si les gustara ir a dar a la parrilla.
El sábalo no se prende en los anzuelos de manera que si querían cenar uno no teniendo un trasmallo, solo quedaba la fija. Al atravesar el animal el gemelo se desprendía, quedando cruzado del otro lado e impidiendo el escape. Solo restaba tomar la vara y subirlo a la canoa llevarlo a la orilla si la pesca se hacía de pecho acercándose a los camalotes caminando lentamente dentro del agua.-
Como el día estaba caluroso y el agua muy clara, el padre de Ariel decidió dejar la canoa en la orilla para no ahuyentar los bichos y entrar con el agua arriba de la cintura para buscar un buen tiro. Mientras tanto el joven se acercó a una corredera algo alejada para tirar unos tramperos.-
Y Arístides sintió un golpe en la pierna entre el tobillo y la rodilla a la vez que un estallido de luz dentro de sus ojos lo cegó por un momento. Supo en el acto con quién se había encontrado: una raya… la” raya.-
El tiro certero del animal logró su objetivo: Anular al intruso amenazante que interrumpía su descanso.-
Con una gruesa espina en el extremo de la cola, que los indios llamaban chuza, el animal perforó la carne desgarrándola con los pequeños dientes en ángulo que entran con facilidad pero se traban al salir. Una irritante cubierta viscosa depositada adentro de la herida sumó su ataque al ya doloroso estado del frustrado pescador.-
Arístides soltó la fija y salió penosamente del agua. Se tiró sobre la enviornment y enderezándose con dificultad comenzó a dar unos saltos hacia la canoa que parecía estar más lejos a cada momento mientras con gritos ahogados llamaba a su hijo, que corrió presuroso.-
Ariel le ayudó a subir y desatando la soga que retenía la embarcación la empujó aguas adentro con la fuerza que da la desesperación. Estar aguas arriba facilitaría llegar al campamento navegando a favor de la corriente.-
– Cuando llegue donde están los muchachos me llevarán al pueblo. Ahí alguna mujer me va a curar -susurró el herido dándose aliento y procurando calmar la angustia de su hijo-.
Como todo pescador que aprecia lo que le brinda el río, hijo y nieto de pescadores que tuvieron en su vida las experiencias que dan el duro trajinar con fríos, tormentas, lluvia y rayas, Arístides Funes sabía, como lo sabían los guaraníes para escándalo de los conquistadores y evangelizadores españoles, que el flujo menstrual de la mujer calma el dolor de la picadura del animal. Nunca se explicó el porqué ni le interesaba saberlo ahora por más que period motivo de conversación en la rueda de excursionistas.-
Ariel remaba con desesperación. Solo quería llegar, llegar, llegar……
La canoa avanzaba mientras el sol pugnaba por ocultarse acercándose al horizonte.-
Enderezándose, Arístides hizo un esfuerzo y juntó agua del río con la achicadera hecha con una lata de aceite prismática a la que había cortado la tapa y medio costado en diagonal y que servía para sacar el agua del fondo de la canoa. El líquido, prácticamente engullido, le produjo un ahogo que le desencadenó un acceso de tos. Se veía que con cada espasmo más dolía la herida.-
Ahora comprendía el muchacho por qué algunos animales atacados por una raya corrían despavoridos hasta caer exhaustos y otros golpeaban con furia su cabeza contra los árboles hasta desfallecer. Por la forma en que se retorcía el hombre se notaba que el dolor period superior, muchísimo más, de lo que siempre referían los pescadores.-
Recordó Ariel que su padre estaba algo flojo del corazón. Ya había tenido una vez un ataque del que se salvó a duras penas. Pre infarto le dijeron.-
El médico del hospital de la fábrica lo había hecho ver con un especialista que venía de la capital y atendía una vez al mes. Quiso recordar el nombre y no pudo. El doctor le había advertido: Ya no estaba para esos ajetreos.-
La respuesta fue contundente: ¿Qué podía hacer para distraerse que no fuera pescar, si toda su vida la había pasado muy bien pescando, sin buscar otro entretenimiento, disfrutando de un buen pique?
El trasmallo hubiera podido aportar algunos sábalos, meditó el remero. Con cuadros de seis dedos entre nudos y doble paño, period pesado y difícil de trajinar para un hombre solo pero en esa oportunidad entre los dos lo podían haber manejado bien. Recordó que de vez en cuando hacían algunos tiros procurando levantar un cachorro de surubí, uno de esos bichos de cuarenta cincuenta kilos que hacían que todos los dolores y achaques productos del trajín quedaban olvidados. Se lo repartían en partes más menos iguales para lucimiento de los excursionistas en sus casas. Eso sí, la cabeza no se entregaba a nadie. Quedaba para hervirla y con su abundante carne hacer unas deliciosas empanadas que la mujer que ayudaba en la casa, una robusta criolla de edad desconocida, tez morena y dientes blancos, amasaba con paciencia y dedicación mientras tarareaba una canción de letra ya olvidada.-
– Cómo duele……………..-susurraba Arístides-.
Cuando se comentaban casos como el que ahora le tocaba protagonizar decía que no debía culparse a la raya. Después de todo cuando en las excursiones con los amigos sacaban alguna prendida en el espinel en las líneas de tramperos que tiraban por las noches encarnados con mojarritas vivas, la comían recién cuereada y hecha milanesas bien fritas.-
– Y pensar -dijo otra vez-, que algunos no la quieren comer porque les da asco saber que paren los hijos en vez de poner huevos como los otros pescados.
Echó una mirada tomándose de la toletera. Todavía faltaba…………
El dolor volvió, y esta vez gritó. Un alarido que nació de lo más profundo de pecho, ronco, seco, interminable………………
Ya se presentaban algunas estrellas en el cielo aún celeste, posesionándose del vacío de luz que dejaba el sol moribundo.-
El dolor lo retorcía como si le acalambraba el estómago, y un sudor frío le comenzó a brotar y correr en todo el cuerpo. Al enfriarse, un chucho interminable se apoderó de su cuerpo.-
La respiración se le hizo difícil. Para colmo le vino un hipo fuerte, intenso a tal extremo que le dolían los pulmones en cada espasmo.-
– ¿Falta mucho…?
– Ya….ya llegamos.
Volvió a mirar, esta vez asomando apenas la cara por la borda, dejándose caer sobre el fondo de la canoa al comprobar que habían hecho más de la mitad de la distancia al campamento.-
Solo a él se le podía haber ocurrido irse tan lejos pero está en el espíritu de todo pescador pensar que la mejor pesca espera lejos del lugar donde se instaló el campamento.-
El dolor venía como ramalazos haciéndolo retorcer y gritar, gritar…….
De pronto, Ariel vio a su padre tomarse el pecho y esforzarse por respirar como si una mano le apretara la garganta.-
– ¿¡Qué pasa!? -preguntó, casi gritando.
– Me ahogo y el brazo izquierdo se me acalambra -alcanzó a responder motivando que los remos casi no tocaran el agua tratando de ganar segundos-.
Y en medio del dolor y la angustia abrió los ojos, casi sacándolos de sus órbitas, y con la mandíbula caída hacia el pecho dejó escapar una exhalación interminable mientras una mancha húmeda se expandía en sus pantalones sostenidos por un cinto de hilo tejido. El agotado corazón detuvo su marcha.-
La canoa, en tanto, apareció velozmente bordeando la orilla mostrándose a contraluz a los ojos de los amigos que habían ido a la orilla del río a cargar unos baldes con agua.-
La vieron llegar y alguien gritó:
– Preparen el mate que ahí vienen los muchachos. Ya nos estábamos preocupando…..
El tumulto posterior, lleno de lamentos y llantos, formó una cápsula negra en los recuerdos de Ariel, difícil de desentrañar, tal fue el impacto de semejante desgracia.-
La muerte de Arístides y la decisión de ser independiente llevaron a Ariel a emigrar para radicarse en otro lugar, cambio del que nunca se arrepintió.-
EL PUEBLO
Después de intentar por un tiempo conseguir un trabajo decoroso y estable en distintas localidades del interior ingresó Ariel Funes como medio oficial mecánico en el taller de los Buonatestta, un tinglado de tres paredes y techo, todo de chapa ondulada. Una cortina de lona descolorida cerraba la pared faltante y al correrla permitía ventilar el ambiente del fuerte olor del acetileno usado para soldar y que se desprendía de un gasógeno coloreado por la herrumbre, equipo donde se combinaban piedras de carburo de calcio con agua para obtener el gasoline.-
Un viejo ómnibus desvencijado, con solo un par de vidrios sano, gomas desmenuzadas y chapas carcomidas por el óxido descansaba en el fondo del terreno, invadido por malezas y esperando tal vez un resurgimiento que ni siquiera un milagro podría lograr. Servía de refugio para las aventuras de los pequeños cuando jugaban a las escondidas se enfrascaban en combates esgrimiendo precarios fusiles imaginados en las ramas de paraísos jacarandaes después de las podas, bajo la mirada complaciente de los dueños que solo objetaban sus desplazamientos si intentaban entrar donde se hacían los arreglos. Viejas cubiertas de camión y tractor abandonadas se transformaban en trincheras. Una planta de pasionaria más conocida por su nombre guaraní, mburucuyá, proveía sabrosos frutos al finalizar el juego.-
El banco de trabajo period un largo mueble de madera con un par de morsas de hierro, alumbrado por una lámpara colgante cubierta con un cono de lata cubierto de polvo. En las paredes toda una mezcla de llaves inglesas y francesas, destornilladores, llaves de boca, martillos y cuanto fuera necesario para reparar motores de todo tipo, en prolija ubicación colgando de planchas de metal pintado con las formas de cada herramienta.-
El tiempo, el tesón y la decisión de no conformarse con lo logrado sino superarlo llevaron a Ariel a aprender todos los secretos del oficio que estaban a su alcance. Su única preocupación era aprender y cumplir con la mayor eficiencia.-
Durante largos años no solo perfeccionó su oficio sino que pasó a ser protagonista casi imprescindible de la laboriosa vida del taller.-
Solo se permitía atender otra cosa que no fueran los motores y era el encontrarse con Leticia, con la que llevaba adelante un extenso noviazgo intercalado con desencuentros casi siempre originados por olvidar la hora y salir tarde del taller.-
Pero así como sus patrones eran ordenados en los elementos específicos de trabajo, también resultaban eficientes en sus tareas. Según contaban, siendo jóvenes los Buonatestta habían sido estudiosos alumnos en una escuela-taller en Italia y trabajado luego en una fábrica de tanques cuando en el desvarío que dan el poder y el dinero público las naciones de Europa competían por tener el ejército más poderoso, los cañones más grandes, los más colosales barcos, todos para aplicar el enfermizo concepto de hacer prevalecer la fuerza sobre la razón.-
De Italia habían salido cuando soplaban fuertes vientos de guerra en la segunda mitad de los años treinta. Ya de pequeños habían vivido la cruenta guerra del catorce, como la llamaban, así que cargaron lo poco que tenían y se instalaron en estas tierras que todos los parientes y amigos que les precedieron les describían como paradisíacas. Paz y trabajo. Era atractivos más que suficiente para quienes conocían el dolor de sus ausencias.-
Afianzados, siguieron el desarrollo de la segunda guerra con la congoja de saber que aquellos parajes donde habían pasado los años juveniles eran escenarios de cruentas batallas. Diarios, revistas, radios de onda corta, conversaciones con allegados, todo servía para tenerlos nutridos de información sobre los avatares del conflicto. Conocían cada detalle como si hubieran estado allí mismo, y tal vez mejor que muchos testigos. Cuando finalmente cesó la matanza recobraron las perdidas sonrisas.-
– La Paz, con mayúscula, es como la madre -dijo cierta vez el mayor en cocoliche, una graciosa mezcla de acento italiano y lenguaje español- pues solo se la valora cuando no se la tiene. Nuestra familia es oriunda de Saló, allá en la Brescia lombarda, a orillas del lago Garda, el mismo lugar donde Mussolini intentó resistir su derrumbe y creó la República Social Italiana de Saló bajo protección de la Alemania de Hitler en el cuarenta y tres. Nuestros tíos y primos que siempre se opusieron firmemente al fascismo en cualquiera de sus formas con el duro carácter de los lombardos salieron a las calles a protestar cuando el dictador impuso la mayoría automática en el Parlamento. En represalia el Duce los encarceló y un mal día los trasladó a Roma donde los hizo formar en el desfile del ricino.»
«Allí a los opositores les obligaban a tomar, a veces forzando un embudo en sus bocas, un litro de ese aceite purgante. Luego, con las manos inmovilizadas a sus espaldas, los ataban entre ellos por el cuello y los hacían desfilar frente al palco donde las autoridades, y a veces el mismo dictador y sus lacayos, se burlaban y reían de las consecuencias de semejante tortura mientras la multitud de seguidores les hacía coro. Los pobres infelices caían agotados de debilidad, deshidratados, y se revolcaban en su propia, espantosa, diarrea, la que corría por dentro de los pantalones y llenaba sus zapatos.»
«En los anales de las aberraciones y vejaciones de la humanidad, el desfile del ricino del Duce debería estar al mismo nivel que las atrocidades de Vlad El Empalador, allá en la Rumania del siglo quince.»
Ariel escuchaba con atención las lecciones de vida que brindaban aquellos que sintieron en su propia carne el dolor y las alegrías, los sinsabores y los placeres, la luz y la oscuridad.-
– Pero… ¿No era que Mussolini había sido encarcelado?
– Efectivamente. Eso fue antes de la República de Saló, cuando por las derrotas en Grecia y África el partido le retiró la confianza y lo reemplazó por el Mariscal Badoglio. Lo encerraron en el Gran Sasso, en el Como Grande de los Apeninos. Pensaban que nadie podría llegar a semejante macizo, el más alto de la cadena. Period una cárcel en la punta de la montaña. Pero los alemanes enviaron un grupo de comandos especializados al mando de Otto Skorzeny transportados en planeadores y sacaron al dictador en una pequeña avioneta Fiseler Storch que increíblemente aterrizó y despegó en un pañuelo de hierba. Intentó conservar el poder con su invento de república títere, hizo fusilar a quienes le habían restado apoyo, su yerno entre otros, pero la guerra ya estaba perdida y su poder terminado. Al final huyó junto con su amante Clara Petacci y ambos fueron descubiertos, fusilados y colgados cabeza abajo en una plaza de Giulino di Mezzegra.-
– Toda una hazaña la de sacarlo de la montaña.
– Sí, es cierto. Solo que la finalidad era despreciable. Fue una gran operación táctica, hay que reconocerlo. El jefe Skorzeny está radicado en la Argentina como muchos otros nazis, y varios diarios y revistas le hicieron reportajes hasta no hace mucho.
– Y al Duce le hicieron probar su medicina.
– La vida es una calle de doble mano. Lo que se brinda en la ida se lo recibe en la vuelta y sin contemplaciones. La historia está llena de ejemplos y aunque no suene constructivo es una realidad. Solo una actitud reflexiva, escasa por cierto, hace que eso no ocurra.
– Digo yo -señaló un atento Ariel- ¿Qué haría usted con Mussolini si lo tuviera aquí presente, a su disposición? ¿Le daría su litro de ricino? ¿Lo ejecutaría sin contemplaciones…?
– No.
– ¿¡No..!?…¿Seguro?
– Seguro. Escucha bien, que esto es resultado de años de sufrimientos propios y ajenos, y de las canas que, aunque mal cortadas, todavía se sostienen. Lo he reflexionado mucho, con tiempo y serenidad, componentes indispensables cuando se trata de tomar decisiones con otros.
– No lo entiendo.
– Easy. Si a una persona cualquiera a la que reprochas, odias, detestas por lo que te hizo le hizo a otros le aplicas lo mismo y de la misma forma eres exactamente igual a él, solo que con otro shade.
– Bueno, pero algo hay que hacer.
– Ese algo” es el que marca la diferencia. Ese algo” lo aplican las personas designadas para hacerlo, formadas en leyes, en derechos, en criterios de justicia. Son los llamados jueces. Si nosotros nos erigimos en jueces sin condiciones ni designaciones y aplicamos al otro lo que criticamos haber hecho somos tan detestables como ellos. Además, alguien nos devolverá después la piedra y se convierte la sociedad en un certamen para ver quien es más sanguinario y violento.
– Pero siempre se ha dicho que es justo el ojo por ojo.
– Y así la humanidad se va quedando ciega. La justicia por mano propia por presiones no es justicia, es venganza. La justicia es decisión reservada a los jueces, personas formadas e independientes, y hasta sus nombres están relacionados.
– ¿Siempre fueron importantes los jueces? -preguntó un aprendiz recién incorporado-.
– Siempre, por más que algunos han desvirtuado ese cargo. Los egipcios ya dignificaban a los jueces. Eran de elevado linaje y se consideraba que servían a Malat, la diosa de la verdad, ya que a las leyes se les asignaba a un orden divino, y cada juez llevaba una insignia que lo distinguía y enaltecía ante los demás.»
«Ramsés Segundo estableció tribunales de as soon as jueces integrados por nueve sacerdotes, un laico y un escribano y Ramsés Noveno le dio mayoría de laicos, entendiendo que las leyes eran producto de los hombres por más que hubiera una inspiración divina. Desde el fondo de la historia el juez es la persona indicaba para determinar la sanción. Lo demás es barbarie. Puede ser educada, culta, limpia, prolija, elocuente, pero barbarie al fin. ¿He sido claro?
– Clarísimo, gracias. ¿Y sus tíos y primos?
– Nunca más supimos de ellos. Solo tenemos datos de una vieja tía que ha quedado sola en las afuera de Turín.
Había en la pared de un habitáculo al que llamaban oficina un cuadro con la foto de un barco majestuoso, de porte orgulloso y chimeneas humeantes. Al pie un nombre, que también se leía en la parte delantera del casco, y unos datos: Principessa Mafalda 17o 01´ Sur – 37 forty seven´Oeste – 25 de Octubre de 1927 – 21:50 hs.-
Curioso, Ariel preguntó la primera vez que lo vio.-
– ¿Por qué tienen ustedes este cuadro? ¿Viajaban parientes a bordo?
Así es -respondió Salvattore con la peculiar entonación peninsular-, un tío nuestro, Giovanni Riestre, era oficial maquinista, ayudante del Jefe de Máquinas Silvio Scarabecchi y un hijo suyo venía como aprendiz. Solo se salvó nuestro primo, que nos contó detalles. La ubicación, fecha y hora corresponden al naufragio.-
– ¿Y cómo fue que zozobró?
– Salió de Génova el eleven de Octubre de 1927 con importantes averías. A tal punto que su capitán quiso pasar los pasajeros a otro buque pero un argentino, Luis Mayol, encabezó una protesta de viajeros que terminó por impedir el cambio. Así que el barco salió nomás, escorado y con un motor funcionado de a ratos, sacudiendo toda la estructura. Scarabecchi les comentó a nuestro tío y primo que salían en pésimas condiciones. El capitán Simone Guli se desvió e hizo escala en Cabo Verde y pidió permiso a la empresa para anular el viaje. Se lo negaron y le ordenaron seguir viaje de inmediato.-
– Lo mandaron a la muerte.
– Exacto. Y acercándose a Brasil se cortó el eje de una hélice, la que salió loca y rompió el casco. Y los intentos de arreglo no surtieron efecto. Y en pocas horas el barco se fue a pique.
– ¿Muchos muertos?
– Más de trescientos. Muchos se salvaron por el heroísmo de algunos y varios murieron por la cobardía de otros. Nuestro primo recordaba llorando los nombres de los héroes, como Scarabecchi, Guli, el telegrafista Luigi Reschia que sin pensar en su vida posibilitó que llegaran varios barcos en ayuda que como el Alhena, el Formosa y otros que no me recuerdo, que se acercaron hasta escasos quince metros, con peligro de ser arrastrados y salvaron a numerosos náufragos.-
– ¿Es cierto que hubo ataques de tiburones, según recuerdo vagamente haber escuchado?
– Sí. Uno de los héroes que ayudó a salvar mucha gente fue atacado por un tiburón y llevado al fondo. Era un conscripto argentino de apellido Bernardi que junto con el cabo Santororo pertenecían a la tripulación de la fragata Sarmiento y habían quedado en Europa por enfermedad. Ellos se presentaron al capitán Guli y se pusieron a sus órdenes en vez de buscar salvarse. Santororo logró llegar a un bote en el último momento y Bernardi nadaba a su lado, así que el cabo fue testigo del ataque. Los sobrevivientes y sus familiares los recordaremos siempre con emoción.-
– sea que la ciudad llamada Conscripto Bernardi es….
– Sí señor. Allí nació y se le cambió el nombre en su honor. Algo que siempre me pregunto es ¿Dónde está su monumento? ¿En qué libro de lectura escolar figura su heroísmo?
De los Buonatestta aprendió Ariel los secretos de la mecánica que no se enseñan en los manuales sino que se adquieren con la experiencia y los fracasos de todos los días. Con un fino y adiestrado sentido del oído supo distinguir los menores detalles de la marcha de un motor e identificar posibles fallas. Un easy resuello desacompasado y desapercibido para los legos le indicaba si debía buscar daños en una junta un tornillo quebrado en la tapa del motor. Comenzó a ser conocido por su esmero y eficacia.-
Sumaba a sus habilidades el afán de estudiar y formarse. Se nutría de todo aquello que llegara a sus manos y fuera útil al conocimiento. En los viajes a la capital en busca de repuestos siempre hacía un lugar para revolver los estantes de libros usados de una compraventa. De esa formación surgieron temas que no vacilaba en trasmitir a grandes y chicos, con paciencia y entusiasmo. Sentía que debía enseñar. Compartía, en amable dúo, las inquietudes del maestro Cardozo, docente de las escuelas primaria y secundaria, las únicas del pueblo y que compartían un mismo edificio.-
– Saber y saberlo enseñar es saberlo dos veces -afirmaba-.
En varias oportunidades intentó formalizar algunos estudios en la modesta escuela secundaria que un grupo de emprendedores había instalado, pero los requerimientos del trabajo frustraron sus esfuerzos.-
Esa carencia de una educación formal no fue impedimento para que leyera con avidez todo lo que llegaba a sus manos, interesándose por la historia, la poesía, los clásicos, el arte, la cultura en common. Ariel era un verdadero autodidacta con un gran caudal de conocimientos.-
En un sencillo mueble biblioteca se mezclaban libros técnicos con la Apología de Sócrates” de Platón, la Historia de San Martín” de Bartolomé Mitre, la Vida del Chacho” de José Hernández, El hombre mediocre” de José Ingenieros, La Tierra permanece” de George Stewart, y otros de igual importancia.-
Sus patrones lo introdujeron al mundo de la música pues escuchaban en un viejo tocadiscos, casi en forma permanente, obras que los llevaban a la lejana patria. El Va Pensiero de la ópera Nabuco de Giuseppe Verdi period casi un himno de apertura de las actividades cotidianas. Pronto se familiarizó con La Traviata. Rigoletto, Aída y muchas más de diversos autores, en su mayoría peninsulares. De ahí a las obras clásicas de todos los tiempos solo mediaba un pequeño paso y su entusiasmo lo llevó a darlo y conocer en detalle cada obra que escuchaba mencionaban.-
Un día los italianos comunicaron a todos sus mecánicos que habían decidido volver a la tierra natal.-
– El hombre es como los peces -explicaba uno de ellos-. Busca remontar la ruta de la vida para ir a morir donde comenzó su existencia. Nosotros ya no tenemos más que volver y pasar los años que nos quedan en la paz que hay ahora en aquellas tierras de donde tuvimos que emigrar castigados por la locura de la guerra.
Unos transpirados ahorros y condiciones generosas permitieron que Ariel comprara el taller, continuando con la interminable tarea de volver a la vida motores que parecían casi desahuciados.-
Sacando y levantando paredes, construyendo un par de habitaciones, mejorando la iluminación, de a poco la fisonomía del taller fue cambiando con un toque private que mejoraba la presentación, sin ostentaciones. El orden y la prolijidad afianzaron costumbres y todos sumaron voluntades para llevar adelante la nueva etapa.-
Se instaló en una habitación para dejar de pagar alquiler. Trajo a vivir con él a Leticia Narváez con la que tiempo después formalizó un matrimonio cuyo desenlace le cambiaría la vida.-
En una habitación más alejada, casi al fondo, se instaló el abuelo de Leticia que aportaba al taller una cuota de sabiduría y buen humor. Cebaba mate sentado en un banquito de madera de patas cortas, fabricado con sus propias manos. Solo convidaba en los momentos de descanso, respetando las rigurosas normas de trabajo que no permitían distracciones ni ocio.-
Como solía hablar a los jóvenes intercalando anécdotas, consejos y sentencias lo apodaron Viejo Vizcacha, comparándolo cariñosamente con el personaje inolvidable del Martín Fierro.-
Un día no se lo vio con la pava y el mate en la puerta de su pieza por lo que Ariel fue a verlo. Lo encontró acostado, con una sonrisa de placidez, muerto con la sencillez de los que saben que han llegado al final de la larga jornada. Todos lo lamentaron. Su piecita no fue ocupada en ese momento, hasta que el destino en formidable avatar la transformó en ariete de sus tremendos designios.-
En sus momentos de descanso Ariel abordaba la lectura y también la música con un acordeón a piano del que extraía sonidos que deleitaban a sus ocasionales espectadores. En toda reunión donde estuviera presente, su instrumento lo acompañaba infaltable. Aportaba, además de la música, sus conocimientos sobre algún tema que mereciera ser aclarado ampliado.-
Con Leticia no tenía hijos propios. Pero sí había muchos de aceptación casual a los cuales su specific personalidad había captado.-
El taller era, además, una escuela permanente donde todos podían ir a preguntar sobre cualquier tema. Solo exigía que fueran después de las horas de labor, ya que en el horario de actividad period estricto con el rendimiento y la atención. Su orgullo por el taller no permitía que algo extraño entorpeciera el trabajo.-
Estaba el refaccionado native al medio de un terreno amplio, con una senda de acceso bordeada de plantas de naranjas amargas que se cargaban brindando destellos dorados cuando el sol poniente se envolvía en los frutos. Los mecánicos estaban autorizados a llevarlos para que sus esposas hicieran los exquisitos dulces caseros que caracterizan a los pueblos donde todo se prepara en casa.-
Dos perros de raza indefinida y de ladrido fácil guardaban siempre la entrada aunque no molestaban a quienes se acercaban habiendo actividades. Pero por las noches asumían toda la ferocidad que habían guardado durante el día.-
El hombre dejó de ser Ariel Funes a secas. Sin pedirlo y simplemente con la espontaneidad que dan las circunstancias, pasó a ser Don Ariel, orgulloso dueño y jefe del taller del pueblo.-
Si bien su fisonomía hacía presumir un mal carácter, Don Ariel period un hombre sencillo y dispuesto siempre a escuchar, aunque con algunos prejuicios difíciles de cambiar.-
Conservaba la entonación peculiar de su Corrientes natal, pese a los años transcurridos.-
Alto, maduro sin llegar a ser viejo, de cabellos renegridos que resaltaban su tez clara, con una contextura bien proporcionada, caminaba denotando un orgullo propio de aquellos que se han hecho solos, a fuerza de sacrificios. Tenía una elegancia pure que imponía respeto a la vez que curiosidad.-
Sus manos encallecidas mostraban el aprendizaje del duro oficio de mecánico de pueblo, de esos pueblos donde la escuela de la vida tiene a la audacia como maestra y la necesidad como directora.-
No las ocultaba. Las lucía mostrando sus cicatrices y piel curtida como merecidos trofeos de la lucha contra la miseria que siempre rondaba peligrosamente.-
LA BARRA
Los días transcurrían sin prisa en el pequeño poblado, suficientemente lejos del camino para vivir tranquilos y cerca para recibir mercaderías, proveedores y posibilidades de algunos trabajos.-
Las calles, no muchas por cierto, eran de un consolidado de piedras y tierra de un color marrón rojizo que no siempre alcanzaba para resistir las correntadas que bajaban de las zonas altas en las tormentas del verano. El agua dejaba surcos que, como cicatrices dolorosas, recordaban que a la naturaleza no se la puede domar por lo que finalmente se impone a cualquier intento de contenerla.-
En ese pequeño mundo la vida tenía todos los días expresiones que no dejaban caer en la monotonía. Allí a cada momento ocurrían cosas a grandes y chicos haciendo latir los corazones y dinamizando las lenguas para hacer correr las noticias. Pequeñas cosas que en otros lugares ocurren sin importar, aquí no pasaban desapercibidas.-
Un grupo de chiquilines autodenominados la barra” correteaba las calles siempre en busca de asombros, sin hacer daños ni faltar el respeto, al menos exageradamente y sin malas intenciones. Simplemente eran niños y vivían la edad con todo el impulso y la alegría que muchos mayores envidiaban recordando con nostalgia cómo la vida acelerada y las circunstancias del destino les habían quitado la infancia tal vez antes de tiempo.-
Salvo contadas excepciones no pasaban de los diez doce años en normal. Casi todos con pantalones cortos sostenidos por un par de tiradores de tela cruzados en la espalda y rectos en el pecho. En los bolsillos, un puñado de bolitas de vidrio y algunas figuritas de cartón u hojalata impresas con las caras de los jugadores de fútbol de los grandes equipos constituían el tesoro que un niño siempre debía llevar encima por las dudas surgiera un desafío. Period una vergüenza ser sorprendido sin el arsenal de elementos de competición.-
Una composición heterogénea hacía de la barra” una variada muestra de personajes. Fosforito Silva period uno de los mayores entrado ya en la pre adolescencia. Un pelirrojo pecoso y delgado que tenía un enorme afán de conocimientos. Investigaba todo lo que se ponía a su alcance y escuchaba con fruición toda conversación que le aportara conocimientos. Otro adolescente ya grandecito era Pedro Melena Fernández, que siempre tenía monedas para algunas compras menudas que compartía con sus compinches, ya que se ingeniaba para estar justo cerca de la casa de Doña Anita Pintos cuando ésta salía al portón en busca de algún mandadero para enviar al almacén de Don Nathan Berenstein por provisiones de última hora. Recorriendo el grupo, aparecían los cabellos chuscos del Varela Ponce mostraban sus furtivos hurtos de gomina del arsenal de seducción de su hermano mayor. Tomaba el apodo de aquel que los niños consideraban el más veloz y certero delantero de un primer equipo de fútbol de la capital. El Gordo Jacinto Funes, sin parentesco con Ariel, tenía un gran tesoro que hacía valer a cada momento: Una pelota de goma, casi del tamaño número tres. Se jugaba hasta que alguna brusquedad lo enojaba y colocando la pelota bajo su brazo derecho abandonaba la cancha. Consistía el estadio en un baldío sin dueño conocido que cuidaban todos de conservar sin yuyos altos, excepto en un rincón donde los adolescentes conservaban un refugio de arbustos para mantener encuentros efusivos, muchas veces observados a escondidas por la barra” cuando, teniendo ya localizada una parejita en camino al matorral, uno de los chicos daba el aviso oportuno y todos se escondían para presenciar un espectáculo que pronto, deseaban, también los tendría por protagonistas.-
Todo venía funcionando bien en el singular observatorio, y los comentarios risueños posteriores a lo visto amenizaban la rueda nocturna hasta que los imperiosos llamados de las madres disolvían la asamblea.-
Y venía bien…venía, hasta que Sebastián Cabrera, que siempre buscaba idear la más destacada travesura, puso todo a perder. Estaban los pequeños ocultos como siempre, observando una parejita en pleno festín, con manos insaciables recorriendo los cuerpos que vibraban de placer e intercambiando gemidos, cuando Sebastián no tuvo mejor ocurrencia que hacer sonar con estrépito un silbato que guardaba del último carnaval.-
Desesperación de los amantes asustados despojados de las ropas esenciales y un tropel de niños riendo a carcajadas seguidos por una variedad de improperios brotados de las gargantas masculina y femenina pusieron fin a la zona de diversión. Pronto se corrió la voz entre los jóvenes sobre los espectadores de las funciones amorosas y desaparecieron del baldío los gemidos, los arbustos movidos sin viento, las sombras furtivas, las risas ahogadas. Y se terminó el tema favorito de la rueda nocturna de los pequeños amigos que aún así siguió funcionando, solo que hablando de otros asuntos que nunca faltan a ese fin.-
Y ya dormidos chicos y grandes, un sonido casi musical se escuchaba con intervalos irregulares. Resultaba de un silbato de hojalata consistente en dos pequeños tubos paralelos de distinta extensión, de forma que alternando con los dedos las salidas de aire se lograban dos notas bien diferenciadas. Así, el rondín nocturno de la policía anunciaba a quien recorría otro sector que todo estaba en orden llevando a la vez tranquilidad a los vecinos.-
– Chicos -anunció Fosforito una siesta-, Don Ariel tiene una pata clueca junto al viejo colectivo y me contó que ya están por nacer los pichones.
Y allá fueron entusiasmados. Cuando el primer patito rompió un trocito de la cáscara del huevo estuvieron todos los aprendices de la vida observando el milagro del nacimiento. Eran diez puñaditos de algodón amarillo intenso que pronto comenzaron a caminar con un gracioso movimiento de lado a lado que llamaba a risas. Claro que la madre, una vez que Don Ariel se los devolvió, no permitió que alguien se acercara a sus críos aplicando certeros y dolorosos picotazos, según comprobó el Gordo Jacinto para risa de los demás.-
De lejos observaron como se encaminó a una charca que estaba preparada para recibirla junto con sus polluelos los que corrían detrás en fila india graznando, tropezando y volviendo a levantarse. Verlos nadar con soltura, apenas nacidos, produjo una cantidad de comentarios y risas nerviosas de algunos que por primera vez presenciaban esa maravilla de la naturaleza.-
– ¿Cómo sabían que la pata period su madre?-preguntó Fosforito-.
Don Ariel, siempre dispuesto a brindar conocimientos, sonrió. Le llenaba de gozo que los niños preguntaran y no se fijaba en tiempos para explicar aquello que sus mentes ávidas requerían. Sentía que el saber lo presionaba desde adentro por salir a anidar en quienes estaban llamados a reemplazar a los mayores en la posta interminable de la existencia.-
Así, con una atenta rueda como auditorio, les explicó el fenómeno de la impregnación, estudiado por el etólogo Konrad Lorenz, consistente en el proceso por el cual cada animal toma las características de la especie a que pertenece. Les contó que trabajando con gansos Lorenz determinó que la impregnación tiene un período de pocas hora en la cuales si el animal está en contacto con otro, con un objeto, lo toma como referencia y se apega considerándolo su madre.-
– ¿En qué trabaja un…cómo period…. tólogo?
– Etólogo. Son estudiosos del comportamiento de los animales. Lorenz publicó sus conclusiones en varios libros, uno de los cuales se titula Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros.
– Así que nosotros podíamos haber sido tomados como madres por los patitos.
– Efectivamente. Por eso los devolví rápido ya que es su verdadera madre la que los va a defender y enseñar como corresponde. Ya ven que enseguida los llevó al agua, que es un lugar donde pueden estar a resguardo de algún gato atrevido u otro bicho peligroso además de sentirse muy cómodos y divertidos nadando.
Y todos volvieron a sus travesuras, satisfecha ya su curiosidad.-
La vida pueblerina era tranquila, simple sin ser aburrida. Se respiraba serenidad.-
Las tardes de verano daban un toque especial a las andanzas. Cuando las lluvias aportaban un pequeño pero caudaloso torrente calles abajo, se hacían desafíos para las carreras de barquitos que en realidad consistían en pequeños trozos amorfos de madera simplemente pedazos quebrados de algunas ramas, los que se soltaban al unísono desde la parte alta y se recibían al last del declive. La imaginación asignaba nombres a las supuestas embarcaciones y si alguna period de buen desplazamiento se la guardaba para otros encuentros. Se podían escuchar voces de aliento al Corsario, el Tigre, la Pinta y otros más diversos.-
No faltaban en alguna ocasión barquitos armados con hojas de revistas cuidadosamente dobladas varias veces según precisas instrucciones de algún mayor. Tomaban la forma de un casco marinero con velas. No participaban de las carreras pues lograban aventajar a los de otros materiales y las competencias siempre deben ser lo más parejas posible.-
Las apuestas tenían importantes premios, según fueran los desafiantes y desafiados: Una bolita de vidrio puntera” que era la de mayor confianza del dueño para ganar los juegos del triángulo del hoyito, una figurita de las difíciles y que podían permitir completar un álbum que se canjeaba por premios en el almacén de Don Nathan, una araña de forma y colores raros mantenida viva en un frasco y reservada para ser usada en lucha con alguna hormiga soldado, también prisionera en un frasco si su tamaño era respetable.-
Las arañas de pelea eran muy codiciadas y a la vez mezquinadas. Solo se ofrecían como premios cuando el desafío era de mucha importancia, sobre todo si uno de los competidores era un aspirante a ingresar al grupo.-
Las más robustas eran generalmente unos ejemplares marrones extraídos de las paredes de ladrillos desnudos donde hacían sus nidos en perforaciones de la vieja mezcla que se desgranaba por los años.-
Para hacerlas salir se cortaba una delgada y ancha hojita de hierba de unos cinco centímetros de largo y colocándola apretada entre los pulgares se soplaba por la pequeña abertura en forma de paréntesis emitiendo un chirrido vibrante apuntando a la entrada, mientras otro niño tocaba suavemente con un palito el extremo más lejano del cono de tela que formaba el nido. El movimiento y las vibraciones del ruido semejante a un insecto atrapado impulsaban a salir a la dueña de casa y rápidamente se la extraía colocándola en una caja un frasco.-
La pelea requería encontrar un buen hormiguero de grande hormigas rojas. A las que defendían el nido las denominaban soldados”. Quien encontraba un hormiguero de semejantes características no lo dañaba ni molestaba ya que era un reservorio de luchadores. Colocando en una caja de zapatos una hormiga soldado y la araña, se desarrollaba una lucha que finalmente ganaba la hormiga pues de a poco dañaba las patas de su adversaria inmovilizándola y atacando finalmente la cabeza.-
La caja period el Coliseo” y los contendientes los gladiadores”, trasladando a semejante encuentro cruel lo que alguna vez les contara Don Ariel sobre los romanos y cristianos. Otras veces eran los Horacios y Curiacios reflejados por Tito Livio en la Historia de Roma y que también habían sido objeto de enseñanzas en una tarde lluviosa después de la hora de cierre del taller.-
Otro desafío period la carrera de aros. Consistía el aro en una llanta de bicicleta ya inútil a la que se le sacaban los rayos. Con un alambre doblado en uno de sus extremos en forma de U y a su vez torcido en ángulo recto respecto del cuerpo principal, se la enganchaba para darle un impulso de arranque y luego se la sostenía por fuera con el mismo extremo corriendo sin permitir que cayera. Eran carreras frenéticas, con entusiastas adeptos corriendo a la par de los contrincantes, alentando a los gritos y festejando jubilosos los resultados.-
Cuando por las mañanas se escuchaba la bocina desafinada de la vieja camioneta de un alemán de porte severo Don Cosme Kurtam, el hielero, surgían de las puertas un enjambre de niños, incluso los que no formaban parte del grupo habitualmente, corriendo detrás para tomar los pequeños trozos cristalinos que se desprendían al cortar las heladas barras con un gran serrucho de enormes dientes desparejos.-
Con esa sierra marcaba en cuartos el hielo de casi dos metros y finalmente con certeros golpes de una barreta separaba limpiamente las fracciones que los vecinos compraban y llevaban a sus casas envueltas en papeles lonas de arpillera que impedían el enfriamiento de las manos. Los trocitos de tal operación eran tomados por las manitos ávidas sin que el proveedor hiciera objeción alguna. A veces era un pedazo más grande de lo habitual y se lo exhibía como un trofeo mientras se sorbía su frescura.-
Las heladeras donde finalmente descansaba el hielo eran unos muebles de madera de unos cincuenta centímetros de lado, con dos receptáculos separados, uno arriba con tapa superior y otro debajo con tapa frontal. Todo el inside estaba forrado con chapas lisas de zinc y entre éstas y la madera un relleno de aserrín que aislaba de la pérdida de frío.-
El que pasaba bastante desapercibido en la barra” period Don Francisco Gómez, apodado el Vasco, lechero que tenía una chacra con algunas vacas en las afueras del pueblo.-
Con un carro tirado por Toledano, un manso caballo tostado habituado a marchar y detenerse con solo un chasquido, pasaba demasiado temprano para que pudiera despertar algún interés en los niños. Carro de dos ruedas grandes, tenía a cada lado de la caja dos tablones perforados donde calzaban los tachos cilíndricos de metallic galvanizado que contenían la leche recién ordeñada, con tapas en forma de sombrerete que entraban a presión y se unían a una de las manijas del recipiente con una cadenita. De ellos extraía el espeso alimento y lo trasvasaba a un tacho más pequeño y manuable, con el que despachaba midiendo con un jarro del mismo metal aforado de a cuarto litro apoyando el recipiente en la rodilla flexionada pisando el escalón trasero de trepada a la caja. Todos los días el comentario con las mujeres giraba alrededor del tiempo, las lluvias, la sequía, los mosquitos y demás contingencias cotidianas más alguna broma comentario algo picaresco acompañado de estruendosas carcajadas.-
La leche del Vasco, sin rebajar con agua como hacían algunos en otros pueblos, tenía gran aceptación. Los domingos no repartía pues la separaba para preparar quesos caseros que estacionaba en un sótano y acompañaban su reparto dentro de un cajón de madera. Todos sus productos eran rápidamente adquiridos.-
Los domingos las madres preparaban un sabroso postre al que llamaban simplemente leche con harina” y que consistía en hervir la leche con una taza de harina previamente diluida agregando azúcar y a veces, todo un lujo, gotas de esencia de vainilla. Luego colocaban la pasta en una fuente asadera, esperaban que la mezcla se enfriara solidificándose y entonces espolvoreaban abundante azúcar encima y con un trozo de hierro plano doblado formando un mango y calentado al rojo en el brasero la iban quemando por toda la superficie. Mientras el postre se enfriaba, los pequeños raspaban la olla de cocción con una cuchara, anticipándose al deleite que veían preparar. El ingenio compensaba la modestia de recursos.-
Un cornetín agudo anunciaba en la siesta del verano la llegada del embajador del deleite: Jaime Luque, el heladero.-
Tenía un carrito blanco pequeño con fileteados diversos, related en la imaginación al que Don Ariel les mostrara que usaban los romanos para hacer carreras de cuadrigas, solo que en vez de cuatro corceles period tirado por un solo caballo, un manso animal mediano de colour marrón cobrizo y larga cola amarilla con crines del mismo color.-
Un techito de lona con borlas en las orillas colgantes y una blanca chaquetilla complementada con un birrete también blanco, daban un aspecto especial imposible de no percibir. Parado en una pequeña plataforma, Jaime manejaba las riendas aseguradas al techo manteniendo una sonrisa permanente, acorde con su gran simpatía.-
Los helados eran de dos tipos: Uno en forma de sándwich entre dos obleas y otro en vasitos de cartón parafinado con una tapa del mismo material, acompañado con una delgada cucharita de madera. Estaban conservados en un cajón construido en el frente del carruaje, cubierto con una tapa redonda. Allí se mantenían en un hielo que para asombro de la clientela menor no mojaba ni se derretía. Fosforito, con solvencia y aire de superioridad, se encargó de explicar que period hielo seco logrado comprimiendo anhídrido carbónico y no se derretía licuándose porque directamente se evaporaba y que si se tomaba con las manos producía quemaduras pues tenía mucho más frío que el hielo común. La fuente de datos: Don Ariel, por supuesto.-
Un día Cacho Lorea apareció con un par de zancos caseros. Tomando dos palos de escoba les había adosado tacos de madera que permitían treparlos y caminar tomándolos de los extremos. Toda una novedad que pronto se multiplicó, una vez comprobado lo divertido que period caminar y correr sobre semejantes artefactos.-
Carreras con grandes revolcones, risas estruendosas, raspones en las rodillas, llantos más por vergüenza que por dolor, marcaron el tiempo de los zancos.-
Con una frecuencia imposible de fijar, el atardecer se llenaba de un sonido que pasaba de graves a agudos en idas y vueltas. Surgían de una flauta artesanal armada habilidosamente con tubos de cañas de distintas longitudes unidos con hilos cruzados, ordenados por tamaño y con pequeñas perforaciones en la parte superior.-
A esta flauta se le extraían sonidos de distintas frecuencia apoyándola en el labio inferior y soplando orientando el viento hacia los tubos con el labio superior. Era un aerófono similar al que se veía en un libro de Don Ariel donde aparecía Pan, el mitológico dios pastoril de Arcadia, depositario de la fecundidad y la potencia, de nariz aguda, con cuernos, barba y patas de chivo, ejecutando melodías en una flauta que ahora se escuchaba en las modestas calles del pueblo. Inexplicable coincidencia como muchas cosas que cambian a través de los tiempos.-
Su significado era conocido por todos: Anunciaba al afilador. Montado en una bicicleta a la cual había adosado un fuerte pie de caños y juego de correas que movían una piedra al pedalear, daba filo a cuchillos, tijeras, machetes, hachas, llenando de estrellas el espacio cercano mientras pequeños ojos curiosos miraban aplicar el raro oficio. Era Saúl, el hijo del almacenero Don Nathan, que trabajaba en el taller de Don Ariel y salía algunas veces a sumar unos pesos afilando herramientas por las calles.-
Las personas mayores tenían, además de sus menesteres, momentos para entretenerse que no eran, por supuesto, los mismos de los niños por más que a veces los miraban con cierta envidia recordando cuando ellos también eran bulliciosos dueños de las calles, los baldíos y los vientos, vestidos de pantalones cortos y con el espíritu desbordante de risas.-
Un sector del fondo del taller era, además de lugar de trabajo, centro de reunión para asados, guitarreadas y ratos amenos en common.-
La comisaría period símbolo del orden social. El comisario y su personal eran sobre todo vecinos, por lo cual había respeto por su investidura pero no temor, ni aún en los niños. Autoridad y pueblo estaban integrados y vivían sin problemas.-
El Club del Progreso era un intento por organizar formalmente una institución que facilitara las reuniones sociales donde pudieran concurrir los jóvenes y las señoras mayores sin sentirse incómodos. Como no tenía edificio propio funcionaba en una habitación de la comisaría y las reuniones danzantes, como se denominaban los bailes animados con las llamadas selectas grabaciones”, se hacían en el patio de la escuela dejando una pequeña comisión que servía para algunos arreglos menores como reponer vidrios, pintura de paredes y útiles de enseñanza.-
El club también convocaba los sábados por las noches a interminables partidas de chinchón, truco tutte cabrero, según organizaran los que llegaban primeros.-
Eran infaltables Don Ariel, el Vasco Gómez, Jaime Luque, Cosme Kurtam y el comisario. Alternadamente aparecían otros mayores que preparaban así el descanso dominical, como el farmacéutico Banegas y algún ocasional vecino. El maestro Cardozo concurría solo para departir ya que, según decía, era duro para juegos de ingenios y picardías.-
A veces en las reuniones sonaba la música, traída por un violinista ciego que dejó la capital para radicarse en el pueblo.-
Todos los pueblos tienen algunos personajes que forman parte de su vida cotidiana. Casi se podría decir que integran el paisaje, la historia y el presente. Sin ellos los pueblos serían distintos, aburridos, chatos.-
En este pueblo había uno que merecía el respeto, la admiración y la amistad de todos, aunque no period oriundo. Se trataba de Rosauro, el músico ciego.-
Y no se había ganado la consideración de todos por su condición física, sino por ser un eximio ejecutante de violín. Obras clásicas y populares salían impecables de su cuidado instrumento.-
Toda fiesta, fuera de cumpleaños, casamiento, bautismo simplemente social period incompleta si no estaba Rosauro. Sus deliciosas interpretaciones, tarifadas con modestos precios que siempre eran superados con generosas propinas, le permitían llevar una vida decorosa.-
Sentado en la esquina del único hotel frente a la también única plaza, proyecto de plaza, desde hora temprana deleitaba a una nutrida audiencia que se iba renovando convocada por los menesteres diarios y además conservaba una buena cantidad de admiradores que nunca se cansaban de escucharlo.-
Se destacaba por sus impecables interpretaciones, fundamentalmente obras de Paganini. Su preferido, el Capricho Nº 24, inundaba la silenciosa esquina con sus rápidos arpegiados mientras todos esperaban ansiosos el pizzicato de la octava variación, donde se lucía como en un coliseo. Del mismo modo desplegaba sus virtudes con el Rondó del Concierto Nº 1 la Campanella del Nº 2.-
Con el Adagio de Albinoni acompañó el doloroso cortejo en el sepelio de un querido médico jubilado que fuera pilar de la modesta sociedad local. Conmovió hasta a los más duros.-
Algo que siempre se le solicitaba, y se diría que se esperaba como interpretación obligatoria, era El vuelo del moscardón, de Rimsky Korsakov, donde era imposible seguir el desplazamiento preciso de sus dedos.-
Aplausos, palmadas y luego, infaltable, la invitación a compartir una mesa donde se desgranaban sus historias, tristes unas y risueñas otras.-
Tenía Rosauro una cualidad que lo destacaba, además de su maestría en la música. No dejaba que su ceguera fuera motivo de lástima trato especial. Más aún, la hacía objeto de sus chanzas. Siempre resonaba su vozarrón cuando reconocía a alguien y le decía, por ejemplo:
– ¡Alberto, qué alegría! ¡Tanto tiempo sin verte!
Lo mismo cuando se despedía, exclamando:
– ¡Hasta la vista, muchachos!
Su historia, repetida mil veces, period motivo de interés normal y se la escuchaba con respetuoso silencio, hasta que estallaban las carcajadas ante episodios que, aunque conocidos, resultaban jocosos.-
Provenía de una familia adinerada de la capital, donde su padre había consolidado una enorme fortuna con el juego de quiniela clandestina, poseyendo un enorme palacete y numerosas propiedades.-
De pequeño se lo envió a una lejana escuela en condición de interno. Allí se enseñaba, además de la educación formal primaria y secundaria, el delicado arte de la música instrumental. Un cura cuyo nombre alguna vez mencionó lo inició en los secretos de la deliciosa música que emana del violín brindándole toda su paciencia y sabiduría que, sumadas a una habilidad prodigiosa aportada por el alumno, produjeron un ejecutante de primer orden.-
Allí recibía puntualmente una suma de dinero con la cual pagaba la mensualidad y reservaba algunas monedas para sus gastos casi inexistentes.-
Compartía el dormitorio con un interno algo mayor con el cual se hizo gran amigo y compinche.-
Con el transcurso del tiempo, ya en plena adolescencia, el amigo le hizo un inolvidable obsequio en una de las salidas dominicales: Lo llevó a un prostíbulo del rancherío de la periferia donde se inició en los secretos del sexo.-
Pero ese nuevo descubrimiento requería de dinero y lo poco que quedaba del envío mensual period insuficiente. Tampoco era cuestión de renunciar a las esperadas salidas que ahora tenían un atractivo especial.-
Pensaron con su amigo todas las artimañas posibles para hacerse de un dinero further, hasta que idearon una solución. Con sigilo y audacia sustrajeron hojas con membretes del colegio a las que aplicaron el sello del director en el extremo inferior.-
Aprovechando la hora de dactilografía, en la cual Rosauro se desempeñaba también con solvencia, redactó una carta a su padre solicitándole se incorporara como benefactor de una nueva biblioteca que, además de libros, aportaría becas para los más necesitados.-
La respuesta, siempre a través de Rosauro, no se hizo esperar y a partir de ese momento el envío mensual se incrementó en una suma importante con la cual los amigos tuvieron salidas no solamente desahogadas económicamente sino que adquirieron fama entre las pupilas del barrio marginal ya que llevaban bombones, masas, bebidas y regalos con los cuales pasaron a ser los clientes más importantes y esperados.-
En el último año llevaba también su violín con el cual se organizaban divertidos bailes.-
Todo siguió así hasta el día de la colación de grados. Allí cada alumno hizo una demostración de lo aprendido. Los padres de los egresados quedaron deslumbrados por las interpretaciones que éstos hicieron en piano, flauta traversa, violonchelo y violín.
Rosauro interpretó magistralmente el Ave María de Schubert, dejando boquiabierto a padres, maestros y alumnos.-
Ya en medio del agasajo de rigor, el director recorrió la sala felicitando a los padres por los logros de los hijos. Cuando lo hizo con el padre de Rosauro recibió una pregunta desconcertante, ya que fue interrogado si lo enviado para la biblioteca y las becas había sido de utilidad.-
– Usted disculpe. No sé de qué habla.
– Del pedido especial que me hizo para libros y becas.
– Yo no le hice ningún pedido especial….
– Déjelo así, debo estar confundido con la escuela de otro de mis hijos -terminó el padre, entendiendo perfectamente que había sido objeto de una trampa durante tres años-.
El regreso a casa fue silencioso, cargado de tensión y suspenso. Cuando llegaron el padre lo increpó con furia y le aplicó un tremendo cachetazo, sacó su cinto y le asestó un doloroso golpe. Mientras se preparaba para continuar el castigo Rosauro trató de detenerlo con lo primero que se le ocurrió:
– ¡No me pegue padre, que soy ciego…..!
La inesperada expresión frenó el golpe que se aproximaba, permitiendo que la intervención de la madre interrumpiera el escarmiento.-
Cuando al día siguiente Rosauro explicó a su padre el motivo del dinero adicional fue no solamente disculpado sino felicitado tanto por su ocurrencia como por su ingreso al mundo de los adultos, lo que sus padres consideraban difícil de lograr dada su explicit condición.-
El músico siempre recordaba con alegría ese tramo de su vida adolescente.-
A la muerte de sus padres, unas insospechadas maniobras de sus hermanos, junto con la voracidad de los abogados sin escrúpulos, hicieron que quedara fuera de la cuantiosa herencia con la sola excepción de una casa que vendió para radicarse fuera de la capital, lejos de parientes y recuerdos.-
Eligió ese tranquilo pueblo, decisión que siempre ponía de manifiesto como la más acertada de su vida.-
Otra de sus recordadas anécdotas era la de la dieta. Resulta que debido a sus años, sin ser un anciano aún, concurrió al médico por una sumatoria de dolencias que lo tenían preocupado. Análisis, radiografías y un escrupuloso examen dieron al facultativo todos los elementos para pronunciarse:
– Rosauro. Tu estado de salud no es de lo mejor. Sabes bien que no es conveniente que abuses de las grasas, el alcohol y el azúcar. Por lo tanto vas a tener que suprimir los salames, bebidas, dulces y otros componentes de las mesas de farra del bar. Si bien no es criticable que te juntes con los amigos, se terminaron los grandes asados y las juergas. Vos ya lo sabías de antes, así que no veo razón para que hayas hecho caso omiso a esta recomendación.-
– Sabe que pasa physician -respondió rápidamente el paciente-, no veo lo que hago.
Médico y enfermera no tuvieron más que festejar la ocurrencia.-
Y la vida seguía su curso en el pueblo.-
Entre niños de pantalones cortos y mayores de pantalones largos, hacían que la jornada pueblerina transcurriera al ritmo de las pequeñas inquietudes, las risas, las anécdotas y, pocos veces, alguna intranquilidad, como la que comenzó un día en que aparecieron en los patios unos bichos que para muchos niños eran novedosos.-
Los tomaron con curiosidad y los llevaron a mostrar a sus mayores. No entendían las caras de miedo que pusieron. Las madres se persignaban y los padres corrían a tapar las plantitas de las huertas familiares mientras brotaban insultos de todos los tonos. Eran langostas.-
Pronto aumentó el número de bichos. Las gallinas las picoteaban y comían, los perros las corrían desconcertados, haciendo levantar pequeños revuelos mezcla de depredadores y tierra. El cielo comenzó a oscurecerse siendo aún plena siesta. El día se hizo noche cuando cientos, miles, millones de langostas pasaban tapando el sol con una nube negra y estruendosa, cayendo sobre plantas de todo tipo, entrando por las ventanas que aún no se habían cerrado, invadiendo todo.-
Los lamentos de los mayores, con llanto en las mujeres e improperios en los hombres, comenzaron a ser entendidos al ver como las plantas de jardines y huertas quedaban arrasadas por la plaga, una masa compacta que cambiaba de formas a cada momento y avanzaba sin frenos, generando un murmullo asfixiante, atemorizante. Hombres duros capaces de enfrentar a lo más penoso de la vida dejaban caer lágrimas sin avergonzarse, resignados, casi vencidos.-
Cuando pasó la nube de langostas todos salieron a la calle a comentar lo sucedido e intercambiar datos de los daños causados.-
Para los niños ya todo había terminado y una nueva incógnita se les presentaba al escuchar a los hombres hablar de la necesidad de tomar medidas urgentes, de combates, ataques, quemazones. Todo aquello no tenía sentido.-
El comisario recorría las calles acompañando los lamentos y asegurando que ya había pedido refuerzos a la capital. ¿Refuerzos? ¿Para qué?, se preguntaban los infantes.-
En un par días comenzaron a llegar camiones cargados con chapas, alambres, y unos artefactos de cuerpos redondos, con una manija parecida a la de un inflador de ruedas de autos y una manguera que terminaba en un largo caño al cual se había adosado una boca en forma de capuchón. Junto con los artefactos venía un camión con tambores de combustible.-
El comisario envió agentes y voluntarios montados en distintas direcciones. Pronto éstos regresaron y con grandes ademanes hablaban con el comisario y el encargado de las cuadrillas de hombres que acompañaban los camiones, los llamados langosteros.-
Se organizaron cuatro grupos que salieron en distintas direcciones. Los niños, curiosos, se unieron a los padres que se habían sumado a la lucha aún inexplicable.-
Cuando llegaron a unos caminos vecinales vieron con asombro como el piso parecía moverse, cual si fuera un río de aguas inquietas. Eran crías de las langostas de la lejana nube, las que habían desovado en los campos a medida que los devastaban. Como aún no tenían desarrollabas las alas para emprender vuelo se trasladaban a saltos cortos hacia donde el terreno period más fácil de transitar, el camino despejado. Alguien aclaró:
– Ahí están. Son las saltonas. Vamos a acorralarlas en el cruce.
Los combatientes colocaban chapas al costado de los campos cortando las salidas para orientarlas hacia un solo punto donde se amontonaban. Y los niños comenzaban a entender las aplicaciones de los artefactos: Eran sencillos lanzallamas con los que se quemaban los montículos de insectos, produciendo un chirrido desagradable y un olor aún peor. Era la forma precaria y única con que el gobierno atacaba semejante plaga teniendo elementos y hombres abocados a concurrir en auxilio de los acongojados pobladores de la campaña.-
Pronto quedaron grabados en la memoria de los niños nuevos nombres: Chapa barrera, lanzallamas, peones langosteros.-
Después del paso de las langostas la actividad fue intensa. Hubo que resembrar las huertas y los jardines a la vez que se trataba de salvar aquellos árboles cuya corteza tenía aún partes sanas y sin corte horizontal total.-
Muchos fueron voluntariamente, sin paga alguna, a ayudar al Vasco para que recuperara pronto las pasturas mientras las vacas eran alimentadas con fardos provistos por la autoridad.-
Tiempo después aquellos niños, ya hombres, recordarían el viejo sistema al observar cómo se combatían las langostas mediante fumigaciones dentro de la nube atemorizante utilizando aviones adaptados a tal fin, cargados de un producto químico milagroso llamado DDT (dicloro-difenil-tricloroetano y que le valiera el Premio Nobel a su creador, Paul Herman Müller, según aclaró alguna vez el farmacéutico Banegas en una de sus clases). Solo con el transcurso de los años se encontró la peligrosidad del producto, oportunidad en que el maestro Cardozo, ya en su senectud, sentenció sobre el mismo tema:
– Pasó con el DDT lo que con los hombres providenciales: Demuestran su peligrosidad cuando ya han causado más daños que beneficios.
A las alegrías, travesuras, risas y despreocupaciones sanas y propias de la infancia de aquellos niños se sumaron así, de un solo y contundente golpe, dos nuevas presencias llamadas Pena y Angustia.-
Habían entrado al mundo de los mayores.-
FOSFORITO
¿Y que se hizo de los pequeñines? El tiempo fue dispersando los intereses y las vidas de aquellos inocentes que vistieran pantalones cortos.-
Sin perder el contacto, cada uno divisó el horizonte y marchó en su búsqueda, en la interminable marcha en pos de un mayor crecimiento de todo orden.-
Fosforito se interesó por la mecánica. Buscó conocimientos integrándose como aprendiz al taller de Don Ariel, quien con enorme satisfacción lo tomó bajo una tutela informal, alimentando su interés por el saber.-
Como todo principiante lo primero que debió aprender fue que las manos se ensucian al desmenuzar los complejos mecanismos que con gran sabiduría habían desarrollado los pioneros.-
Simultáneamente leía cuanto libro quedaba al alcance de sus manos, incluyendo los del jefe, lo que le permitía pensar que tenía que ser un continuador de Don Ariel en la difusión del saber.-
En los últimos días del mes se organizaba una reunión después del cierre del taller, para comer un asado, jugar al truco, reír con las infaltables ocurrencias que produce la sana amistad de la mesa cordial. No era el único asado ya que si las circunstancias algún motivo especial lo ameritaban de inmediato se organizaba otro.-
Una de esas noches se comentaban las características de un antiquísimo auto ingresado para una reparación algo complicada.-
– Con unos pocos años más, este auto estaría entre los primeros inventados y figuraría en los libros de historia se exhibiría en un museo de esos famosos -señaló un maduro mecánico-.
– No creo que sea para tanto. Los autos vienen de por lo menos cien años atrás -comentó Mandrake Castañón-.
Y la conversación se centró en buscar los orígenes del automóvil mientras Fosforito observaba, callado.-
Tomando una actitud aprendida de Don Ariel, esperó hasta que se agotaran los argumentos de cada opinante y tomó la palabra.-
– Prescindir de los caballos para mover un carruaje fue inquietud desde muchos siglos atrás. Heródoto cuenta en Etiópicas que en tiempos de Pericles había carros movidos mecánicamente por esclavos. También vehículos de guerra cuyas dos ruedas delanteras funcionaban mediante sistemas de palancas y una tercera funcionaba de timón.
«Durante el Renacimiento surgieron los vocablos automóvil” y locomóvil” para designar los vehículos que intentaban prescindir del impulso animal. Por el mil cuatrocientos y algo Maximiliano de Alemania aportó fondos y mecánicos para la construcción de un vehículo ideado por un pintor de apellido Durero y que utilizaba la multiplicación mecánica mediante engranajes.»
«Hautsch, un herrero de Nüremberg, movió un vehículo mediante resortes mereciendo el reconocimiento del rey Gustavo Adolfo. Un astrónomo holandés, creo que llamado Huyghens, propuso el impulso mediante descargas de pólvora, lo que aplicó un tal Hautefeulle en lo que podríamos llamar el primer motor a explosión, solo que fue considerado muy peligroso y retirado de su aplicación. El inglés Watt ideó la primera máquina de vapor utilizable económicamente aplicando el movimiento cigüeñal mediante el empleo de la biela-manivela para transformar el movimiento de vaivén en movimiento rotativo.»
– ¿ sea que el cigüeñal que nosotros trabajamos viene desde entonces?
– Por supuesto. No pensarán que todo se ha inventado ayer.
– ¿Y por qué se cube que el motor tiene caballos de fuerza si reemplazó justamente al caballo? ¿Cómo lo comparan?
Allí tomó la palabra Don Ariel.-
– Watt y un socio llamado Boulton observaron cómo un caballo tirando de una soga por medio de una polea levantaba un peso de ciento cincuenta libras sea unos setenta y tres kilos y algunos gramos más a una altura de doscientos veinte pies, lo que equivale a sesenta y siete metros, en un minuto. Establecieron así una comparación con su máquina. Si levantaba diez veces ese peso a la misma altura y en el mismo tiempo, decían que su potencia era equivalente a la de diez caballos. Nació así la unidad de fuerza que se designa con dos letras: hache y pe, que quiere decir horse energy, caballo de fuerza en inglés. La primera patente de un locomóvil la sacó Watt a fines del mil setecientos.
– Pero ¿y el auto?
– Fue el francés Cugnot el que fabricó un vehículo de tres ruedas, la delantera motriz y directora, propulsada por una máquina de vapor de dos cilindros. El vehículo pesaba dos toneladas y alcanzaba cuatro kilómetros por hora, necesitando reponer el agua a trechos cortos y salió de circulación cuando volcó en una curva y estalló. Fue otro francés llamado Lenoir el que patentó un motor que está considerado como la primera realización práctica del motor de explosión utilizando gasoline y una chispa que lo hacía estallar dentro de un cilindro. Algún día seguiremos hablando de cómo evolucionaron las máquinas hasta el automóvil que todos conocemos, creemos conocer.
Cerró así la conversación, con una mirada orgullosa hacia su discípulo Fosforito, al que había nutrido de los conocimientos expuestos.-
Una mañana Don Ariel invitó a Fosforito para que lo acompañara a buscar repuestos en la capital y en el camino se detuvieron a mirar el aterrizaje y despegue de aviones en el aero club cercano a la capital donde un grupo de emprendedores trataba de inculcar a los jóvenes el gusto por el vuelo para lo cual habían instalado una escuela de pilotos.-
Después de observar un rato Don Ariel preguntó:
– ¿Te gustaría dar una vuelta?
Pregunta semejante sonaba más atractiva que si le hubieran dado a elegir el mismo Paraíso. Period como preguntarle a un niño si gustaba un helado, a una calandria si amaba la libertad, a una flor si quería el sol, a un barrilete si tenía sed de vientos.-
– ¡Claro que sí, Don Ariel! Pero, ¿cómo consigo que me lleven?
– No te aflijas. El señor alto que ves allá es cliente mío de años. Voy a hablar con él.
Y así lo hizo. Y Fosforito subió temblando a un avión biplano con dos habitáculos individuales en línea donde cada uno iba sentado de cara al viento, solo con un diminuto parabrisas de tres vidrios en ángulo. Llevaba unas antiparras que aplicadas a su cara de miedo le daban un aspecto fascinante.-
Deslizarse por las alturas le permitió tocar las nubes, formar parte del cielo, llenar sus pulmones del aire que respiran los dioses, sentir que llegaba tan alto como las águilas y los cóndores.-
Cuando aterrizó la nave más maravillosa que Fosforito hubiera conocido y tripulado, su orgullo y la alegría rebalsaban el cuerpo. Don Ariel sonreía.-
El joven agradecía la experiencia vivida, tocaba la hélice, el timón de cola, el motor aún caliente. Acariciaba la máquina con más suavidad y amor que a una frágil flor.-
Don Ariel y el señor alto lo felicitaron y, de paso, calmaron en su entusiasmo.-
– Hay algo que ocurre en aquel hangar -dijo el señor alto-. Te invito para que nos acompañes.-
Y allá fueron.-
Era una pequeña exposición de fotos, dibujos y maquetas sobre la historia de la aviación. Una lámina mostraba la reproducción de un grabado de madera del siglo XV donde Dédalo trataba de sostener a Ícaro, su hijo. Otros cuadros presentaban un canasto sostenido por cuatro esferas propuesto por Francesco de Lana Lana de Tersi, bocetos de Leonardo da Vinci, el globo de los hermanos Montgolfier con su barquilla decorada más un calentador de aire en el centro y las velas de dirección. Había unas fotografías de Otto Lilienthal colgado de su planeador en 1895, del Graff Zeppelín sobre Buenos Aires en 1934, de Blériot aterrizado en 1909. También las maquetas llamaban la atención. Un biplano armado sobre tensores de alambre con un piloto sentado al frente, un Duperdussin de 1912, el Flyer de los hermanos Wright, un Spad XIII, un helicóptero Vought-Sikorsky y otras más competían en atraer las miradas asombradas de los concurrentes.-
Complementaba la exposición una conferencia sobre el arte de volar, dictada por un aviador de brillante uniforme azul lleno de insignias y gesto duro que se complementaba con unos gruesos y prolijos bigotes tan negros como sus chispeantes ojos y que con un puntero de madera acompañaba sus palabras de tono grave y marcial señalando distintos cuadros y maquetas. Buscaba generar interés en un grupo de muchachos que, como el recién llegado, no salían de su asombro.-
Cuando terminó la sesión Don Ariel tomó el camino de regreso.-
– Pero Don Ariel -preguntó Fosforito-. ¿No íbamos a buscar repuestos?
– No, hijo. Simplemente quise darte una sorpresa, una merecida sorpresa porque tienes tantas ganas de saber que period un desperdicio perder esta oportunidad de hacerte conocer lo que has visto, experimentado y escuchado. Ahora podrás hablar y enseñar a los demás sobre aviones, helicópteros y cuantas cosas más que seguramente incorporarás estudiando.
Fosforito, de excelente memoria aumentada por el entusiasmo de lo vivido había escuchado con atención lo que luego expuso durante una reunión explicándolo casi sin equivocar una coma, según dictaminó Don Ariel que siguió sus palabras en un apunte lleno de fotos y dibujos obsequiado por el uniformado y que había sido leído hasta gastarle las letras, como exageró el joven.-
Las palabras del aviador y del apunte sobre la historia de los aviones eran para entusiasmar al más indiferente.-
Explicó Fosforito, con el apunte como apoyo en cuestión de fechas y algunos nombres, cómo ya en la mitología griega Ícaro, hijo de Dédalo, salió volando del Laberinto de Creta donde había sido encerrado por Minos, solo que sus alas estaban pegadas con cera que el sol derritió haciéndolo caer al mar.-
– Sabrán -continuó- que en mil doscientos cincuenta el filósofo Roger Bacon propone en un libro llamado Secretos del Arte y la Naturaleza construir una esfera liviana llena de lo que llamó aire etéreo de las montañas, la que flotaría como una madera en el agua. El conde Lana de Tersi imaginó algo comparable en su libro Pródromo solo que con cuatro esferas al vacío, aclarando que una máquina de esas características no debería fabricarse pues daría lugar a disturbios en la vida civil y política. En mil setecientos nueve el brasileño Lourenço Guzmán se elevó en un globo en presencia de Juan quinto de Portugal, estrellándose contra el palacio real.
– Mal comienzo para un buen intento -comentó el Vasco, muy interesado en el tema.
– Así es. En la obra El Arte de Navegar por el Aire, el francés Galién en mil setecientos cincuenta y cinco propone transportar millones de personas solo llenando una gran bolsa con algún tipo de gasoline, anticipando el dirigible. Con tales antecedentes, los hermanos Montgolfier, inventores franceses a los que se debe, entre otras cosas, el ariete con que se eleva agua usando la propia fuerza de su corriente, construyeron un globo al que inflaron con aire caliente. Jacques Charles, otro francés, lo mejoró inflándolo con hidrógeno.-
– Pero, ¿y los aviones?
– Ya vienen. Calma muchachos. Vamos despacio porque estoy apurado, decía Napoleón según algunos. Vale contar que el diecinueve de septiembre de mil setecientos ochenta y tres, en presencia de Luis dieciséis los Montgolfier elevaron y descendieron una oveja, un gallo y un pato. Un mes después lo hicieron con un voluntario llamado Rozier, el que en noviembre del mismo año cruza París acompañado por el marqués D´Arlandes. Como el vuelo era peligroso se pensó en enviar dos criminales convictos pero Rozier no cedió el lugar y ganó. El siete de enero de mil setecientos ochenta y cinco el francés Blanchard y el norteamericano Jefries cruzaron el canal de La Mancha en un globo. Los quiso seguir Rozier, el voluntario, y se estrelló en el intento, muriendo en su ley.
«Las cosas fueron mejorando y en mil ochocientos setenta y dos un tal Hanelein construyó un cilindro con esqueleto de bambú lleno de hidrógeno y le aplicó un motor Lenoir, como el que les conté cuando hablamos del automóvil. Doce años después los hermanos Tissandier mueven las hélices con una pila eléctrica inventada por Volta y alcanzan seis kilómetros por hora en un globo llamado La France.»
– Tremenda velocidad.
– Para la época y las condiciones, sí que lo era. Ya en el nacimiento de este siglo, el brasileño Santos Dumont ganó un premio de cien mil francos el diecinueve de octubre de mil novecientos uno al despegar del Aero Club de París, girar en la torre Eiffel y retornar en menos de media hora. El método de estructuras rellenas de hidrógeno y movidos por motores fue perfeccionado por un militar alemán llamado Ferdinand Zeppelín, que formó una flota de transporte de pasajeros y cargas que recorrió todo el mundo, previo usarlos para bombardear Londres en la primera guerra.
Tomando los apuntes, recorrió la audiencia mostrando las páginas ilustradas.-
– Aquí hay fotos del Graf Zeppelín volando sobre Buenos Aires. Este sistema de transporte masivo terminó cuando el dirigible Hindemburg explotó en Lakehurst en mil novecientos treinta y siete. Hay una película tomada en ese trágico momento.
– Y empezaron los aviones.
– Efectivamente. Claro que ya Leonardo da Vinci por el mil quinientos había trazado esquemas de máquinas para que el hombre volara. A mediados del mil setecientos el marqués de Bacqueville se lanzó desde su palacio batiendo alas armadas con barbas de ballena, cruzó el Sena a una altura de quince metros y se estrelló contra un barco, quebrándose una pierna.
– A golpes se hacen los hombres.
– Y hasta ahí van pocos todavía. Y hay una historia paralela sobre la que vale detenerse. El veintidós de noviembre de mil setecientos sesenta y uno en Lima, Perú, Don Santiago Cárdenas casi fue linchado por una multitud que exigía que volara. ¿Qué había pasado? Resulta que de joven se interesó por el vuelo de las aves. Durante años estudió huesos, músculos, dimensiones, llegando a disecar setenta y seis cóndores.»
«Ya sin dinero pidió ayuda al virrey Juniet para construir una máquina basada en sus estudios. El virrey pidió opinión de la Real Audiencia, la que a su vez encomendó el caso al matemático Cosme Bueno, quien hizo correr el rumor que Cárdenas volaría ese día desde el cerro San Cristóbal hasta la Plaza Mayor.»
«No solo no voló sino que estaba en la Catedral, por lo que fue agredido y fueron necesarias tropas del virrey para salvarlo de ser colgado. Cosme Bueno publicó entonces lo que llamó Disertación sobre el arte de volar, donde demostraba matemáticamente que period imposible que el ser humano lograra moverse por el aire en máquina alguna.»
– Esto sí que es divertido.
– Ya ven cómo period difícil el camino de esos pioneros. En mil ochocientos cuarenta el industrial Henson, fabricante de planeadores, patentó un aparato monoplano sea con alas en un mismo plano y movido por un motor de vapor. Muchos se lanzaron más tarde a diseñar y proponer monoplanos, biplanos y triplanos que aseguraban podrían ser movidos por distintos tipos de motores en caso de lograr fabricarlos. Uno de ellos llamado Chanute tomó como aprendices a dos fabricantes de bicicletas llamados Wilbur y Orville Wright, de los que seguramente ya habrán escuchado sus historias.
– Sí, pero vale que continúes sin cortar.
– Sigo. Estos muchachos proyectaron una máquina que mediante un motor moviera dos hélices y el diecisiete de diciembre de mil novecientos tres lograron despegar en un biplano llamado Flyer haciendo cuatro vuelos, de doce segundos el primero y cincuenta y seis segundos el último. Fue en la localidad de Kitty Hawk que desde entonces es famosa en todo el mundo.»
«En mil novecientos siete Wilbur viajó a Europa para presentar su invento y se encontró con que Santos Dumont ya había construido un avión y establecido el primer document mundial con treinta y siete y medio kilómetros por hora. Tres años después un diseñador de aviones llamado Glenn Curtis inventó el sistema de alerones y además logró acuatizar colocando bolsas de aire en la estructura. Lamentablemente llegó la primera guerra mundial y los aviones pasaron a diseñarse en función de sus posibilidades de uso como herramientas para matar. El holandés Fokker les adosó una ametralladora sincronizada con la hélice y otros le agregaron bombas. Mal uso para algo que nació en paz.»
– Imagino el entusiasmo por volar de los muchachos -sentenció una voz desde un extremo del tablón que servía de mesa-.
– Por supuesto que había entusiasmo y también desafíos. Por ejemplo el veinticinco de julio de mil novecientos nueve Louis Blériot cruzó el canal de Las Mancha en treinta y cinco minutos y medio ganando un premio de mil libras esterlinas. En mil novecientos trece se ofrecieron diez mil libras a quien cruzara el Atlántico Norte sin escalas, pero la primera guerra suspendió el concurso y en el año diecinueve, terminada la carnicería, dos veteranos aviadores, Alcock y Brown, se lanzaron a ganar el premio, y me permito explayarme en detalles porque es una de las más grandes hazañas de la aviación, pocas veces recordada.
– Claro que te lo permitimos. Es más, te lo pedimos.
– Gracias. Utilizaron un biplano Vickers de seis toneladas, con dos motores de setecientos caballos de potencia. Partieron de Terranova el catorce de junio con la ayuda de un mapa Mercator y un sextante naval.
– ¿Cómo es eso del mapa?
– Simple. En el mil quinientos un tal Gerhard Mercator desarrolló sobre una hoja plana la geografía de la esfera terrestre, sistema que aún hoy se utiliza con el nombre de planisferio. Pero sigo con lo que relataba. El sextante permite ubicar una posición mediante la observación de los astros. Y partieron, como decía, pero se encontraron con mucha niebla que impedía ubicarse con los astros, la precaria radio no funcionaba y entraron a una gran tormenta. Cayeron en picada hasta enderezar a metros del agua. El frío formaba hielo en las alas y Brown se trepó con un cuchillo y lo picó por largos momentos. Después de dieciséis interminables horas cayeron en un pantano de Irlanda y ganaron el premio.
– Lindo par de locos.
– La locura por llegar a conocer que hay más allá, si la podemos llamar así, es lo que ha hecho crecer a la humanidad en todos los sentidos -señaló Don Ariel con solvencia-. Pero dejemos que Fosforito nos siga contando, que esto se ha puesto lindo.
– Cierto, sigamos -agregó el Vasco-.
– Bueno, hubo otros aventureros más como Keit y Smith que unieron Inglaterra con Australia en menos de treinta días en el diecinueve. En mayo de mil novecientos veintisiete Charles Lindberg cruzó el Atlántico desde Nueva York a París en un vuelo solitario de treinta y tres horas y media. Su avión se llamaba Spirit of Saint Louis.»
«Ya en estos días vemos esos nuevos aviones que se mueven con propulsión a chorro, lo que permite superar la limitación que las hélices tenían en los anteriores, de ochocientos kilómetros por hora. Y aquí estamos, testigos de un avance fabuloso de la navegación aérea.»
– También están los helicópteros.
– Sí, pero eso queda para el próximo asado, así tenemos ya un motivo para hacerlo -concluyó sonriendo Fosforito-.
Y así no más fue. Habiendo trascendido por comentarios lo interesante que había sido la charla anterior, se sumaron algunos muchachos de aquella vieja barra pidiendo escuchar y colaborando con el gasto, eso sí.-
Fosforito estaba filoso, como definía Don Ariel, así que esperó ansioso que terminara la comida ya que el asado a punto tiene siempre absoluta prioridad, y arrancó con solvencia teniendo a mano los apuntes.-
– Habíamos terminado con los aviones y venían ahora los helicópteros, de los cuales no tengo mucho por decir, pero si de los intentos de llegar cada vez más alto y también de salir del planeta. Veamos, y les pido disculpas por recurrir a fechas exactas pues es necesario ubicarse bien en los momentos en que ocurrían estas cosas.»
«La thought de levantar vuelo y aterrizar verticalmente ya había sido elaborada por Leonardo da Vinci que diseñó lo que llamó ornitóptero. En mil novecientos siete se hizo el primer vuelo vertical precursor del helicóptero.»
«Después, durante la primera guerra mundial que conocemos como la guerra del catorce Petroczy y Karman, dos austrohúngaros, diseñaron un helicóptero con capacidad para siete personas, armado con una ametralladora. Ya en el año veintitrés el ingeniero español Juan de la Cierva inventa el autogiro, una combinación de avión y helicóptero que con cuatro paletas en lugar de alas ascendía y descendía verticalmente con el motor de avance horizontal detenido. Sobre estas concepts se llegó al sistema precise con distintos modelos.
«Pero compensado lo poco dicho sobre el helicóptero, quiero contarles sobre la thought de subir cada vez más alto, sin pensar en límites. En mil ochocientos cuatro dos franceses, Luzca y Biot alcanzaron los siete mil metros con un globo de los ideados por los hermanos Montgolfier. Sesenta años después los ingleses Coxwell y Glaisher llegaron a los ocho mil metros. En mil ochocientos setenta y cinco cuatro científicos, tres de los cuales se llamaban Tissandier, Sivet y Crocé-Spinelli ya que del cuarto no tengo datos, subieron hasta los ocho mil seiscientos metros. Al descender el globo se encontraron tres cadáveres congelados y un sobreviviente agonizando.»
– Tremendo -comentó Saúl, que no perdía palabra.
– Sí. Lo mismo les pasó al norteamericano Grey que pese a llevar abrigo y oxígeno murió después de alcanzar casi trece mil metros y al español Molas con as soon as mil metros. Un inventor llamado Mazurek propuso utilizar barquillas herméticas y así entonces un ingeniero suizo llamado Augusto Piccard arañó los quince mil ochocientos metros en el año mil novecientos treinta y uno y los diecisiete mil en el año siguiente.
-¿Ese Piccard es el que la radio dijo que exploraba el fondo del mar?
Y fue Don Ariel el que respondió.-
– El mismo. Se sumergió más de tres mil metros en un artefacto que él mismo construyó denominado batiscafo. Pero estamos hablando del aire, así que dejemos el agua para otro momento.
– Y siempre lejos del vino -agregó risueño Sebastián Cabrera, uno de los últimos en llegar-.
– Sigo, si me permiten -retomó Fosforito con autoridad, generando silencio-. Ya con los globos se había alcanzado lo máximo casi máximo, así que la mirada de los audaces estaba en los otros astros. Galileo Galilei había descubierto en el siglo quince las cuatro lunas de Júpiter, las fases de Venus, las manchas solares y numerosas estrellas, así que las ganas de alcanzar algún cuerpo de afuera llenaban la imaginación, como nos pasa a cualquiera de nosotros cuando miramos hacia arriba.
Y algunos levantaron la cabeza hacia el cielo estrellado.-
– Claro que primero se volcó la imaginación a escribir cuentos y novelas, con gran aceptación de los lectores de cada época. Ya en el año ciento cincuenta un filósofo griego llamado Luciano de Samasota, autor de muchas obras que sería largo detallar, escribe dos libros llamados Icaromenipo e Historia Verdadera. En el primero Menipo provisto de un ala de de águila y otra de buitre llega a la Luna y de allí confirma que la Tierra es esférica y cuando quiere ir al Sol los dioses lo devuelven a la Tierra, por atrevido. En el otro libro un barco es elevado hasta la Luna por una tromba y allí sus tripulantes observan la lucha entre el rey Sol y el rey Luna con ejércitos montados en pulgas gigantes y guerreros de enormes dimensiones. En el siglo dieciséis el italiano Ludovico Ariosto publica un poema llamado Orlando Furioso donde un tal Astolfo viaja a la Luna en busca de los talentos perdidos de Orlando.
– ¿Era un tipo muy ingenioso ese Orlando, digo… talentoso? -se escuchó-.
– No es eso. Los talentos eran una moneda corriente en Asia y Grecia, con valor basado en su peso y que se dividía en sesenta minas y éstas en cien dracmas. Como les decía, Astolfo viajó a la Luna, y allí encontró ríos, ciudades y las riquezas perdidas que buscaba. En el mil seiscientos el astrónomo Kepler publica una obra que llamó Somnium donde cube que en la Luna había dos caras, una congelada y otra casi ardiente, habitadas por monstruos que vivían en cavernas. En mil seiscientos treinta y ocho un Obispo inglés de apellido Goldwin da a conocer El Hombre en la Luna donde un tal Domingo Gonsález, con ese y no con dos zetas, encuentra un pueblo que deporta a los criminales nada menos que hacia la Tierra.
– Por lo que vemos y escuchamos muchas veces parecería que eso es cierto -sentenció el Vasco, que había sufrido en carne propia los avatares de la guerra civil en su patria-. Disculpe usted. Siga.
– Bueno, está disculpado. Un escritor francés llamado Cyrano de Bergerac escribió la Historia cómica de los Estados e Imperios de la Luna, donde aparecen hombres con cuatro piernas, armas que cazaban sus presas, iluminación con luciérnagas y con luz del sol guardada en globos. Luego sale la Historia de los Estados e Imperios del Sol, donde el calor del astro eleva una caja de cristal hermética en un viaje de veintidós meses.
– ¿Y eso se leía?
– Claro que sí. En mil setecientos cinco Daniel Foe, que luego cambió a Defoe, publica las Memorias de un mundo en la Luna. Cincuenta años después François Marie Arouet, que tomó el nombre de Voltaire, escribió Micromegas protagonizada por seres que viajaban montados en cometas siderales y provenían de Saturno y la estrella Sirius.
«Salteando otros para no aburrir, vale nombrar a Julio Verne que en De la Tierra a la Luna anticipa el uso de cohetes para impulsar las naves, y después vamos a hablar de otro anticipo hecho por este genio de las letras.»
«Respecto de los cohetes sabemos que los inventaron los chinos. Los usaron para detener a los mongoles de Kublai Khan. Bastante más adelante, Sir William Congreve inventó uno que lleva su nombre y con el que atacó la flota de Napoleón en Boulogne. Se volvieron a usar en las batallas de Leipzig y Waterloo y el sitio de Copenhague. Por estos lados el almirante Cochrane, jefe de la flota inglesa que trasladó a San Martín, destruyó las baterías de El Callao mediante cohetes disparados desde sus barcos.»
«Y les agrego dos curiosidades. La primera ocurrió a mediados del mil ochocientos en Rostemberg, Prusia de entonces, donde un tal Henry Franker construyó un cohete gigantesco con el que se hizo disparar apuntando a la Luna. Desapareció en segundos y nunca más se supo de él.»
Ruidosas carcajadas interrumpieron el relato y Sebastián Cabrera aprovechó para recargar de buen vino los vasos vacíos que parecían rogarlo con sus grandes bocas abiertas al cielo.-
– ¿Y la otra curiosidad?
– La otra ocurrió en la India, donde Esteban Smith desarrolló un cohete con el que envió un gallo y una gallina por encima del río Damodar alcanzando siete mil doscientos kilómetros por hora.
Solo un silbido se dejó escuchar en la atónita concurrencia.
Retomando algo dicho antes, alguien preguntó.
– Se dijo que ese tal Menipo confirmó que la Tierra period redonda. ¿No period que hasta que llegó Colón a estos lados se pensaba que era plana, sostenida por elefantes tortugas gigantes, cosa así?
– Se equivoca mi querido amigo. Ya doscientos cincuenta años antes de Jesucristo el sabio Eratóstenes, director de la lamentablemente destruida biblioteca de Alejandría, calculó la circunferencia de la Tierra con una diferencia de noventa kilómetros respecto de las mediciones actuales. Y si no lo creen hay libros en la biblioteca de Don Ariel que lo corroboran.
– ¿Y cómo lo hizo? ¿Caminó midiendo con un metro dando la vuelta? -preguntó con malicia Sebastián Cabrera, provocando una carcajada basic-.
Y hubo que esperar que se calmaran las risas.-
– No caminó ni le hizo falta. Lo hizo midiendo la sombra que proyectaba un obelisco y comparándola con la iluminación vertical exacta que hacía el sol en un pozo distante, todo a la misma hora. Aplicó teoremas geométricos de un tal Pitágoras y listo, dedujo cuánto medía la circunferencia terrestre. Les podría desarrollar en pocas palabras el método, pero no es del caso en este momento.
Se produjo un silencio casi reverencial. Claro que calcular algo así dejaba mudo a cualquiera.
– Y hay otro tema, el de los engaños con historias de extraterrestres, pero se lo dejo a Don Ariel que sabe mucho del asunto y merece la palabra.
– Gracias, Fosforito. Será para el otro momento. Solo que quiero cerrar esta interesante reunión señalando algo reciente. En estos días todos hemos quedado asombrados por ese nuevo artefacto llamado satélite artificial, que gira y gira sin caer. Afinando la mirada hemos podido observar su paso.
– Cierto, los rusos lo tiraron con un cohetazo enorme y allá está dando vueltas -retomó Fosforito-.
– Pues bien. Les dije de otro anticipo de Julio Verne. Sabrán que la posibilidad de que algo quede dando vueltas sin caer ya la señaló en su novela Los quinientos millones de la Begum donde cuenta que un señor quería destruir una ciudad y para lograrlo fabrica un enorme obús y hace un disparo desde lejos. Uno de los habitantes de la ciudad supuestamente condenada a la destrucción, el ingeniero Marcel Brukmann, le escribe al dueño del obús señalándole que por la noche se vio pasar la carga por encima de la ciudad dirigiéndose hacia el oeste sin caer ni causar daño pues continuaría dando vueltas por los siglos de los siglos, ya que un proyectil animado por una velocidad de diez mil metros por segundo, combinado con la atracción de la Tierra, la dirección y la altura nunca podrá caer, afirma con solvencia. ¿Y saben una cosa? Leí en un diario que el satélite de los rusos tiene una velocidad de ocho mil metros por segundo, así que Don Julio Verne lo anticipó con una diferencia insignificante. Todo un sabio.
– ¿Y usted cree que el hombre seguirá buscando salir hacia el espacio?
– Claro que sí. El futuro del hombre está en el espacio. Su consigna será: Los pies en la Tierra y la mirada en el Cielo.
Con el tiempo Fosforito llegó a piloto civil, manejó un avión fumigador, luego un monomotor de cuatro plazas de un hacendado, hasta que finalmente pudo tener el propio cuando ya peinaba canas.-
Siempre recordó que sin la sorpresa de Don Ariel su vida hubiera sido otra. Tal vez igualmente exitosa pero nunca tan emocionante.-
IGLESIA
El ómnibus que venía de la capital tres veces por semana se hacía escuchar desde lejos, no porque esa fuera su intención sino por el ruido del motor que retumbaba en el silencio de la mañana la tarde, según el día.-
Period inconfundible y siempre despertaba alguna curiosidad por saber quienes llegaban y quienes se iban. Había tan pocas cosas por las que interesarse que al menos esa crónica de viajeros acercaba un tema para alguna conversación entre las matronas mientras barrían las veredas compraban mercaderías.-
Su paso por las calles de tierra levantaba una nube de polvo casi impalpable que se depositaba suavemente sobre las plantas de los jardines, la ropa tendida a secar, el pelo recién lavado, la comida en preparación. Todo tenía el sello y el sabor de la tierra y la resignación acallaba alguno que otro improperio.-
Las hojas de los malvones y rosales adquirían una tonalidad ocre que persistía aún después de un riego que intentaba limpieza.-
Los perros se sacudían al levantarse como si estuvieran mojados, y desparramaban polvillo en todas direcciones. De vez en cuando, si estaban muy aburridos, corrían a la par del ómnibus tirando tarascones supuestamente furiosos a las ruedas. Un par de metros más adelante desistían de la persecución ya que las ruedas, indiferentes, seguían su marcha.-
A media tarde de un sábado caluroso de febrero descendió un personaje inesperado. Delgado, alto, cabello negro muy corto, nariz aguileña soportando unos anteojos cuadrados de marco colour ébano.-
Portando un maletín en la mano izquierda, bajó lentamente la escalerilla, como meditando cada paso y se detuvo mirando a todos lados. Saco y pantalón negros con tonos marrones-rojizos aportados por el polvo del camino y garganta cerrada mostrando un alzacuello.-
– ¿Cura nuevo? -preguntó el comisario, que siempre se acercaba a curiosear acompañado por algún agente aburrido.
– ¿No sabía usted? -respondió Pedrito Castro, acompañante de chofer, vendedor de boletos, maletero y casi guía turístico de los nuevos viajeros, siempre curiosos-. Se nos va el cura Nicolás. Los trasladan…. Pero mejor pregúntele al maestro, que ahí viene bajando.
En efecto, detrás de la sorpresiva figura descendió el maestro, viajero frecuente.
– Diga maestro, ¿es cierto eso del traslado de Nicolás?
Por lo basic en el pueblo se obviaba nombrarlo como Padre. Simplemente era Nicolás, uno más de la gran fraternidad de buenos vecinos. Y el clérigo lo aceptaba gustoso pues reducía posibles diferencias y distancias.-
– Vea, comisario. He podido conversar con el nuevo porque me llamó la atención su presencia. Me confirmó que venía a reemplazar a nuestro amigo.
– ¿Por….?
– Castigado. Parece que le hizo una trampa al Obispo sobre algunas cuestiones de la Iglesia. Usted sabe que siempre que algo no le gusta no se queda callado ni quieto, le cuadre a quien sea.
– ¿En serio que le corcoveó al Obispo…..?
– Casi. Tenía una revista Leoplán con fotos de los museos y tesoros del Vaticano y le intercaló las de los chicos hambrientos del norte que trajo mi primo el médico, y que Nicolás me había pedido prestadas, sin devolverlas porque le pedí que las conservara en su poder. Dejó la revista como olvidada en una mesa del obispado en la capital. Claro que enseguida supieron que había sido él porque le conocen el carácter y lo tienen entre ojos. Así que le salió el traslado para la parroquia de Niñiquipe.
– ¿Y eso dónde queda?
– Nadie sabe. Ni siquiera Nicolás. Parece que cuando desde allá arriba quieren sacarse algún cura molesto lo trasladan a un pueblo que no existe, así mientras trata de encontrarlo en el mapa se recluye en algún convento en el campo en cualquier otro lado sin feligreses a los que contaminar con concepts digamos….peligrosas. Una forma de anularlo y dejarlo callado mientras trata inútilmente de ubicar en algún mapa su inexistente nuevo destino.
El comisario se acercó lentamente al recién llegado. Le tendió la mano presentándose.-
– Comisario Cuevas, mucho gusto, señor……
– Benítez, Padre Ceferino Benítez. Mucho gusto señor comisario.
– Cuente con mi buena disposición y la de mis agentes, Padre, aunque le aclaro que no me gusta para nada la forma en que lo han nombrado párroco de este pueblo. Nicolás más que un cura es un gran amigo y duele saber lo que ha pasado.
– A mí tampoco me gusta mucho esta situación, aunque me parece inapropiado opinar sobre las decisiones de mis superiores. Solo quisiera me indiquen cómo llegar hasta la parroquia. Tengo que ver a mi par.
– Por supuesto. Ya mismo lo hago acompañar por un agente -señaló mientras ayudaba a cargar una valija desvencijada- y permítame un comentario, aunque usted dirá que no me importa. Se supone que un cura viste siempre de sotana, aunque aquí Nicolás, perdón, el Padre Nicolás a veces se la saca para hacer trabajos manuales, sobre todo el jardín y la huerta del fondo de la parroquia.
– Pasa, comisario, que me enteré de la polvareda que acompaña al ómnibus y no quise llenar de tierra una de mis dos únicas y desgastadas sotanas. Así que me vestí de esta forma que también está autorizada, por cierto, aunque se usa poco. Quiero estar presentable para la misa de mañana.
– Agente -llamó el comisario cortando la explicación-, acompañe al señor cura hasta la parroquia, señálele algunas de las lindezas del pueblo, y cuide su boca. Nada de malas palabras.
Con una inevitable sonrisa el recién llegado se despidió de la autoridad marchando junto al policía asignado.-
Cura y agente se encaminaron conversando banalidades y detrás, como convocadas por inexistentes sirenas lejanos tambores rituales, comenzaron a aparecer maduras mujeres. La noticia de la llegada, como todas las que corren de boca en boca, ya se había difundido.-
Todas las habituales y asiduas colaboradoras de la parroquia querían conocer al nuevo cura. Vestidas con sencillez y portando el infaltable rosario de cuentas blancas que una de ellas solía traer de la capital para la venta junto con estampitas, velas y otros artículos religiosos, las señoras apuraban el paso queriendo cada una ser la primera en saludar al flamante párroco. Ya el cura Nicolás les había anticipado del cambio esa mañana a las señoras que, como todos los sábados, concurrían a repasar la limpieza de bancos, altar y pisos, además de distribuir los ajados y amarillentos libros con los cánticos a entonar en la única misa del domingo, suficiente para todos y que permitía los encuentros sociales que no se daban en el transcurso de la semana. Y éstas rápidamente lo hicieron saber al resto.-
Alcanzaron a los caminantes justo frente a la entrada de la casa adyacente a la parroquia, vivienda del titular. Resignadamente tuvieron que esperar otra oportunidad ya que no se podía saber el momento en que podrían conversar con el Padre Benítez. El nombre ya había trascendido.-
En el inside los dos representantes de Dios intercambiaron un apretón de manos, sentándose frente a una mesa cubierta por un mantel impecable de delicados bordados donde reposaba una jarra con limonada fresca y sabrosos pasteles hojaldrados rebosantes de almíbar y grageas que todos los sábados preparaba doña Leonor Ávila, encargada del servicio doméstico y pagada con aportes de todos los que apreciaban a Nicolás, que no eran pocos incluyendo algunos no concurrentes ni creyentes, como Don Ariel Funes.-
Doña Leonor fue testigo privilegiada del encuentro entre los religiosos, pues entre idas y venidas observando que hubiera suficiente limonada y pastelitos, tampoco permitía que faltaran oídos atentos a la conversación.-
Nicolás atendió las formalidades del viaje de su reemplazante, estado del camino que ya sabía era pésimo, su familia, cansancio, and so on. En fin, todas esas cosas que se preguntan a un recién llegado simulando que realmente interesan.-
También se explayó sobre el lugar.-
– Verá, Padre Benítez, este es un pueblo muy particular. Hay gente humilde y no tanto, religiosa y no tanto, culta y no tanto. Todos sin maldad y solo tal vez con alguna exageración en su forma de expresarse. Hay personas de distintas creencias y los locales de cada culto, incluyendo esta parroquia, están abiertos para todos. No se asombre si viene en cualquier momento Don Nathan Berenstein el judío cabeza de su comunidad, Don Ariel Funes el mecánico, manifiestamente agnóstico, a tratar algún tema de la vecindad simplemente a conversar saboreando unos mates. No miramos ni buscamos diferencias sino coincidencias, y el interés por los demás es preocupación de todos, con y sin religión. ¿Me explico?
– Clarísimo. Monseñor ya me ha dado alguna información al respecto. También me pidió que, sin cerrar puertas, marque las diferencias y preserve la autoridad que nos corresponde como depositarios de la verdad revelada y la palabra divina.-
– Procure que la autoridad que usted dice impondrá no sea pisando la dignidad de las personas. Tenemos sobre nuestras espaldas siglos de experiencias de ese tipo con resultados desastrosos.
– Pasa -respondió Benítez con cierta dureza- que tal vez aquí se ha desgastado el principio de autoridad y respeto. Sin ir más lejos, su conducta con las fotos dentro de la revista ha sido poco afortunada y confirma las palabras de Monseñor.
– Yo solamente le comento mis puntos de vista. Y lo de las fotos, contraponiéndolas a un exhibicionismo de riquezas casi obsceno, merecería que me explaye pero no quiero en este momento poner tensiones sobre el tapete. Tal vez lo haga más adelante, ya que me han dado unos días para presentarme en el obispado.
«Mientras tanto vaya haciéndose cargo de algunas urgencias. El próximo sábado es la fiesta patronal y ya está bastante avanzada la organización por parte de las señoras que usted irá conociendo. Yo, a partir de este momento, soy su colaborador solamente. Usted es el párroco a cargo.»
Y tendiéndole la mano, Nicolás dio por terminado el encuentro.-
– Tengo que arreglar algunas cosas pendientes antes de viajar, así que Doña Leonor, la señora que usted ya conoce, le mostrará bien el lugar y su habitación, que está preparada para que descanse.
Con gesto serio, nunca visto en él, salió saludando con un movimiento de cabeza a las pocas señoras que quedaban esperando en la puerta, las que se dispersaron rápidamente.-
– Parece que la cosa no viene nada bien -señaló una de ellas, persignándose-.
La misa del domingo pasó sin mayores comentarios. El nuevo párroco se presentó ante una feligresía más numerosa que de costumbre, ya que la curiosidad despertó la fe y convocó a varios alejados de la práctica dominical. Una corta biografía, alguna semblanza sobre los deberes y mandamientos que debían regir la vida de los fieles, y un sermón excesivamente cargado de citas del Evangelio que algunos no terminaron de entender, marcaron el debut del recién llegado.-
De todos modos, la figura del nuevo ya estaba siendo cuestionada al trascender la conversación que Doña Leonor repitió textualmente en la reunión de programación de la fiesta patronal.-
El lunes en el taller el cambio de curas fue motivo principal de conversación, marcando una excepción en cuanto a desatención del trabajo.-
– No me quiero meter con las cuestiones religiosas -expresó Don Ariel- pero considero que Nicolás es un puntal de esta sencilla sociedad y no veo necesidad de cambiar nuestra forma de vida ni de renegar de todo cuanto el cura nos ha inculcado.
«Los niños tienen buena guía y solo cometen algunas travesuras de poca monta, nunca un delito. A los jóvenes los entiende en sus arrebatos y los orienta sin agredirlos ni llenarlos de culpas, y a nosotros los viejos nos aporta siempre buenas dosis de criterio social que van más allá de una formalidad religiosa específica. Es todo un sabio.»
– Creo que deberíamos quejarnos al Obispo -agregó Fosforito- para que no se largue a hacer macanas en contra del pueblo.
– No. Todavía no. Lo que propongo es que organicemos una despedida para Nicolás, y ahí lo escuchemos. Según lo que se diga le consultamos.
– ¿Así que dejamos pasar la fiesta patronal sin hacer algo?
– Es lo que creo mejor. Si ustedes tienen otra concept la vemos.
Hubo acuerdo basic. Hasta Saúl tuvo una posición coincidente, pese a su religión. Su amistad y la de su padre con el cura Nicolás superaban cualquier diferencia formal ideológica.-
Para los festejos patronales del sábado siguiente, proyectados en un remodelado tinglado donde se juntaban las bolsas de cereales en épocas de cosechas, Sebastián Cabrera y su grupo se ofrecieron a colaborar en la preparación de las empanadas, ayuda que fue bien recibida por la comisión de damas organizadoras.-
Estos colaboradores pusieron todo el esmero necesario para que la comida fuera un éxito ya que estarían presentes los intendentes y jefes de comunas vecinas, comisarios, jefes de Correo, hacendados y, sobre todo, el Obispo, que llegaría desde la capital para presidir la procesión y avalar su decisión de cambios.-
Los festejos comenzaron temprano con una procesión donde, como corresponde, las autoridades locales y de poblaciones vecinas formaban en las primeras filas y hacia atrás los de menor jerarquía, terminando con los más humildes. Orden inverso al de la fe religiosa, pero esa period otra cuestión.-
Feria de platos, carreras cuadreras, alguna que otra trifulca entre adolescentes, dieron continuidad a los festejos hasta que se ocultó el sol.-
De a poco se fue colmando el tinglado para la cena de cierre. Ingresaban, con calculados tiempos entre sí, robustos estancieros vestidos con cuidadas bombachas de plisados perfectos y relucientes botas cortas de acordeonado perfecto, rastras de plata en filigrana destacándose en cintos pletóricos de monedas, facones de empuñaduras y vainas talladas en oro y plata, chalecos con sombrero haciendo juego, pañuelos blancos prolijamente anudados al cuello y ponchos marrones cuidadosamente doblados sobre el hombro izquierdo.-
Estos portentosos entraban al lugar acompañados por sus esposas tomadas del brazo del lado del poncho, saludando con la cabeza a ambos lados y tocando el ala del sombrero ante alguna dama a la que querían hacer alguna distinción. Detrás la prole con las mujeres al medio y los varones a los costados, como custodiando.-
Comisarios y demás integrantes de los destacamentos aledaños lucían las mejores galas, sin faltar las armas en cartucheras bien lustradas y el sable corto, símbolo de autoridad.-
Figuras importantes de otros pueblos como intendentes, jefes comunales, gerentes de bancos y jefes del Correo vestían esmerados trajes como mínimo de saco y corbata. Los demás, sin cargos que ostentar, llevaban como vestimentas las simplezas propias de la vida pueblerina. Si en resumidas cuentas todos eran conocidos, aducían.-
La fiesta avanzaba animadamente. Desde un viejo tocadiscos se intentaba superar el bullicio de las conversaciones con viejas grabaciones de Ernesto Olivera ejecutando conocidas canciones en el publicitado órgano que habla”, articulos de belleza online más Glen Miller, Juan D´Arienzo y otros artistas siempre vigentes, que se mezclaban con la originalidad de Nicola Paone, discos todos rescatados de un viejo mueble donado a la parroquia por los hijos de Domingo Santiso.-
Una mesa larga de tablones de varios orígenes y en forma de U permitía a todos participar de la cena sin que alguien se sintiera desplazado.-
Servilletas de papel prolijamente distribuidas guardaban simetría con botellas de vino llenadas desde damajuanas de dudosas marcas, intercaladas con sifones de vidrio esmerilado por el uso, botellitas de agua endulzada con azúcar acaramelada y gasificadas en la sodería de Jacinto Prieto a las que se conocían con el nombre de Toral y que competían con las Chinchibirra con tapón de bolillón de vidrio sostenido por un entramado de alambres y traídas desde la capital, más jarras de granadina con un toque de limón. Una verdadera pinturita, según definió una de las damas del comité de festejos.-
En grupos, las mujeres comentaban las últimas peripecias de la radionovela mientras los hombres discutían si las increíbles atajadas históricas de Miguel Rugilo, el León de Wembley” eran mejores que las de Elías Musimessi, el Arquerito cantor”.-
En otro rincón algunos aficionados a las carreras de caballos, autodenominados burreros intercambiaban anécdotas de Penny Post, Yatasto y Mangangá, al que algunos nombraban como Mamangá.-
En el baño de las damas una mano anónima, seguramente del grupo de graciosos, había colgado una enorme araña fabricada con alambres, abultada con hilo cuidadosamente enrollado y cubierta de lana negra. Hubo gritos y corridas hasta que se aclaró la broma.-
En el de hombres un escrito en la pared señalaba: No ensusiar” y debajo, con la letra de Sebastián Cabrera y una flecha marcando el error ortográfico se apuntaba: Es con C pedaso de vruto”. Cosas del incorregible Sebastián.-
Pero he aquí que, siguiendo lo que es una tradición en el campo, se preparó la empanada sorpresa, que se destina a una persona en especial para divertirse a su costa. Normalmente se la hace rellena de algodón aunque otros prefieren colocar un rollito de hilo choricero con las puntas en cada extremo de la masa. A falta de estos elementos y estando ya en marcha la fritada de las sabrosas piezas, los muchachos armaron una con un naipe doblado. La cocción en grasa bien caliente le dio un cuerpo apetitoso apropiado para pecar de gula. Destinatario: El comisario Ledesma, recién designado en el pueblo vecino, que concurría de elegante uniforme de gala acompañado por su esposa y dos hijos. Casi un ritual de bienvenida a la zona y que varios habían padecido ya.-
Todo iba bien hasta que alguien alertó: Se había perdido la empanada sorpresa y las bandejas bien surtidas ya recorrían las mesas para deleite de los comensales.-
Cuando sintieron un revuelo, los bromistas corrieron hacia la punta de la mesa rogando ver al flamante comisario con el resultado de su jugarreta, pero no fue así. Se encontraron con el Obispo sosteniendo entre sus dientes una arrugada sota de espada enchastrada en grasa mientras las damas y el cura Benítez rezaban, aterrorizados, para que los tragara la tierra. El cura Nicolás, algo apartado, reía sin parar casi con ánimo de desquite.-
El revuelo se atenuó cuando el Obispo extrajo lentamente el sorprendente relleno de su boca y estalló en una ruidosa carcajada, completando el alivio de los responsables al palmear la espalda del nuevo cura y felicitarlo por hacer que la reunión no fuera solemne sino divertida. Toda una muestra de apoyo sabiendo de las expresiones poco favorables que había tenido su decisión.-
Desde entonces Sebastián y los muchachos siguieron colaborando en las fiestas, pero siempre lejos de las empanadas.-
La noche siguiente se hizo el anunciado asado de despedida del cura Nicolás utilizando las mismas instalaciones, los mismos tablones y las mismas parrillas. Solo que los concurrentes no fueron solamente muchos de los anteriores sino que se sumaron aquellos ajenos a la cuestión religiosa. Don Nathan Berenstein, Saúl su hijo, un Pastor protestante de visita sistemática cada mes y amigo de Nicolás, Don Ariel Funes, sus mecánicos y también algunos ateos.-
Había vecinos de la zona rural y de otros poblados cercanos donde siempre llegaba el permanente accionar comunitario del apartado sacerdote.-
También se hizo presente el reemplazante, considerando que correspondía asistir por cortesía y, además, para ir acercando gente a su función que después de todo no había elegido sino le había sido impuesta.-
La ausencia más notoria respecto del día anterior era la del Obispo que argumentando razones ineludibles optó por volverse la misma noche del sábado. Seguramente, y conociendo el carácter del cura saliente, prefirió evitar un momento desagradable ante la feligresía y menos aún ante los disidentes.-
Sobre el final de la comida, Fosforito tomó el micrófono.
– Como estaba ya anunciado, Don Ariel Funes hablará a los postres. Así que le cedo la palabra.
Aplausos.-
– Permítanme corregir. Si hablo a los postres no creo que me escuchen ni me entiendan. Qué sabe un postre de palabrerío. Prefiero hablarles a ustedes, mis amigos y no a las tortas preparadas por las damas hacendosas a la bolsa de naranjas que generosamente ha donado nuestro amigo el Vasco Gómez.
Risas de todo tono acompañaron sus ingeniosas palabras.-
– Seré muy breve pues quien tiene mucho por decirnos es el homenajeado.
«Hay aquí presente una verdadera multitud si tenemos en cuenta la cantidad de habitantes que tiene este pueblo y su zona aledaña. Y también merece señalarse la variedad de concepts y creencias que se han agrupado en esta reunión alrededor del gran amigo Nicolás.»
«Es por todos conocida su hombría de bien. No es solo su función sacerdotal lo que lo mueve, porque hay algunos de su misma actividad que no son capaces de dar una mano con la espontaneidad con que lo hace Nicolás. Hay en él una calidad humana que supera las creencias y por eso no ha tenido inconvenientes ni reparos en aunarse con todos en busca de mejorar la condición humana.»
«Todos saben que soy declarado agnóstico porque creo que es inaccesible al entendimiento humano el conocimiento de lo absoluto y en especial la existencia y naturaleza de Dios, aunque no lo niego como los ateos. Solo sostengo que no tiene capacidad la mente humana para conocerlo y entenderlo. Y aún así somos grandes amigos con Nicolás, quien intenta convencerme de cambiar, lo reconozco, aunque sin éxito, tendrá que reconocerlo.»
«Y por lo que a medias sabemos, ha sido su carácter el desencadenante de aquello por lo cual hoy estamos aquí todos juntos.»
«Bueno, los que lo conocemos de años podemos afirmar sin temor a equivocarnos que es duro cuando algo lo indigna. Y un consejo les doy a los que poco lo han tratado: Cuando arremete más vale no cruzarle el caballo. Si no pueden cabalgarle al costado mejor se apartan, pero no se le crucen porque los llevará por delante sin miramientos.»
– ¡Eh, Don Ariel, no asuste a los vecinos! -se defendió el aludido, sonriente-.
– Mal no les viene saberlo. Sigo. No nos satisface ni entendemos por qué se lo saca de esta comunidad que lo aprecia, lo quiere y lo respeta. Usted ha desarrollado un espíritu solidario donde todos velamos por colaborar sin buscar réditos económicos.
– Me consta -dijo el vasco Gómez- pues con la plaga de langostas no quedó mano sin auxiliar y me ayudaron a salvar el tambo, y a otros les pasó algo comparable. Esto para los de afuera que no vieron lo que pasamos por acá, y el cura Nicolás estaba presente en todos lados, arremangado y poniendo el hombro como el que más.
Un murmullo aprobatorio siguió al comentario, y el discursante retomó la palabra.-
– Le cedo el micrófono amigo Nicolás, porque estamos ansiosos de conocer lo ocurrido y sobre todo su opinión al respecto.
– Gracias Don Ariel -respondió el cura, tomando el micrófono con mano firme-.
«Me piden ustedes una explicación por lo ocurrido y hay cosas que pueden no ser explicadas, lo que no significa que puedan ser justificadas. Explicar es dar un desarrollo de los hechos, una descripción de situaciones que llevan a un acontecimiento y relatar el mismo. Se puede explicar por qué se rompió un vidrio simplemente relatando los movimientos desde que se tomó una piedra, se observó el destino, se la arrojó con violencia, etcétera. Pero, ¿está justificado el hecho? Esa es la diferencia. La explicación no siempre sirve de justificativo.»
«La explicación de lo acontecido es así: El maestro Cardozo, amigo aquí presente, me había mostrado unas fotografías obtenidas por su primo el médico allá en una comunidad indígena de la zona boscosa del norte chaqueño. Se veía en ellas a niños desnutridos, flacos hasta los huesos, con el vientre hinchado por la falta de alimentos que incrementa exageradamente el volumen del hígado hambriento. Hígado que como los pulmones y el resto de los órganos de esos cuerpitos, está plagado de parásitos y enfermedades de todo tipo. Algunas personas impresionables no soportarían la vista de uno solo de esos parásitos agusanados que expelen hasta por la nariz. Yo los he visto porque el doctor Albamonte, aquí presente, tiene unos en un frasco y les aseguro que aterroriza pensar que anidan en el cuerpo inocente e indefenso de un niñito que apenas camina.»
– Exacta definición -murmuró el médico a sus inmediatos-.
– Me explicaba el maestro que esos niñitos que se veían jugando inocentemente con unas piedritas y rodeados de perros esqueléticos probablemente no llegarían a adolescentes, y si lo hacían caerían en un mundo que les niega esperanzas.
«Carentes de alimentos desde la gestación, su estado intelectual es lamentable. Pasarán a ser carne de explotación salvaje en los obrajes, de servidumbre ominosa, de manejos abominables por parte de inescrupulosos, sean comerciantes, proxenetas, esclavistas mimetizados simplemente políticos de promesa fácil y memoria frágil.»
«Ustedes saben de mi ira cuando veo los niños con carencias elementales y aquí, en este pueblo, hemos luchado todos codo a codo sin mirar creencias, sin distinciones, y tenemos la satisfacción de saberlos ayudados a enfrentar sus necesidades y buscar un mejor futuro. Es la misma ira de todos los aquí presentes, me consta. Pero esas fotos superaban el límite de la mera contemplación. Aún estando fuera del alcance inmediato de las actitudes de este lejano lugar, no podía permanecer callado ante tremenda ignominia.»
«Y llega a mis manos un ejemplar de una revista de actualidad, un Leoplán, con un artículo donde se exhiben los tesoros del Vaticano, las obras de arte de los más famosos artistas de la historia de la humanidad, abundancia de oro, plata, gemas preciosas, tapices, una muestra donde cada centímetro de pared, de techo del piso es una maravilla admirable, con aposentos donde quienes los habitan seguramente se sienten flotar imaginando estar en el Paraíso escuchando música celestial, rodeados de flores perfumadas, susurrantes arroyos y plácidas praderas.»
«Y la revista me sacó de las casillas, perdonen la vulgaridad de mi expresión. Yo, que debo dar siempre un ejemplo de moderación, de equilibrio, de calma, me encontré desbordado por la lacerante comparación. A veces la indignación saca las conductas humanas de los límites de las formalidades. Y como tenía que ir a la capital se me ocurrió pegar las fotos en las mismas páginas donde se mostraban aquellas riquezas, sin superponerlas sino al costado, para que todas pudieran ser vistas y comparadas. Pasé a dejar un saludo protocolar al señor Obispo que estaba muy ocupado para recibirme sin cita previa, por supuesto, y de paso me olvidé, digamos, la revista en la mesita del salón donde se esperan las audiencias.»
«Reconozco que fue un acto de irreverencia, de desobediencia formal, pero me nació desde adentro del pecho. Y no me arrepiento, que quede claro.»
«Por eso, cuando me llamaron del obispado indicando que period necesario que me disculpara, que pidiera a Monseñor su indulgencia por la falta cometida y aceptara lo que él se dignara en disponer como castigo, me negué, y aquí me ven, con la maleta lista para asumir en mi nuevo destino que se supone ni el mismo Creador sabe dónde queda. Si me hubiera disculpado en contra de mis sentimientos me sentiría cómplice de las desgracias de esas criaturas indefensas. Escupirles en la cara hubiera sido lo mismo.»
«Esa es la explicación de los hechos. No me arrepiento pero reconozco que me duele el resultado. Me da pena dejar este pueblo, estos amigos, esta fraternidad donde todos somos y nos sentimos iguales bregando por solucionar problemas y mejorar las cosas. Este es un pueblo que reconoce la pluralidad de ideas y respeta a Dios cualquiera sea su nombre en cada religión. Aún a su Dios, Don Ariel, porque en su agnosticismo también hay respeto a algo superior.»
– Pero….. si yo no he dicho nada. Escucho simplemente -respondió el nombrado-.
– Cierto. No es el momento de hablar de fenomenología ni de Lambert de Hegel, solo que simplemente menciono que todos creemos en algo a lo cual respetamos cuando buscamos el bien común. Y esa ha sido la base de mis actos, aún de aquellos por los que hoy me han sancionado.
– ¿Usted cuestiona los tesoros del Vaticano? ¿Cree que vendiéndolos y repartiendo todo se soluciona la pobreza? -preguntó una señora de elegante vestido y gesto adusto-.
– No. Pongamos esto en claro. Mi cuestionamiento apunta a la forma de vida de quienes dirigen desde allí, con absoluto egoísmo, la conducta de nuestra Iglesia con respecto del mundo, no del mundo superficial de las comodidades y reverencias sino el mundo del dolor con todo lo que ello significa. Y voy ahora a la justificación de mi conducta, que puede ser equivocada, pero me pertenece y la defiendo. Como suele decir Don Ariel, equivocarse también es un derecho.»
«No pretendo una Iglesia perfecta ya que si lo fuera los imperfectos no tendríamos cabida en ella. Estaría totalmente vacía, en serio lo digo. Solo señalo que quienes nos conducen a los que somos sus servidores y adeptos muchas veces no ven la enorme distancia que hay entre saber lo que está bien y hacer lo que está bien. Esa brecha es la que cuestiono. Son ciegos a la realidad y solo se darán cuenta de cuán ciegos están cuando intenten ver, como pasa al hombre que solo descubre su maldad cuando intenta ser bueno.»
– ¿Y está mal que vivan en el lujo y las comodidades? Después de todo no son de ellos sino de la Iglesia, del Vaticano en ese caso.
– No está mal. Lo que sí lo está es que crean que los demás viven como ellos y con ese parámetro los midan. Como aquel poderoso que le critica a su subordinado que no tenga un yate para pasear los fines de semana, cuando el pobre hombre lo único que tiene propio es hambre.
«Ese es el egoísmo que critico, porque están llenos de orgullo que no les permite ver cuánto más pueden hacer por los desamparados con solo compartir las utilidades de sus bienes. El orgullo lleva a la auto admiración. Y de esa auto admiración sale la creación de las propias normas por las que buscan el éxito, la figuración, la distinción, negando las opiniones que difieren de las propias, y en eso incluyo a las altas jerarquías dispersas en todo el mundo, lejos y cerca, hasta bien cerca.»
«El amor a los lujos y las comodidades es una señal de avaricia, donde se confía más en la seguridad que dan las riquezas que en los designios de Dios, el mismo Dios del que se dicen sus representantes sobre la Tierra. Rodearse de riquezas para vivir dentro de ellas en vez de administrarlas para brindar los resultados a los demás demuestra que se confunde tener con ser. Y muchos de nuestros superiores y tesoreros tienen, pero no son. Están acostumbrados al besamanos sin entender que no es por afecto sino por temor reverencial.»
– Tal vez su sanción ha sido por envidia, ya que usted llega a la gente, la entiende, la ayuda.
– No sé exactamente la razón precisa a la cual atribuirla. Sí reconozco que dentro de la congregación, como en el resto de la sociedad, la envidia tiene un lugar privilegiado. Si la fe mueve montañas, la envidia mueve multitudes. Hasta naciones llega a mover.
«La envidia lleva a que quien no puede crecer por sus propios esfuerzos trate de lograr la igualdad rebajando a los demás. Considera que todo lo que no tiene respecto de los otros es porque éstos se lo han quitado. Entonces el envidioso comienza a tener celos. Celos de sus cosas por miedo a que los demás se las quiten, y envidia de los bienes de los demás porque él no los posee.»
«Y con el espíritu pasa lo mismo. Hay quienes tienen envidia por lo que otros piensan y hacen porque éstos tienen riquezas espirituales de las que aquellos carecen. Y celos por sus escasas, nulas y retorcidas concepts casi siempre ajenas, mal entendidas y mal copiadas, alcanzadas anulando en lo posible la opinión de otros a sabiendas que esos sí saben del pensamiento racional. Celos, como si a alguien le interesara quedarse con semejante forma de pensar…..»
«Estas personas no tienen riquezas físicos ni espirituales. Las riquezas materiales los poseen a ellos y les marcan el modo de vida y de pensamiento. Como dijo una vez el maestro Cardozo, hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero.»
«Y aunque lo critiquen, en el fondo se hacen seguidores de Goethe para quien primero está la acción. Primero actúan y después buscan la justificación, primero viven y luego piensan, primero quitan y después hacen la norma que castigue el robo. No adecuan sus vidas a una creencia sino que buscan que la creencia se adecue a su modo de vivir.»
– Tal vez sus superiores, a los que sin duda les deben estar ardiendo las orejas, consideran que lo que cada uno tiene como ellos les falta como a los niños de la foto, es por designio de Dios, supremo repartidor de bonanzas y penurias -intercaló Don Ariel, incisivo-.
– No podemos juzgar a Dios por lo que consideramos que dio quitó a los demás a nosotros. Porque somos nosotros los que damos, quitamos y privamos de cosas a los demás y a nosotros mismos. Dios nos ha dado sus normas y los medios para que obremos en consecuencia. El resultado es nuestro y las consecuencias, castigo premio, son potestad de Dios para brindarlo en el momento adecuado.
– Pobres habrá siempre -agregó Fosforito-.
– Pero está en nosotros mejorar su condición -continuó Nicolás- y aunque no puedan lograr riquezas materiales pueden bien tener una mejor calidad de vida, trabajo, salud, educación….
– Eso es obligación de los gobiernos.
– Es obligación de todos. Cada uno en lo suyo debe contribuir a ese logro. La Iglesia, mejor dicho todas las iglesias de todos los credos, deberían brindar más apoyos y recursos a sus miembros que se han integrado con los más necesitados teniendo solamente a su alcance palabras de precario consuelo porque no llegan alimentos, abrigos, remedios para lo inmediato, y menos aún medios para desarrollarse como son semillas, animales, escuelas, médicos, agua sana. Y los gobiernos, bueno……. ya sabemos que si los pobres desaparecieran los políticos los inventarían porque si no ¿a quién le ofrecerían un plato de comida a cambio del voto?»
«Por supuesto que después de las elecciones ese plato no aparece, pues hace conservar las esperanzas de los hambrientos para la próxima. No hay que derrochar recursos cumpliendo promesas, es su concepto.»
«Consideran al pobre un pecador y a la pobreza un pecado cuando en este tema el verdadero y único pecado es la negación de la pobreza, darle la espalda, ocultarla de la vista para que no incida en la conciencia, por las dudas tengan.»
«Insisto, le guste a quien le guste: No es pecado ser pobre, pero sí lo es negar su existencia privando a los menesterosos de un lugar en la mesa de la vida.»
– Malthus decía que en el tiempo va a crecer el número de pobres y se deberán distribuir mejor los alimentos -señaló Castañón, que algo había leído en una revista-.
– Permítame Padre -interrumpió Don Ariel mirando a quien recién había hablado-. Lo que a Malthus preocupaba era que la población crecía más rápido que la producción de alimentos y que éstos llegaran a faltar y entonces los carentes de recursos, los indigentes, compitieran con fuerza en el reparto. Propuso el control de la natalidad por medio de la ciencia siempre mirando a las poblaciones pobres, sobre todo de Asia que es donde más crecen. En otras palabras, quería terminar con el supuesto peligro de la pobreza eliminando los pobres.»
«Es tal la falta de escrúpulos en este asunto, que he leído hace poco en un diario de la capital que Bertrand Russell, un filósofo, matemático y sociólogo inglés, acaba de decir, comentando la Conferencia de Lambeth que llevan a cabo los Obispos Anglicanos cada diez años en Palacio del Arzobispo de Canterbury, que si la medicina no pone un límite al crecimiento de la población, especialmente en las zonas asiáticas, la bomba atómica lo pondrá. Se refería a esa máquina de matar que le tiraron hace poco a Japón. Y los mandantes inescrupulosos, como dije, tal vez la vean como alternativa práctica bajo cualquier excusa para lograr ese objetivo. Los pobres son un dolor de muela de los poderosos, que optan por extraerla y tirarla lejos antes que procurar una curación efectiva. Disculpe la interrupción mi amigo.»
– Está disculpado mejor dicho reconocido y felicitado por su valioso aporte. Yo también conozco a Malthus y cuando quieran, dentro de esta semana, podemos profundizar un poco en sus ideas y las de sus seguidores. Tengo material en mi biblioteca que servirá y, además, quedará para ustedes ya que pienso llevar muy pocas cosas de uso personal.»
«De mi parte nada más tengo que decir sobre lo ocurrido. Respecto de esta demostración verdaderamente me siento asombrado, emocionado y sobre todo agradecido. Y antes de sentarme a degustar el postre, una pregunta: ¿Alguien sabe donde queda Niñiquipe………?»
Risas y aplausos, más algunas lágrimas femeninas no disimuladas cerraron el momento, que siguió con diversos comentarios, música , una divertida payada y un desafío de truco donde todos disfrutaron de las mentiras y los versos de la flor del envido.-
El cura Benítez participó en todo. Escuchó en silencio las palabras de Don Ariel y Nicolás, mostrando en algún momento un gesto algo duro de desacuerdo y que no pasó inadvertido. Por una cuestión de subordinación reverencial le chocaban las palabras críticas del desplazado hacia las jerarquías de las cuales dependían ambos.-
Sabía que su deber period informar lo acontecido, sobre todo cuando el Obispo ya conocía del homenaje y consecuentemente del rechazo y desagrado causado por el traslado.-
El lunes siguiente estaban los clérigos abocados al traspaso de distintos documentos, registros y demás cuestiones administrativas propias del cambio de mano, cuando resonaron un par de golpes en la maciza puerta de algarrobo tallado de la sacristía. Doña Leonor concurrió presta a atender y se encontró con Don Ariel, Fosforito, el maestro Cardozo, Mandrake Castañón, el Vasco Gómez y otros asistentes habituales al Club del Progreso.-
– Hola muchachos -saludó Nicolás-. ¿Qué andan buscando?
– Buenas tardes Padre Nicolás -respondió Don Ariel con una formalidad poco ordinary en él-. Buenas tardes Padre Benítez. Venimos a seguir la conversación que quedó trunca ayer pues dijo usted tener material sobre Malthus y que además nos iba a dejar algunos libros.
En realidad el motivo de la visita period continuar provocando al recién llegado mostrando el desacuerdo con su presencia mejor dicho en la forma en que se había producido. El cura Nicolás pescó al momento la intención y les siguió la trama.-
– Pasen, pasen. Tomen asiento, que Doña Leonor les convidará con limonada y torta casera todavía calentita. ¿Verdad, doñita?
– Por supuesto, Padre -respondió la aludida sin salir del asombro por la sorpresiva visita-.
– Bien Padre -continuó Don Ariel-, decía usted algo sobre los pobres cuando el amigo Castañón, siempre atento, introdujo el tema de los alimentos según Don Malthus. Y como los amigos aquí presentes y yo también hemos quedado con la espina porque se lo pondera mucho al susodicho en algunas publicaciones, queríamos seguir hablando del asunto.
Nicolás se levantó y abrió la puerta de vidrio biselado de un mueble biblioteca de fina madera, antiquísimo, con flores y ángeles tallados, finamente lustrado. Sacó un par de libros y colocándose ceremoniosamente los anteojos, se dirigió a Castañón.
– ¿Qué opinas de las preocupaciones de Malthus y de lo que dijo Don Ariel?
– Me parece que hay una contradicción. Preocuparse por la posible falta de comida y renegar de los pobres suena como sin sentido…
– Aquí tenemos algunos libros donde he señalado párrafos que muestran con claridad la posición de este personaje. Por ejemplo, veamos este Ensayo sobre el principio de la población tal como afecta la futura mejora de la sociedad publicado en mil setecientos noventa y ocho y que en la edición de mil ochocientos tres, ya convertido en un tratado sobre el control del crecimiento demográfico, tituló Resúmenes sobre los efectos pasados y presente relativos a la felicidad de la humanidad firmando con su verdadero nombre.
– ¿Cómo es eso? ¿No ponía su nombre?
– Al principio de sus escritos no lo hacía, pues no sabía cómo reaccionaría la sociedad.
– ¿Y escribió muchos libros?
– Varios. Aquí figuran en la contratapa, ya que solo tengo algunos. A ver…… aquí están….. Investigación sobre las causas del alto precio de las provisiones, donde analiza los mecanismos de formación de los precios, y siguen otros como Observaciones sobre los efectos de las leyes de granos; Investigación sobre la naturaleza y progreso de la renta; Principios de economía política; La medida del valor.
– ¿Y eso que tiene que ver con los pobres?
– Ese es el quid de la cuestión. Les voy a leer unos párrafos del primer libro, que hablan con claridad de su punto de vista. Aquí dice que El hombre que nace en un mundo ya ocupado, si su familia no puede sustentarlo ni la sociedad puede utilizar su trabajo, no tiene derecho a reclamar la más pequeña parte de los medios de subsistencia y es en verdad un ser superfluo sobre la tierra. En el gran banquete de la naturaleza no hay lugar para él.”
«Y por acá hay otro párrafo más que yo califico de espeluznante y voy a tratar de resumir. En este mismo libro afirma Hay que desterrar el pretendido derecho de los pobres para ser alimentados a expensas de la sociedad… porque si esta ley fuera estrictamente cumplida y fuese superada la vergüenza de ser asistido, un obrero, por pobre que fuese, podría casarse son toda seguridad…ya que sus hijos tendrían siempre de qué vivir. El acceso a la asistencia parroquial debe cerrarse al pobre, y si la beneficencia privada le da alguna ayuda, el interés de la humanidad exige que esas ayudas no sean demasiado abundantes. Es preciso que sepa que las leyes de la naturaleza, es decir las leyes de Dios, le han condenado a vivir penosamente para castigarle por haberlas quebrantado.”»
– ¿Y por ser pobre está quebrantando una ley de Dios?
– No. Según la concept de Malthus la quebranta al tener hijos. Al tener pasión en su matrimonio.
– Lujuria -acotó el Vasco.
– No. La lujuria es un exceso y desorden de la naturaleza sexual del hombre. Aquí simplemente se quiere decir que el pobre no tiene derecho ni siquiera a una relación amorosa regular con su mujer.
– ¿Quiere decir que para Malthus el mundo es un lugar destinado solamente a los ricos?
– Así es. Haciendo una parodia del Evangelio aquí dice que Al que tiene se le dará más y al que no tiene se le quitará aún lo que tiene”. Su punto de vista es que las riquezas son una bendición de Dios a los ricos por su previsión y control prudente.
– Tengo entendido que period un cura, así que no comprendo su actitud. Se supone que un cura es una buena persona, justa, generosa, bondadosa…
– Permítanme -intervino Benítez-. Thomas Malthus period, además de un economista muy conocido, un pastor anglicano ordenado a fines del siglo dieciocho, en mil setecientos ochenta y ocho para ser más preciso. No period de la iglesia católica.
– Eso no le quita contradicción a sus posiciones. Un miembro de una iglesia creo que se debe caracterizar por su bondad, su justicia, su generosidad de obrar, su amplitud de criterio -replicó Castañón-.
– Detengámonos en este detalle -continuó Nicolás-. De una persona bondadosa, ecuánime, generosa, con sano criterio, sin que sea un retrato de lo que plantea Balmes en El criterio, podemos decir que es una buena persona en sentido amplio. Pero debe entenderse que no todas las buenas personas pertenecen a alguna religión, ni todos los que pertenecen a una religión son buenas personas.»
«En nuestra iglesia hay quienes aman a Cristo como hombre, otros que lo adoran como hijo de Dios y otros que ni lo aman ni lo adoran y mucho menos aún aplican sus enseñanzas. No reniegan de ellas, simplemente las ignoran como si estuvieran elaboradas en arameo, desconociendo el idioma. Les interesa solamente el aquí y ahora, no el allá y después.»
«Bien decía un profesor del seminario: Algunos consideran que la función sacerdotal es organizar la idolatría a su alrededor.»
– Y si no lo creen tenemos de muestra la situación planteada con el traslado del amigo Nicolás -sentenció Don Ariel-.
– Es que mis impulsos superan cualquier posición conteniendo beneficios ventajas personales -continuó Nicolás-. Cuando estudiaba en el seminario aprendí no solo lo que se enseña formalmente, sino también aquello que trasmiten los maestros en base a sus experiencias de vida. Uno de ellos nos decía que para persistir en cómodo equilibrio sin asumir compromisos, y también sin producir resultados, había quienes postulaban los cinco nones que son: No pienses. Si piensa, no hables. Si hablas, no escribas. Si piensas y hablas y escribes, no firmes. Si piensas y hablas y escribes y firmas, no te asombres. Si hubiera seguido ese criterio no tendría problemas pero me sentiría fracasado, con una vida desperdiciada.
Al cura Benítez no le gustó el cariz que iba tomando la conversación, por lo que intentó mejorarlo.-
– No me parece razonable decir que el señor Obispo no es buena persona solo porque se discrepe con sus decisiones que, después de todo, son propias de su condición de autoridad de la Iglesia.
– Nadie ha dicho que el Obispo no es buena persona, excepto usted en su apresuramiento -corrigió Nicolás-. Solo que creo que el señor Obispo se considera infalible como el Papa Pío noveno, Don Giovanni María Ferretti, al que el Concilio Vaticano le asignó tal condición y también a sus continuadores. Y en esa creencia, considera que he cometido un error equivalente al que se supone equivocadamente cometen los que tienen otras creencias distintas de las nuestras, por lo que me aplica las palabras de Ferretti: El error no tiene derechos”. Quien dice que con el tiempo no le veamos al señor Obispo portando las vestiduras papales.
– Entienda bien usted, Padre Benítez -aclaró Don Ariel, arrastrando las palabras en un tono severo-, aquí nadie cuestiona si alguien es no buena persona. Simplemente se opina sobre conductas, tanto en lo que puedan gustar como en lo que se pueda disentir. Aquí, en este pueblo y en los que lo habitamos, no hay absolutos. Todos tenemos el derecho de opinar, coincida no con este derecho un Obispo, un rabino un pastor. Y mi punto de vista, como el de la mayoría por no decir la totalidad de los vecinos, es que este cambio es absurdo, inexplicable e irrespetuoso.»
«Nada tenemos contra usted, que tiene las puertas abiertas, pero sí estamos en contra de su nueva función desplazando a quien ha hecho de este pueblo, junto con los otros religiosos y los que no somos, un lugar donde vale vivir. Y dígaselo a su superior: Si él cree que así va a ganar adeptos mejor que se busque otra profesión porque en ésta que tiene se va a quedar con las tribunas vacías.»
– Digo yo -murmuró Fosforito queriendo cambiar el eje de la conversación-, si hay tanta injusticia, pobreza, hambre y dolor. ¿Por qué Dios no lo corrige para que todos vivamos bien y sin problemas?
– Tal vez no quiere -se escuchó-.
– Tal vez no puede -dijo otro-.
Y Don Ariel tomó la palabra con un tono seco y cortante.-
– Si puede y no quiere resultaría no ser el padre bondadoso y generoso. Si quiere y no puede mostraría no ser el todopoderoso que nos pregonan. Por eso tengo mis dudas respecto de su existencia en los términos que podemos llamar oficiales” de la Iglesia.
– Su agnosticismo pega duro -señaló Nicolás-.
– Solo devuelve mandobles.
Un silencio pesado se tendió sobre la reunión. Nadie hablaba ni intentaba hacerlo, porque todo lo que se podía decir estaba dicho.-
Lentamente, como pidiendo permiso, el cura Benítez se levantó del sillón donde se había ahobachonado minutos antes. Estaba golpeado, se notaba. No porque sintiera una agresión personal sino por el cuestionamiento hecho a quien debía y brindaba obediencia ciega.-
Los visitantes lo imitaron y se fueron retirando saludándolo simplemente con un movimiento de cabeza mientras Nicolás los acompañaba, serio, hasta la puerta.-
Por supuesto que las noticias de la reunión llegaron rápidamente al cuestionado autor del cambio, incluyendo los conceptos de Don Ariel, del que el cura Benítez tuvo la precaución de señalar como vocero y figura líder del pueblo, más allá de las autoridades formales.-
Una situación de semejante entidad requiere medidas significativas, sobre todo para preservar la autoridad. Así que se organizó desde la capital una visita del Obispo para el domingo siguiente. Celebraría la misa asistido por los dos curas y luego, desde el púlpito impondría su punto de vista al rebaño de ovejas casi descarriadas que se atrevían a cuestionar sus decisiones.-
Y así lo hizo saber el mismo Nicolás a un par de allegados que en menos de una tarde informaron a todo el pueblo, incluyendo a Don Nathan, Don Ariel, el Vasco Gómez y otros ajenos al culto.-
Domingo por la mañana. Un impecable, lustrado y largo automóvil negro, con chofer de riguroso uniforme gris cerrado hasta el cuello con pechera de doble hilera de pulidos botones metálicos de destellos dorados y gorra con visera, ingresó lentamente por la calle principal. Tan lentamente que casi no levantaba polvillo.-
En el asiento trasero, milimétricamente al medio, el Obispo lucía llamativo hábito con amplia faja violeta, propia de su jerarquía. Su mano derecha, lista para impartir bendiciones a cuantos se cruzaran en el camino a la parroquia, iba quieta a la altura del pecho, donde una gruesa cadena de plata sostenía un crucifijo pectoral abrochado en perfecta simetría sobre el que descansaba la mano izquierda.-
Pero no encontraba nadie a quien hacer llegar la bendición divina, lo que le llamó poderosamente la atención. Ventanas cerradas, niños ausentes de las calles.-
Un enorme y flaco perro negro de dueño desconocido miró con curiosidad el desplazamiento y lo siguió al trotecito, intrigado. Las cuadras se hicieron interminables mientras buscaba en vano alguna señal de vida. Se sentía en medio de un pueblo fantasma, como si una mano misteriosa hubiera provocado una abducción total.-
En la puerta de la parroquia esperaban ambos curas con leves sonrisas de bienvenida.-
Con gesto adusto, el visitante agradeció los cortos saludos e ingresó a la casa parroquial donde encontró todo en orden, limpio, con una mesa lista para desayunar luego de la misa.-
Doña Leonor, casualmente, había tenido que viajar ese día por la enfermedad de una sobrina en el pueblo vecino, según dijo.-
Celebrar una misa con pocos feligreses no es recurring, pero tampoco imposible. Ahora bien, que la misa esté en manos del Obispo y el único ser vivo a la vista, sin contar los ayudantes, fuera el curioso perro negro que sentado en la vereda frente a la entrada abierta miraba hacia el templo vacío con la cabeza inclinada y las orejas paradas, era un cuadro que difícilmente alguien haya visto alguna vez. Las palabras de la ceremonia retumbaban en las paredes con un eco bochornoso. Un rictus de disgusto imposible de disimular acompañaba cada gesto, cada paso.-
Las bendiciones caían al vacío, hasta que finalmente el celebrante dio por terminada la ceremonia y rápidamente se introdujo en la sacristía. No hubo desayuno, quedando las aparentemente sabrosas vituallas sin tocar. La vajilla con leche, café y té que Nicolás intentó presentar pretendiendo calentar sus contenidos quedó en espera pues el Obispo ni siquiera intentó sentarse. Cabizbajo y rojo de ira se dirigió al automóvil sin pronunciar palabra alguna y salió del pueblo, sin espectadores, sin curiosos, sin almas reverentes. Esta vez la velocidad del automóvil dejó detrás una espesa polvareda.-
Dos días después un llamado corto, según Doña Leonor, llevó al cura Benítez a empacar y a Nicolás a desempacar. Fue un alejamiento silencioso en busca de otro destino. Solo la esmerada mujer y el cura reinstalado acompañaron hasta el ómnibus al saliente, en un gesto de respeto y casi de disculpa, ya que después de todo lo acontecido no era de su responsabilidad puesto que se limitó a ocupar el lugar que otro de superior jerarquía había asignado.-
Como en un juramento de logia secreta nadie en el pueblo ni en los alrededores volvió a tocar el tema del traslado del cura Nicolás.-
Nunca ocurrió.-
VASCO
Nadie recordaba con precisión la fecha en que el Vasco llegó al pueblo. Solo tenían memoria de su imagen cuando bajó del desvencijado ómnibus que se atrevía a transitar el camino de tierra y polvo que se hacía interminable. Descendió tomando de la mano a una mujer de tez blanca, cachetes rosados y cabeza cubierta por un pañuelo colorido, bastante excedida en kilos, con solo una valija asegurada con un cinto y una piola. Una boina negra, pañuelo blanco anudado al cuello, saco negro raído, pantalones también negros gastados y más cortos de lo correspondiente por lo que mostraba los tobillos, completaban aquella figura que todos recordaban haber visto pero no precisamente cuándo.-
Se acercaron ambos viajeros a la comisaría, a pocos metros de la parada. No conocían a nadie ni tenían concept del lugar donde estaban. Un trato cordial, unos mates tomados con reticencias, una bienvenida expresada a través de gestos de todos los presentes aliviaron las tensiones de los recién llegados y pusieron en marcha los objetivos del viaje.-
Traía unos títulos de propiedad heredados de un tío sobre unas tierras llenas de montes vírgenes en las afueras del pueblo. Molles, espinillos, piquillines y otras plantas de distintas dimensiones y características servían de refugio a una gran diversidad de animales. Pájaros de todos los colores y trinos, como calandrias, colibríes, mirlos, cotorras, chingolos, zorzales, y también otros residentes silvestres entre los que se destacaban comadrejas, iguanas, zorros y corzuelas, tenían allí su hábitat al que solo incursionaban algunos chiquilines en busca de aventuras. Alguna vez esas tierras fueron también dominios del yaguareté, pero del magnífico animal ya no quedaban más que viejas historias.-
El Vasco trabajó horas tras horas, días tras días, meses y meses, sin mirar en descansos, feriados y con todo tipo de condición climática. Viviendo en una precaria carpa hecha con lonas usadas generosamente prestadas, desmontó las tierras, sacó tocones, fue construyendo una vivienda modesta, establos, corrales y otras instalaciones.-
Con la venta de la leña, más algunos ahorros y un préstamo de un banco de la capital, compró unas vacas lecheras y un toro iniciando así un tambo, tarea que recordaba habían desarrollado sus ancestros en la lejana España y de la que emigró con el alma y el espíritu destrozados por la cruenta guerra civil, en la que tuvo que participar pues estaba incorporado a un regimiento de los formados para defender la patria y que terminó luchando hacia adentro para defender intereses que le eran extraños. A veces, como desahogando penurias, recordaba esos tiempos sangrientos en alguna de las reuniones pueblerinas.-
Cuando limpió el monte y también al construir el tambo cuidó de dañar poco a los animales y sus refugios, llegando a suspender el derribo de un árbol hasta que los nidos mostraron salir volando los pichones. Puso comederos para los pájaros, donde los alimentaba con pan picado y granos todas las mañanas, teniendo algunos en la misma galería de entrada a su vivienda. Los colibríes picaflores bebían agua azucarada de un pequeño recipiente al que los atraía con flores adheridas hechas con recortes de cartulinas coloridas y que estaba colgado de un gancho afirmado a una ventana.-
Una corzuela guacha amansada con paciencia y cariño pastaba despreocupada deleitando la vista de los visitantes. Dos grandes perros, Bicho y Toco, cuidaban sin molestar a los otros animales. Casi siempre estaban echados al sol con un sueño inagotable.-
Uno de los ayudantes del desmonte contó de esto en el pueblo, por lo que no faltó quien expresara que había surgido un nuevo San Francisco, apodo que el Vasco recibió con una sonrisa y mucho beneplácito y sumó al que ya lo identificaba desde el primer día de su arribo. Amaba a los animales de todo tipo.-
No era una persona inculta. Por el contrario, traía un bagaje interesante de conocimientos provenientes de una carrera universitaria trunca, los que compartía con amigos y ocasionales oyentes casi compitiendo con Don Ariel en su afán de enseñar. Como en algunos momentos en que suspendía sus actividades se dedicaba a escribir, un día presentó un sencillo poema que quedó exhibido en una pizarra del Membership del Progreso. Estaba referido a los animales que alegraban su casa y al nuevo apodo:
C n t e m p l a c i n e s
Mirando los pajaritos
zambullirse al comedero
Zorros, loros, comadrejas,
Compiten con los horneros
forman coros bullangueros.
si no lo has alimentado.
Pide lo dejen que escoja
en busca del pan picado.
El benteveo atrevido,
revisa como un bandido.
si la comida escasea.
Porque el frío señorea
A lo largo y a lo ancho,
con árboles y con riscos
quiero, para mis ariscos,
No me digan San Francisco,
tan solo llámenme Pancho….
Vasco Gómez
El trabajo del tambo encontró en el Vasco un eficiente ejecutor. Pasadas pocas horas de la medianoche él y su mujer salían en busca de las vacas lecheras, las que sacaban del corral para llevarlas al galpón donde mientras uno ordeñaba el otro iba llenando los recipientes de hojalata que habían sido prolijamente lavados antes de la cena.-
Cuando el cielo comenzaba a anunciar el día, el vasco salía hacia el pueblo mientras su mujer soltaba los animales a pastar, controlaba que tuvieran suficiente agua, prendía algunos terneros débiles a las ubres generosas mientras que los más desarrollados eran alimentados en las guacheras, revisaba posibles heridas para evitar se abicharan, reparaba tablas sueltas de los corrales, recorría los quesos en estacionamiento, preparaba manteca con la crema fresca, y luego asumía las tareas de la casa, que lucía impecable, brillante en sus pisos y muebles, con flores siempre frescas, cortinas bien almidonadas y fragantes comidas en marcha sobre una cocina de leña siempre encendida.-
Quienes conocen de la leche solo el sabor pueden creer que la vida del tambo es easy, monótona y descansada. Por cada vaso de leche en la mesa ha quedado otro tanto de transpiración sobre la tierra, donde los animales no saben de descansos, feriados, domingos, lutos, heladas, calores, lluvias, fiebres dolores del tambero.-
Cuando la langosta azotó el campo la desolación de la pareja fue total. No quedaba una brizna sobre la tierra, una hoja en los árboles. Solo un polvillo tan fino como el talco, que penetraba las ventanas, se impregnaba en la ropa, la nariz, la cara y el carácter, borrando sonrisas y palabras amables. Los pájaros del monte había huido asustados y solo algunos intentaban retornar. Los animales más grandes como las corzuelas y algunas comadrejas se acercaban a los corrales con angustia en los ojos en busca de algún alimento.-
El Vasco se sumó a las cuadrillas de lucha contra las saltonas. Descargaba tal vez así su ira por la desgracia sufrida no solo por él sino por todos los que lo rodeaban.-
Pasado el combate con fuego, pocos días después observó con sorpresa llegar a su casa un camión con hombres maduros, mujeres, jóvenes y niños, provistos de herramientas de campo. Venían a ayudar a restablecer el tambo. También llegó un cargamento de fardos enviados por el gobierno y gestionados por el comisario.-
Así, las vacas del corral y las corzuelas del monte pudieron volver a alimentarse, se sacaron los árboles dañados sin remedio, regaron y fertilizaron los frutales recuperables, se removió la tierra para facilitar el rebrote regando con el tanque aguatero arrastrado por un tractor de ruedas metálicas y ruidosa carraspera, préstamo de una municipalidad vecina que se había solidarizado con el problema del tambero y otros afectados. Algunas mujeres se sumaron a la tarea preparando comidas, alcanzando mates, agua fresca y aportando risas en medio de las penurias.-
Bicho y Toco corrían de un lado a otro, contentos de ver tantos amigos y recibiendo gustosos trozos de tortas, huesos del obligado asado, y también compitiendo a traer palos arrojados con fuerza por los más pequeños que disfrutaban del momento.-
Salvado el tambo, los grupos de voluntariosos vecinos ayudaron a rehacer huertas, jardines, replantar árboles de las calles, venciendo al fin el embate de la bíblica plaga. Todo un gesto de aquellos que sabían que en la unión está la fuerza.-
Los mejores elogios se los llevó Toledano, el caballo tostado del Vasco, que arrastró troncos de árboles derribados por imposibles de recuperar, tiró de un arado para posibilitar la nueva siembra y llevó de paseo a los más pequeños. Se integraba a la rueda de conversaciones como atendiendo los temas que se trataban generando risas y, de paso, algunas caricias.-
– El tostado del Vasco es casi tan famoso en este pueblo como el caballo blanco de San Martín -exclamó un adolescente-.
– Solo que éste caballo existe mientras que el blanco de San Martín no figura en ningún lado -corrigió el maestro-.
– ¿Cómo es eso?
– Easy. La campaña de San Martín está muy bien reflejada en las memorias del General Espejo que sirvió a sus órdenes. Cuenta que en San Lorenzo el caballo derribado por el fuego español era un bayo de cola cortada al corvejón sea a la altura de la articulación equivalente en nosotros a la rodilla, regalo de un tal Rodrigáñez.
«Durante la campaña San Martín, según Espejo, montaba un hermoso alazán tostado de cola recortada y tuse criollo, mientras que en otras oportunidades lo hacía en un zaino negro y de largas crines. En resumidas cuentas, no se menciona en la historia caballo blanco alguno. Se toma tal vez la leyenda de un majestuoso cuadro del cruce de la cordillera de Los Andes donde San Martín se muestra en esplendorosa estampa sobre un caballo blanco, pero es solo imaginación del artista.»
– Así que no hay que aferrarse a lo que nos cuentan sobre esto de los caballos famosos.
– Por cierto que no es todo como lo relatan. Claro que hay caballos de existencia very best que pasaron a la historia unidos a leyendas como Pegaso, que la mitología griega cube que nació de la sangre de Medusa al ser muerta por Perseo. Primero fue cabalgadura de Perseo y posteriormente, capturado por Belerofonte, ayudó a éste a vencer a la Quimera y a las amazonas. Belerofonte quiso ascender hasta el Olimpo, pero sólo Pegaso consiguió llegar hasta el cielo, donde se puso al servicio de Zeus.
– Pura leyenda.
– Sí. Hay otro mitad realidad y mitad leyenda. Es el caballo de Atila. Cuenta la leyenda que donde pisaba este caballo no volvía a crecer la hierba, tan poderoso y temible period su dueño, el famoso rey de los hunos que dominara la cuenca del Danubio y el sur de Rusia hasta que el Papa León tercero lo convenciera de no tomar Roma, mediante un tributo de dieciséis toneladas de oro.
– Así nomás. Una especia de coima.
– Ni más ni menos. Las famosas dieciséis toneladas que significan que todo hombre tiene un precio. Otros renombrados fueron Bucéfalo, propiedad de Alejandro Magno. Nadie podía montarlo excepto su dueño. También Rocinante que forma parte de las andanzas de Don Quijote de la Mancha. Otro fue Babieca, el caballo de Ruy Díaz de Vivar, conocido como el Cid Campeador vencedor de batallas. Y hubo uno que ocupó un alto cargo de gobierno.
– No exagere maestro. No es posible, por más que hay algunos funcionarios que piensan menos que una bestia.
– En serio lo digo. Se llamó Incitatus. Fue nombrado Cónsul por su dueño, el Emperador Cayo César Calígula.
– ¿Y nosotros no tenemos alguno para aportar, fuera del tostado del Vasco aquí presente? Salude Toledano…. -opinó Castañón dirigiéndose al equino y haciendo reír a todos.
– Sí que tenemos varios. Uno es el Moro, propiedad de Facundo Quiroga.
– ¿Y qué hizo de bueno el bicho?
– Quiroga le atribuía poderes sobrenaturales para aconsejarlo en sus decisiones. Cuenta el General Paz en sus memorias que un oficial relató que el Moro se negó a ser ensillado y montado antes de la batalla de La Tablada, allá en Córdoba, en la cual Facundo Quiroga fue derrotado.
– Debió nombrarlo jefe de su estado mayor.
– Hubiera sido divertido, por cierto. El Moro fue robado a su dueño en La Rioja por el Normal Lamadrid.
«Luego de la batalla de El Tío, el Moro pasó a manos de Estanislao López, caudillo de Santa Fe. Cuando Quiroga reclamó la devolución a López, éste se negó. Recurrió entonces a Juan Manuel de Rosas para que intercediera, pero fue en vano. Rosas ofreció indemnizar al caudillo por medio de Tomás de Anchorena con tal de evitar que el tema del caballo se convirtiera en asunto de Estado. La respuesta cube, entre otras consideraciones y si mal no recuerdo, que …no soy capaz de recibir en cambio de ese caballo el valor que contiene la República Argentina.”»
– Tanto lo quería….
– El hombre y el caballo siempre, y sobre todo en esas andanzas de luchas permanentes, desarrollaron una relación casi tan fuerte como entre hermanos.
– Algo así pasaba con los caballos de los indios.
– Un indio en medio de la pampa y sin caballo de veía desarmado. Ya Martín Fierro cuenta que para provocar una reacción en la pelea con un indio se acercó a su caballo como buscando quitárselo. Así de apreciados eran los animales criados por el indio. Y a propósito de cría de indios si me permiten hago una ampliación, ya que ustedes saben cómo me gustan esos animales.
– Somos todo oídos, diría un elefante -señaló Fosforito-.
– Bien. Hay otros dos caballos nuestros que figuran en la historia. Se llamaban Gato y Mancha. Protagonizaron un viaje desde Argentina hasta Norteamérica y demostraron la entereza de la raza de caballos criollos.
«El veinticuatro de abril de mil novecientos veinticinco se inició la travesía. Montados por un suizo, el profesor Aimé Tschiffel, recorrieron veintiún mil quinientos kilómetros entre Buenos Aires y Nueva York, llegando el veintinueve de septiembre del año veintiocho Los caballos habían crecido en la tribu tehuelche de Liempichun, en la Patagonia, y eran del cacique Liempichín hasta que pasaron a manos de un hacendado que se los prestó al viajero. El Senado y la Cámara de Diputados de la Nación designaron el día veinte de septiembre como el Día Nacional del Caballo.»
– Prepárese Toledano que en su día vamos a hacer un asado, y va a pagar su dueño -se apresuró a organizar Sebastián Cabrera, con la aprobación y el aplauso de todos-.
El comedor de la casa del Vasco lucía siempre una prolijidad destacable, concordante con la del resto de la construcción. Embaldosado rojo brillante por el permanente uso de estropajos embebidos en kerosén, una mesa de blanco mantel bordado, un aparador donde se mostraban fotos de lejanos tiempos y lugares. Una de ellas presentaba al Vasco más joven vestido de soldado y portando un fusil Máuser, correaje cruzado con cartucheras, gorra con visera y un brazalete de Euskadi. En otro cuadro una tapa de la revista Estampa fechada 7 de Noviembre de 1936 mostraba a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, esgrimiendo un pico en plena excavación de trincheras defensivas en Madrid.-
Preguntado cierta vez sobre los cuadros el Vasco comentó con firmeza y orgullo la razón.-
– Yo era soldado asignado a la ciudad de Madrid cuando estalló la guerra entre hermanos y quedé allí integrando las fuerzas gubernamentales que preparaban la defensa. Mientras cumplía mis funciones en los cuarteles, antes del fuego, estudiaba historia en la Universidad pero la guerra cambió mi destino
«La difícil situación generada por el avance de las tropas que respondían a Franco había ya provocado que el Presidente dispusiera la movilización normal de los varones entre veinte y cuarenta y cinco años a los que se daba estado y obligaciones militares, incluyendo el delito de deserción para el que no se presentara a la citación. Quedaron entonces las fuerzas de defensa integradas por soldados que conocíamos algo del oficio y civiles que solo aportaban voluntad, indisciplina, improvisaciones. No fue una buena combinación.»
«La noche del seis de Noviembre, horas antes de salir a la calle la revista esa que ven aquí, se desató un terrible ataque. El Jefe del Estado Mayor period el Teniente Coronel Vicente Rojo, todo un ídolo respetado por su hombría de bien y conocimientos militares. Pero a la defensa la desbordó el desorden, ya que cada sindicato, partido político, comités de barrios y cuarteles enviaba su gente donde mejor le parecía, »
«Esa tarde el Gobierno había decidido trasladarse a Valencia por lo que salieron muchos vehículos en dirección a Vallecas, Tarancón y Aranjuez para llegar a destino.»
«Grupos dispersos y desordenados trataban de cerrar el paso a la capital de los insurrectos. La ida del gobierno dejaba una sensación de derrota difícil de evitar. Y apareció algo que quedó a través de la historia como un símbolo de ataque desde adentro: Cuando al franquista Common Mola le preguntaron con cual de las cuatro columnas que avanzaban por Guadalajara, Somosierra, Guadarrama y el Tajo pensaba tomar Madrid, respondió que tenía una quinta columna que ya estaba en la capital. Esa quinta columna period un numeroso grupo bien pertrechado que permanecía quieto, oculto e instalado dentro de la ciudad y que comenzó a atacar con grandes daños, llegando a apresar a algunos ministros que salían para Valencia.»
«En realidad las columnas atacantes fueron finalmente muchas más, pero quedó definido el concepto de quintacolumnista como fuerza enemiga inside, y las vanidosas expresiones de Mola alertaron a las defensas que contraatacamos anulando en parte el factor sorpresa. Recuerdo que a un grupo grande se lo sacó de una embajada sin importar protestas. La guerra solo sabe de sangre y no de derechos.»
«Llovieron bombas y cañonazos de todos lados y la defensa fue muy dura. Peleamos día y noche sin rendirnos por casi tres años, en distintos lugares según criterio del que estaba al mando en cada momento. La Ciudad Universitaria, los puentes sobre el Manzanares, y otros puntos fueron escenarios de luchas sangrientas.»
– ¿Y al ultimate?
– Al remaining no pudieron con la ciudad defendida. Recién al terminar la guerra, en marzo del treinta y nueve, más precisamente el veintiocho a las dos y media de la tarde, lo tengo grabado a fuego en la memoria, pudieron entrar a Madrid las tropas del Coronel Losas.
– Ganaron los fascistas.
– En la guerra nadie gana, todos pierden. En cuanto a los fascistas tengo una opinión personal. Este sistema totalitario tiene una historia mucho más antigua que las corrientes políticas actuales cercanamente pasadas. Es más, considero que el fascismo no tiene posición política sino que se trata de una actitud, una conducta, un manejo que se abstrae de las ideologías y se implanta como forma de abuso del poder. No importa si se trata de la extremely de un lado la ultra del otro lado: El fascismo es el método de aplicación totalitario de cualquier concept.
«Las fasces eran un símbolo de origen etrusco. Constituían las insignias de los antiguos cónsules romanos y estaban formadas por un hacha que representaba la justicia y un haz de varillas de madera simbolizando la fuerza. Yo diría que significaban la justicia a garrotazos. Los cónsules designaban un soberano de la república con un mandato de seis meses y el título de dictador.»
«En la dictadura hay un poder absoluto ejercido por una sola persona que invoca el interés normal del pueblo para poder manejarlo al margen de las leyes dictando, precisamente, las propias. De ahí que dictador es el que dicta qué y cómo hacer las cosas.»
«El primer dictador de Roma fue Tito Largio allá por el doscientos cincuenta antes de Cristo, nombrado para hacer frente al levantamiento de Tarquino. La dictadura como institución fue abolida cuatrocientos años después en el año ciento setenta y cinco por una ley de Marco Aurelio. La Revolución francesa recuperó las fasces como símbolo y el término dictadura volvió a ser utilizado para hacer referencia a los regímenes políticos opuestos al que impusieron los triunfadores.»
«En la dictadura el gobernante ha obtenido el poder por designación, elecciones al margen de cualquier procedimiento de derecho y lo ejerce sin importarle el consentimiento de los gobernados. No existe protección alguna de los derechos de los ciudadanos, no hay garantías ni se contempla el pluralismo social y no existe equilibrio entre los poderes del Estado. Las agrupaciones que utilizaban las fasces como símbolo a fines del Siglo diecinueve se llamaron Fascios nombre que se deformó como Fachos. En Sicilia estaban los Fascios de Acción Revolucionaria creados para luchar en la primera guerra mundial.»
«Fueron transformados por Mussolini en los Fascios Italianos de Combate. Tomaron para sí el nombre de fascistas y se conducían mediante el fascismo. Contaban con una fuerza de choque, los llamados camisas negras, que recurrían a asaltos y asesinatos para imponerse. Mussolini proclamó la dictadura y prohibió a los restantes partidos políticos. El Duce jefe del partido fascista era a la vez jefe del gobierno y nombraba al Secretario Normal del Gran Consejo Fascista.»
«El Estado italiano fascista era considerado heredero del Imperio Romano. Una tupida crimson de agrupaciones ciudadanas juveniles, femeninas y de trabajadores más un importante aparato propagandístico garantizaban la obediencia de los ciudadanos, creándose una policía política llamada Ovra y un tribunal especial para delitos contra el Estado.»
«Hay muchos fascistas que en nombre de una ideología, como excusa, aplican el método dictatorial. Las acusaciones de fascista intentan esconder que se comparte la metodología, solo que con otro shade, no como opositor al sistema dictatorial.»
– Con lo que usted cube y lo que cuenta Don Ariel que le relataron los Buonatestta sobre Mussolini, da un miedo bárbaro a lo que pudiera antojársele a un gobernante si no se lo controla.
– Así es. Uno nunca sabe qué esperar de los que tienen la boca llena de palabras lindas y el cerebro vacío de ideas, como suele ocurrir. Aunque a veces vale más un cerebro vacío que uno lleno de intolerancia y soberbia.
– Cierto -agregó el maestro Cardozo-, ya Juan Bautista Alberdi resumió en una frase brillante el peligro de los hombres providenciales. Decía nuestro prócer que los pueblos serán verdaderamente libres cuando se liberen de sus libertadores. También dijo que gobernar es poblar, y algunos lo interpretaron como que gobernar es payar.
– Magnífica reflexión.
Y el Vasco, abriendo un cajón del mueble donde estaban las fotos, sacó un arrugado y amarillento papel.-
– Estando en uno de los escasos momentos de descanso, escribí estas líneas, que guardo como recordatorio de lo que no debería ocurrir nunca pero pasa a cada rato. Lo hice pensando en mis futuros hijos, que el destino finalmente no me concedió.
Y leyó.-
Elegir la guerra, hijos míos…
Es rifar la justicia en un encuentro envilecido
para que se proclame ganador algún cretino.
Es darle más valor a las razones del garrote
que a los argumentos que esgrime el raciocinio.
Es demarcar con sangre derrochada
los caminos que buscan un destino.
Es borrar con un destello que enceguece
lo que costó una vida haberlo conseguido.
Es ofender al Dios de cada creencia
proclamándose de éste ser el elegido.
Es arrancar de las casas de los otros
aquellos seres para ellos más queridos.
Es destrozar los jóvenes con la metralla
castigando a las madres por haberlos parido.
Es desatar las llamas del infierno
ahogando con lágrimas la sonrisa de un niño.
Elegir la guerra, hijos míos…
Es ensoberbecerse diciendo que se es hombre
siendo, en realidad, un criminal escondido.
Francisco Gómez
Así, cada vez que el Vasco tomaba la palabra cúmulos de reflexiones se hacían presentes haciendo recapacitar sobre los acontecimientos que amojonan la vida de las personas y los pueblos.-
CARDOZO
El tema de los animales que cuidaba el Vasco con esmero había despertado interés y se hacían variados comentarios. El maestro Cardozo era acérrimo enemigo de las cacerías y había logrado inculcar a los alumnos el rechazo a las hondas gomeras, que pasaron a usarse solo para competir en tiro al blanco apuntando a latas vacías.-
En una de las reuniones del membership se conversaba sobre costumbres de los animales y uno de los opinantes dejó caer una frase de uso común.-
– Cría cuervos y te sacarán los ojos.
El maestro lo miró y, despaciosamente, opinó.-
– No se confunda, mi amigo. El cuervo no saca los ojos de quienes lo criaron, sus padres. Lo hace con aquellos que no son sus iguales y que, por lo tanto, no lo han criado como manda la naturaleza.-
– Explíquese por favor.
– Es así: El cuervo tiene un gran sentido de la curiosidad y le atraen los objetos brillantes. Acumula en sus nidos monedas, trozos pequeños de steel, tapas, etc. Los confunde con ojos y determine llevarlos como trofeos. Pero conoce perfectamente su importancia.
«Picar los ojos del enemigo es una de sus formas de defensa. Cuando un zorro se finge muerto para cazar a un desprevenido carroñero, si se trata de un cuervo se enfrenta a una dolorosa constatación: Para verificar su estado el cuervo le pica un ojo. Por tal razón esa treta es poco regular en el zorro si la bandada es de cuervos ya que por instinto trasmitido por generaciones sabe del peligro.»
«Se han visto cuervos defendiéndose del ataque de ratas prendidas a sus patas atacándoles los ojos para desprenderlas. Consideran a los ojos el punto débil de cualquier enemigo, actual potencial. Así, atacan los ojos simulados de las alas de las mariposas, y pueden hacerlo con el hombre si se encuentra a corta distancia. Pero todo esto no convalida el refrán: Cuando los cuervos pelean entre ellos, se atacan por todos los lugares del cuerpo con duros picotazos, pero respetan los ojos de su contrincante. No se tocan los ojos, y cuando uno se da por vencido se extiende en el suelo y abre el pico como si fuera un pichón pidiendo clemencia, la que le es otorgada siempre.»
«El cuervo no saca los ojos de sus congéneres y, consecuentemente, no lo hace con quienes lo han criado desde el nido, desmintiendo el refrán. Y esa crianza merece una mención especial ya que el cuervo tiene una conducta única respecto de anidar, empollar y criar.»
«Si un enemigo se acerca al nido y macho y hembra no logran detenerlo con sus feroces picotazos, sacan los huevos y los trasladan a huecos ya localizados y preparados con ese fin en el tronco del mismo árbol de otro, hasta que pasa el peligro. Cuando el pichón comienza a picar el cascarón, la madre lo ayuda a salir con sumo cuidado y procede a limpiarlo durante más de una hora, tarea que repite en los días siguientes.»
«Si el tiempo se torna frío abre las ramas del nido y los pone a cubierto tapándolos con los plumones. Por el contrario, si hace calor, en la apertura de las ramas hace agujeros de ventilación por donde circula el aire fresco. Si no hay suficiente movimiento de aire los refresca empapando sus plumas en un estanque y sacudiéndolas sobre las crías. Para que beban empapa su cabeza y deja deslizar el agua sobre su pico hasta las sedientas bocas de los polluelos. Para alimentarlos el primer día les provee gusanos tiernos larvas de mariposa finamente masticadas, luego algún grillo al que saca las partes duras como patas, cabeza y alas. Sigue con pequeños ratones a los que extrae los sesos y corazón y muele pacientemente, guardando las partes más duras para los días siguientes. El cuervo es considerado por los etólogos como un modelo de conducta maternal. Parece diplomado en Pediatría.»
– Pucha con el bicho. Cosa de no creer.
– Las conductas de los animales son más que interesantes y nos dejan muchas lecciones. Tuve oportunidad de estudiar con un amante y observador de los animales y podría dar muchos ejemplos e historias.
– Agregue alguna ahora, por lo menos. Y seguimos más adelante.
– Bueno, ya que hablamos de refranes, hay varios para conversar. Por ejemplo, cuando se cube eso de meterse en la boca del lobo en la cueva del león. Cuentan que cuando el esclavo Andrócles huía de los soldados romanos que lo perseguían en tierras de África se refugió en una cueva creyendo ocultarse del peligro cuando en realidad allí vivía un león que se le presentó, imponente. Pero no lo atacó sino que le extendió una zarpa con una enorme espina clavada. Andrócles le sacó la astilla y ambos convivieron como amigos. Recapturado, el esclavo fue condenado a ser pasto de las fieras en la enviornment del circo romano y se encontró frente a frente con un majestuoso león que, lejos de devorarlo, se le acercó mansamente. Period el mismo al que había sacado la espina. La mansedumbre del animal y las muestras de afecto devolvieron la libertad al sentenciado a muerte.-
«La expresión meterse en la cueva del león en la boca del lobo tiene significado de buscar un objetivo sin prever que puede haber peligros ocultos.»
«Al esclavo Andrócles le fue bien. Si no hubiera mediado una dolorosa espina no hubiera sido juzgado, ya que ni siquiera lo hubieran recapturado vivo.»
«Las conductas de asociación y cuidado recíproco se suelen ver en distintas especies de animales. El zorro, que caza conejos liebres en el descampado, suele tener como refugio alternativo las cuevas de estos animales sin molestarlos. ¿Por qué? Porque esos laberintos, que encuentra ya hechos con trabajo ajeno, le sirven para huir de aquellos que lo persiguen. El cazador de zorros, sobre todo el que utiliza perros como en Inglaterra, pasa de largo ante la cueva de los conejos, distinta de la madriguera propia del raposo -así se les llama a los zorros- donde tiene sus crías. Si además el cazador observa en esas cuevas movimientos de conejos, con un rápido razonamiento deduce que no hay allí zorros. Gran error.»
– Sí que es listo el bicho éste.
– Además de la convivencia con los dueños de casa, el zorro no los desprecia como alimento cuando anda por los campos. En las zonas de grandes nevadas los conejos se colocan al centro de los espacios libres para prevenir ataques, y como el zorro tiene pelaje que lo pone en evidencia recurre a un truco que los etólogos definen como charming, es decir encantador, digno de verse. Habiendo sido detectado a la distancia por el jefe de los conejos, el zorro comienza a dar volteretas, correr la cola, revolcarse, como si estuviera presa de un ataque de locura. Los conejos quedan absortos observando el espectáculo de semejante chiflado, sin percatarse que éste se acerca cada vez más hasta que los tiene a su alcance y atrapa a uno.
– Conozco varios por acá que se hacen los locos para pasarla bien -comentó el comisario-.
– Se las dan de zorros pero nada que ver. Nuestro personaje para cazar animales que duermen en las ramas, como las gallinas, les atrae su atención desde el suelo y comienza a dar vueltas debajo de su presa, cada vez más rápido, hasta que logra marearla haciéndole perder el equilibrio y caer en sus fauces.»
«Si un cazador le dispara mientras cruza un campo sin arbustos donde refugiarse, el zorro se finge muerto hasta que observa que su atacante deja de apuntar con el arma. En ese momento resucita y huye imposibilitando un disparo certero. Para sacarse los parásitos, pulgas, piojos, insectos varios, toma un trozo de lana de un animal muerto un bocado de hierbas tupidas, y se interna lentamente en el agua, procurando que los desagradables intrusos busquen ponerse a salvo del líquido. Cuando se agrupan en la cabeza comienza a hundirse dejando solo fuera del agua lo que portaba, y allí se refugian los parásitos que son soltados a su suerte en la improvisada embarcación.»
«Si este pícaro animal ve que algunas aves carniceras como buitres u otros carroñeros andan de ronda aérea, se finge muerto, siempre que no sean cuervos como dije. De las aves se acerca siempre el jefe que aplica un picotazo y retrocede para verificar si reacciona. El zorro soporta varios de estos golpes hasta que logra convencer a la bandada que, confiada, baja a devorarlo. Pronto tiene alguna a su alcance y resucita con una presa en su boca.»
«En las sanguinarias cacerías del zorro a que acostumbran los que se dicen civilizados ingleses si el zorro observa un establo se mezcla con el ganado y se revuelca entre la bosta, con lo cual al seguir huyendo desorienta a los perros por el olor. Si no encuentra un animal con estiércol fresco, se introduce en un arroyo y nada un buen trecho haciendo perder el rastro. Entiende que debe borrar su huella olorosa.»
«Transitando tranquilamente, el zorro no pisa el hielo el barro que no tenga la firmeza para soportar el peso de un hombre. Los cazadores dicen que si el zorro pasa, pasa el cazador. Esto sirve solo si no está huyendo. Cuentan que en el condado de Kent, durante una cacería, el animal se dirigió a una planta de asfalto y corrió por encima de la fina capa apenas endurecida de una enorme pileta. Confiados, los perseguidores enfilaron para cruzar y terminaron con sus caballos hundidos hasta el pecho en el asfalto allí depositado.»
«Para engañar a los cazadores que deambulan por los montes, coloca un hueso fresco frente a una madriguera abandonada. Creyendo que hay una presa fácil adentro, el cazador pasa horas esperando que salga mientras el zorro, seguramente, disfruta de lejos el engaño.»
«En realidad se aplica mal el concepto de listo como un zorro, ya que esta conducta del animal es astucia y capacidad de sobrevivir. Nada que ver con la conducta de los sinvergüenzas que se dedican a engañar por el engaño mismo y para desapoderar a otros de sus bienes.»
– Parece que tenemos que aprender mucho de los animales.
– Ya lo creo. Y si verdaderamente descendemos de un antecesor simiesco como algunos afirman, no creo que los monos estén muy orgullosos por cómo hemos resultado como descendientes.
La frase que expresara en casa del Vasco respecto de los libertadores había generado curiosidad. Un maestro cuestionando los héroes de la historia, por más que lo hiciera con palabras de un prócer, sonaba casi irreverente.-
En la sobremesa de un fin de semana, alguien se atrevió a plantearle la cuestión.-
– Cardozo, lo que usted dijo de los libertadores que no los dejaba bien parados. Me parece algo, digamos…audaz.
– Entiendo que suene raro. Solo que opino que los libertadores no son tales como se los presenta. Veamos si me explico: ¿Qué es la libertad de un pueblo? Nada menos que no estar sometido a la voluntad ajena y absoluta y decidir por sí las formas de gobierno, de vida y de integración, sin permiso de otros. Y es lo que tenían los habitantes originarios de estos lugares antes de la llegada de los conquistadores, los que se repartieron sus tierras como si les pertenecieran.»
«Cuando los invasores venidos de allende los mares y sus descendientes rompieron con la dependencia de las monarquías europeas lo que hicieron fue independizarse, y los ejércitos locales lucharon contra las fuerzas monárquicas logrando la emancipación. Y ahí está la diferencia: Los ejércitos y sus jefes no libertaron a los pueblos que eran verdaderos dueños y estaban sometidos sino a los ocupantes invasores y sus descendientes, que conservaron el dominio sobre los hijos de esta tierra. Para los pueblos originarios como los comechingones, guaraníes, matacos, tobas, guaycurúes, etcétera, los acontecimientos políticos les fueron indiferentes ya que siguieron siendo considerados una molestia. Estoy absolutamente seguro que ni se enteraron de los cambios de mil ochocientos diez, trece, dieciséis y años siguientes, incluyendo la actualidad. Siguieron siendo despreciados, combatidos, exterminados….»
«Entonces cabe la pregunta: ¿Son libertadores los que no liberaron realmente a los pueblos sojuzgados? Para mí, con todas las discrepancias que se les puedan ocurrir, son simples emancipadores independentistas, como se los quiera llamar, pero solo de los intrusos venidos con la conquista, sean originales sus descendientes. Siguieron siendo sostén de una ocupación forzosa y violenta de tierras ajenas. Simplemente lograron la autarquía, se desprendieron de dependencias económicas, políticas y sociales. Pero, reitero, nada cambió para los aborígenes que no tenían libertad. Siguieron sometidos.»
«Me reconozco descendiente de aquellos ocupantes y cada vez que excavo la tierra para colocar una planta siento que lo hago en algo que no me pertenece e imagino a las tribus originarias ahí mismo haciendo sus cultivos, cazando, viviendo con las simples preocupaciones de su vida sencilla, sin miedos.»
– Un punto de vista interesante -señaló el Vasco-. Eso quiere decir que no han sido tan santos como se los pinta.
– En la historia de los acontecimientos humanos ni los santos son tan santos ni los demonios tan demonios.
– Una gran verdad.
– Los españoles también tuvieron lo suyo con los cartagineses, romanos, suevos, vándalos, alanos y otros como los almorávides.
– Fueron muchos siglos de sufrimientos.
– Y la Iglesia, que acompañaba a los conquistadores, ¿no les reprochaba esa actitud? -preguntó Castañón-.
– Para nada. Estuvo con los ganadores que, además, combatían a los que llamaban infieles por no compartir la misma creencia religiosa.
– Eso que cube usted de los ganadores me recuerda una copla de mi infancia allá en España -retomó el Vasco-.
– ¿Y cómo period?
Vinieron los sarracenos
Pues Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.
Se cerró así, con una sonrisa, la aclaración del maestro sobre los supuestos libertadores.-
– Maestro – señaló un nuevo espectador-, usted tiene respuesta a todo lo que se le pregunta. ¿Cómo ha hecho para conocer tanto?
– No hay ningún secreto. Tuve excelentes maestros en mi infancia y adolescencia. Ellos no solo me enseñaron las primeras letras sino también despertaron mi curiosidad. Gracias a la lectura he podido acceder a informaciones que luego he transmitido a mis alumnos y, por qué no decirlo, a los amigos del saber, como ustedes.-
– Es usted una persona muy culta.
– No sé si da para tanto. Diría que simplemente soy depositario de información. Soy una persona informada, lo reconozco.-
– Todo por la lectura.
– A veces me siento a leer, sea un libro, un diario una revista, como una de las actividades rutinarias casi naturales del hombre. Y de repente pienso que hay niños a los que se les ha negado este simple instrumento de comunicación. Trato de imaginarme los ojos asombrados con que observarán a aquellos que saben descifrar el significado de lo escrito. Esos chicos, a los que los mayores con poder de decisión los privaron de un maestro, constituyen la gran deuda que la sociedad tiene por todo cuanto posee. El verdadero desequilibrio social no pasa por quien tiene más bienes que otro: Pasa por quienes tuvieron un maestro y quienes no.
«Porque de su enseñanza siempre rescatarán fuerza para afrontar las dificultades, ingenio para presentar batalla, tesón para no dejarse vencer.»
«Tuve oportunidad de conocer otros lugares y también de enseñar, y de esa actividad como maestro rescato resultados que aún hoy me emocionan. Después de cuarenta años aún me encuentro con discípulos de esas lejanas jornadas de bullicio, tiza y pizarrón.-
«Hoy los veo ya maduros, con hijos y nietos, y pienso que en algo han servido las horas de escuela para que sean lo que son, con mil diferencias porque mil caminos les abrió la vida, pero todos son gente de bien, que tratan de dejar la mejor de las herencias: Que los hijos sean mejores que los padres. »
«Cuando uno se pone a hacer un steadiness de la vida, y deja de lado las cuestiones monetarias y las temporarias bonanzas, casi siempre de menor cuantía que los dolores, empieza a encontrar joyas que permanecen en el tesoro del inventario ultimate, desde la primavera de la infancia hasta el invierno inevitable de los años avanzados. »
«En mi caso atesoro momentos que me confortan en el momento en que tratan de dominarme las circunstancias pesimistas que enmarcan la vida cotidiana. Y permítanme leerles estas líneas que llevo siempre conmigo.»
Y extrayendo un papel prolijamente doblado leyó:
He visto los atardeceres plácidos a la orilla serena del río….
Remonté barriletes poniéndole el pecho a los vientos…
He mirado el cielo recostado en el pasto, mordisqueando una hoja de nombre desconocido…
He sentido la manito tierna de un niño acariciando mi cara…
Se me anudó la garganta ante la primera sonrisa que me dirigieron desde una cuna…
Me he sentido un gladiador presto al combate, llevando una mano temblorosa en el primer día de clase…
Me emocioné ante el David…..
Me estremecí con el silencio del Coliseo romano …..
Me quedé sin palabras cuando leí mi nombre en la portada de un libro…
Enseñé el primer paso a un bebé…..
Mostré los secretos de la flor que se abre, de la semilla que brota, del fruto que madura…
Renové mi asombro mirando el cielo nocturno salpicado por una estrella fugaz…
Llené mi espíritu de risas y emociones encontrándome con los amigos de la juventud…
Me regocijé cuando comprobé que mis enseñanzas eran bien recibidas por los alumnos…
¿Lo negativo?: No lo puedo desconocer, pero lo dejo ahí guardado, en el arcón de lo que es ineludible, bajo siete llaves tratando que no me domine.-
Dejo, para cuando llegue la hora de embarcar ……
……….a los jóvenes mis ilusiones
……….a los mayores mis esperanzas
……….a los amigos mis sueños
……….a los gobernantes mis desengaños
……….a los violentos mi escepticismo
……….a los indiferentes mi lástima
……….a los inescrupulosos mi desprecio
……….a la familia mi agradecimiento
……….al río mis cenizas
SAÚL
Tenía el taller de Don Ariel varios mecánicos de buen oficio como Saúl, hijo de Don Nathan el anciano almacenero oriundo de Jerusalén que alternaba sus actividades comerciales con el estudio, práctica y enseñanza de la religión judía a una reducida cofradía. Era Saúl un muchacho serio, casi hosco, bien conceptuado en el pueblo por reconocidas habilidades mecánicas y firmes convicciones.-
También había ganado, desde pequeño, fama de buen peleador. Muchas veces se trenzaba en peleas sin importar desigualdades físicas, ganando con orgullo y perdiendo, pocas veces, con resignación. Robusto, parecía con tendencia a la obesidad, aunque era todo músculos.-
Trabajaba con excelentes resultados, de manera que se le asignaban los arreglos que requerían una especial minuciosidad.-
La reparación de aquel viejo pero bien conservado vehículo que mereciera una revisión de los orígenes del automóvil recayó en él. Trabajó con esmero dejándolo casi como recién salido de la línea de montaje.-
El dueño era de la capital y lo había traído porque supo del trabajo artesanal que se hacía en ese lugar. Period un rubio de unos treinta años de físico bien desarrollado, cabellos cortos estilo prusiano, ojos grises de mirada penetrante y voz imponente, ropas de alta calidad y una soberbia que le exudaba por los poros.-
Cuando pasó a retirarlo y lo probó quedó deslumbrado con el arreglo y después de pagar quiso conocer al mecánico que lo había reparado.-
Grande fue su asombro cuando se enteró que period Saúl, un judío.-
– Pero señor -exclamó dirigiéndose a Don Ariel-. ¿Cómo permitió que un judío tocara mi auto?
– ¿Y por qué?
– Porque a mi auto no le puede poner la mano encima, ni para un arreglo, ni siquiera para lavarlo, un judío.
Saúl se vino derecho limpiándose las manos en un trapo, tal vez para pegarle sin mancharle el fino ropaje.-
– ¿Vieron? Además de judío es un gordo peleador -continuó diciendo el rubio con una sonrisa burlona y cerrando los puños, presto a golpear-.
Intervino Fosforito interponiéndose entre ambos, y se dirigió a Saúl.-
– ¿Por qué te enojas?
– Sí. Te dijo judío, gordo y peleador. ¿Y?
– Es un racista, como los que nos han perseguido por siglos.
– Pero no debes ofenderte por lo que dijo. Eres algo gordo y eso no se discute, también peleador pues sabemos bien todos que tienes pocas pulgas, y también judío. Y no veo razón para que te sientes ofendido por esa condición. Al contrario, deberías estar orgulloso de tener una convicción que puede no compartirse, aceptarse discutirse, pero de ninguna forma darte por ofendido, salvo por lo de gordo y peleador, que no deja de ser cierto aunque pueda sonar exagerado.
Se produjo un silencio que cortó Don Ariel.-
– El señor ha querido ofender diciendo algo que de ninguna manera puede ser tomado como agravio. Se equivoca al pensar que sus palabras provocan y hieren. Darse por insultado cuando califican con lo que uno es como raza, religión ideologías contradice las convicciones. Deberías contestar, Saúl, expresando tu orgullo por lo que eres y aceptando aquello que realmente merece críticas, como es tu carácter duro propenso a liarte en grescas. Y reconozco que eres los que llamamos leche hervida” porque se te sube la espuma enseguida, y además debes entender, y todos ustedes también, que con golpes no van a hacer cambiar a nadie de opinión. La violencia no mata las concepts, por el contrario, las fortalece. Lo dijo alguien cuyo nombre no recuerdo.
– Un tal Ariel Funes -susurró Fosforito por lo bajo a los mudos espectadores-.
– Tiene razón, Don Ariel -respondió Saúl-. Solo que me dejé llevar por mi carácter. Gracias por su aclaración, y gracias a vos Fosforito porque impediste que este señor se diera el gusto de golpearme por algo que no tenía motivo de enojo.
El rubio no sabía qué contestar y tampoco quería ya seguir insistiendo en una fracasada reyerta, así que optó por subir al automóvil y alejarse raudamente, levantando una nube de tierra que el viento dispersó sobre los jardines.-
El tema quedó allí plantado aún cuando ya no se escuchaba el ronco ruido del motor que se alejaba.-
– ¿Podrías decirme, Saúl, por qué te enojaste así de golpe? -preguntó Ramón, un robusto mecánico, mirando por encima de los anteojos-.
– Porque después de siglos de luchas los judíos estamos siempre en guardia. La historia de nuestro pueblo ha estado signada por una permanente confrontación en distintos escenarios y desde entonces no cesa el combate.
– Esas viejas luchas, ¿en que consistieron?
– Un momento -intervino Don Ariel-. El asunto es largo. Interesante pero largo, y estamos en horas de trabajo. Así que quedas comprometido, Saúl, para explicarlo en el próximo asado, si no te ofende que te digan gordo amante de las costillas sabrosas.
Las chanzas cerraron, por el momento, la conversación.-
Los asados se hacían en cualquier día, menos en sábado, para que todos pudieran concurrir.-
Ya Saúl se había encargado de aclarar que su religión, en el cuarto mandamiento, vedaba las actividades en sábados tales como cocinar, amasar, viajar, prender fuego, vender y comprar y lo destinaba totalmente a las prácticas religiosas junto con su padre.-
También señaló que ese día, al que llamaba Schabat, era el séptimo de la semana y correspondía al descanso de Dios, así que prohibía ejercer actividad alguna. Asombró a su audiencia cuando hizo saber que si muere algún judío el duelo se interrumpe el sábado y ese día el dolor no se pone de manifiesto ni se expresan condolencias sino una frase algo así como Hoy es sábado, no debemos lamentarnos porque la consolación está cerca. Observad el sábado en paz”.-
Se retiraba del taller poco después del mediodía del viernes, pues la santidad del día comenzaba en pocas horas y nadie objetaba su ausencia, pues el lunes al retornar recuperaba con creces los trabajos pendientes.-
Llegada la noche del asado, un apetitoso costillar puesto en un buen asador diseñado y elaborado con esmero en el mismo taller inundaba el patio con una fragancia que despertaba mil sensaciones, mientras los leños de espinillo y quebracho blanco iluminaban la escena con bellas estrellas.-
En iguales condiciones de cocción otro trozo de costillar, provisto por Don Nathan, permitía que su hijo participara de la reunión consumiendo un alimento Kascher. Es decir apropiado para comer por los judíos. También los demás componentes de su comida como pan y bebida eran del mismo origen.-
Mientras la carne tomaba su justo punto, Don Ariel amenizaba la reunión con su acordeón a piano. Chacareras, zambas, chamamés y chamarritas pasaban sin interrupción mientras Leticia, su esposa, los bailaba con soltura acompañada cada vez por una pareja distinta, excepto Saúl que cuidaba de no tocar mujer alguna si no period de su círculo familiar.-
La velada transcurría apacible y divertida. Para matizarla, Don Ariel interpretó los inconfundibles acordes de El rancho de la Cambicha”, rasguido doble legendario y conocido en todo el territorio litoral.-
Al finalizar, se hicieron comentarios generales, hasta que uno preguntó:
– ¿Quién era la Cambicha?
El ejecutante tomó aire y sonrió. Estaba esperando la pregunta:
– Les voy a relatar la historia de esa mujer, que seguramente ustedes desconocen como ocurre con muchas cosas que la historia ha perdido por tratarse de persona simples y no de personajes que brillan en las páginas de los libros, muchas veces con méritos ajenos. Mi padre relató esta historia en una rueda de mate de la tarde, después de una visita a sus amigos en Santa Fe y poco antes de morir. La tengo presente como si la hubiera escuchado ayer. Veamos.
– Adelante -respondieron a coro los espectadores-.
– Este rancho no estaba en Corrientes, como suele pensarse, sino en el chaco santafesino. Resulta que cuando comenzó la explotación del quebracho, llegaron al bosque chaqueño muchos obrajeros de distintas latitudes, sobre todo de Corrientes, que se sumaban a numerosos inmigrantes, en su mayoría friulanos. Un correntino emprendedor amigo de mi padre, de apellido Merello, enviaba algo de ganado desde Bella Vista y para mejorar el negocio se asoció con dos santafesinos llamados Alejandro Binaghi y Nicolino Rinessi para proveer más ganado vacuno ampliando el consumo para la creciente población, ya que en los obrajes se consumía solo carne de recuas cimarronas y algún otro bicho salvaje. Binaghi y Rinessi se hicieron cargo del arreo, la matanza y distribución. La Forestal ya había entrado a pleno y llegaba gente de todos lados en busca de un conchabo, y había que proveer alimentos a esas bocas y las que ya estaban.»
«Llevaban el ganado en chatas corrales hasta los bañados de Las Toscas en Santa Fe y de allí por arreos de quince a veinte días hasta La Sabana, en el monte, que period punta de riel desde que comenzó la explotación del quebracho por los años ochenta y algo. El viaje solo, sin arreo, demoraba como mínimo tres días de buena cabalgata. En el camino había un lugar llamado El Baile, denominado así por unos arrieros que habían encontrado a unos mocovíes en plena diversión de baile y borrachera.»
«Como el viaje era largo y se hacía necesario cambiar las montas, comer algo abundante, dormir y pasar algún momento de diversión, Merello instaló en El Baile, hoy partido de Tapenegá, un parador solitario a cargo de una correntina conocida como la Cambicha, amiga de Rinessi, que al mismo tiempo de atender a los viajeros criaba majadas de lanares y cabríos, viviendo sola. Además se usaba la zona como reserva de animales ya que abundaban los buenos pastos. Allí cada tanto se organizaban reuniones donde concurrían troperos y gente de los obrajes, sobre todo con guainas, chicas jóvenes dicharacheras y, sobre todo, casaderas.»
«Cierta vez unos matreros, conocedores que Rinessi solía pasar con la plata de la venta del ganado ya que no había en esos lugares bancos, giros y otras modernidades disponibles, le dijeron a la Cambicha que acamparían en un monte cercano y cuando pasara Rinessi hiciera un disparo al aire para avisarles, y ellos se encargarían del resto. La Cambicha, leal a su patrón, salió al cruce de Rinessi y le avisó, por lo que éste tomó por unos atajos que solo él conocía huyendo de la trampa.»
«Al volver, la Cambicha hizo un disparo y los matreros salieron a perseguir a su esperada víctima por un camino equivocado. Descubriendo que habían sido burlados, volvieron y golpearon ferozmente a la mujer llegando a infligirle terribles vejámenes y heridas. Luego, la estaquearon y se fueron. Dos días mas tarde tres antiguos pobladores, Florencio Vallejos, Santiago Franco y Rogelio del Carril, también amigo de mi padre, en camino desde La Sabana hacia el kilómetro setenta y cinco encontraron a la infeliz mujer muerta en las estacas y a la que estaban comiendo los animales carroñeros. El paraje El Baile conserva una rústica cruz de madera en homenaje a la valiente, abnegada y leal correntina. Por eso la letra de la canción inicia: Esta noche, que en El Baile, en el rancho e´ la Cambicha……”. Algunos lo han cambiado, erróneamente y por desconocimiento como Esta noche que hay baile…”, lo que no responde a la historia actual.
– ¿Cómo supieron lo ocurrido?
– Uno de los matreros cayó preso por otras fechorías y contó la historia.
– La verdad, Don Ariel, que no esperaba que la cosa hubiera sido así como la cuenta -comentó Jacinto Benavides, un viejito de edad indescifrable que a veces se encargaba de la limpieza y los mandados-.
– Hay algo más, y también tremendo. Antes de lo que les relato de la Cambicha, en Las Toscas hubo una revuelta de los indios y además de hacer una carnicería entre los pobladores, en su mayoría italianos, se robaron un pequeño hijo de la familia Binaghi y se lo llevaron a la zona que después pasó a ser el campo El Baile. Nunca pudieron rescatarlo y con el tiempo se transformó en un legendario cacique rubio del que todavía se habla.
Pasada la impresión que provocaran las historias, siguió la música matizada con cuentos de tono algo subido y anécdotas diversas.-
– Saúl -llamó un ocasional cliente que había quedado para compartir el asado-. ¿Te convido con una morcilla?
– No señor, gracias. Nosotros no comemos sangre.-
– ¿Por…?
– En nuestra religión comer sangre está prohibido. Por eso se la drena de la carne sumergiéndola media hora en agua, luego se la sala y después de una hora se la enjuaga. Así está en condiciones de ser consumida, siempre que haya sido sacrificada según nuestros ritos. También está prohibido el consumo de carne de animales que no tengan pezuñas rasgadas, además del camello, el conejo, la liebre, el cerdo, los mariscos, ranas, anguilas, pescados sin escamas, aves rapaces.-
– ¿Y cómo es eso del sacrificio?
– Muy simple. La matanza del animal la ejecuta el Schojet, persona habilitada por la autoridad religiosa, el que usa una cuchilla que es extremadamente filosa y sin mella para evitar sufrimientos innecesarios. Si al degollar se toca accidentalmente el hueso, lo que se constata repasando el filo, el animal se descarta.
– Siempre se aprende algo nuevo -sentenció Fosforito-.
Cerrando las horas avanzadas de la noche, Saúl se encargó de cumplir con su tema pendiente: hacer una referencia de las luchas que había mencionado días atrás.-
– Simplemente para dar una muestra de las luchas históricas, les voy a contar sobre la destrucción de Jerusalén. Ustedes saben que el imperio romano period muy extenso y abarcaba, respecto de esto que les relato, lo que llamamos Medio Oriente, que incluye el territorio palestino. Judea period parte de la provincia de Siria. Cierto día el emperador romano envió una ofrenda para que fuera presentada en el templo judío en su nombre y ordenando se rogara por su salud. De más está decirle que el pedido fue rechazado con vehemencia. Hubo incidentes, peleas y algunos judíos entraron en una de las tantas fortalezas romanas y mataron a los soldados. Esa chispa encendió una rebelión generalizada y la ciudad quedó en poder de la población.
– Pero ¿quién destruyó esa ciudad?
– Ahora voy. El prefecto romano Cesio Galo rodeó la ciudad con sus tropas y les intimó rendición la que, por supuesto, no fue aceptada. Ordenó entonces socavar los muros y estando casi terminada la tarea los soldados se retiraron. Los seguidores de Jesucristo, que también habitaban la ciudad con tantas convicciones en sus creencias como los nuestros, creyeron ver en ello una señal profética y salieron de la ciudad. Fue en el otoño del año sesenta y seis, precisamente el miércoles siete de noviembre si nos atenemos al calendario cristiano que se usa en todos lados. Los cristianos fundaron entonces la ciudad de Pella en las montañas de Perea.
– ¿Y con la rebelión que pasaba?
– Tranquilo, no me apuren si me quieren sacar bueno. Tropas al mando de Vespasiano sitiaron nuevamente la ciudad dispuestas a poner fin al asunto. Cuando Vespasiano fue nombrado emperador, dejó en su lugar a su hijo Tito que al observar que había gente en el templo y no queriendo llevar la lucha al terreno de la religión, lo que la haría interminable, les envió un mensaje. Permítanme leerlo pues lo tengo escrito en este apunte.
– Se vino pertrechado el mozo -dijo Castañón con mucha atención en el desarrollo de la exposición-.
– Así es -respondió el aludido extrayendo una libreta donde registraba las más diversas lecciones, ideas, sentencias, curiosidades y otras cosas más-.
– Adelante, entonces.
– Cuenta Flavio Josefo, historiador judío que participó de la defensa de Jerusalén, que el mensaje de Tito decía: No soy yo el que os mueve y os fuerza a violar vuestras casas santas; antes, si vuestras gente muda su asiento y se pone en otro lugar, ni se llegará al templo alguno de los romanos, ni hará cosa alguna que sea para su afrenta; antes, aunque vosotros no queráis, yo guardaré el templo”.
– No puede ser que haya escrito semejante cosa un sitiador en pie de guerra.
– Así lo relata el testigo que nombré, Flavio Josefo. Si quieren más detalles les ofrezco que leamos juntos el tomo dos de su libro Historia de las Guerras de los Judíos”, que forma parte de los tesoros escritos que se guardan en algunas casas de judíos y de gentiles, sea no judíos.
– Está bien. Sigamos que esto se pone interesante -apuró Don Ariel-.
– El diez de Agosto del año setenta se entabló un recio combate y alguien arrojó una tea ardiente dentro del templo que, al ser en gran parte de madera, ardió de inmediato pese al esfuerzo de todos, incluyendo los romanos, para extinguirlo.
«Ordenó entonces Tito, el vencedor, demoler la ciudad para que nadie la volviera a habitar. Los soldados excavaron las ruinas del templo en busca del oro fundido. En el arco de triunfo que se erigió en Roma conmemorando el hecho se representa el botín saqueado.»
«Del templo, que en realidad period el segundo levantado, solo quedó el muro occidental que conocemos como de Los Lamentos. Cube Flavio Josefo que allí murieron más de un millón de judíos y unos cien mil fueron llevados para morir en el circo romano vendidos como esclavos. Ya ven, traemos la lucha desde lejos.»
«Donde hoy está Israel fue dominio de asirios, babilónicos, romanos, árabes, seléucidas, cruzados, mamelucos y turcos otomanos, miren si hay años de luchas. La destrucción del templo se recuerda incluso en el remaining de la ceremonia de matrimonio, cuando se rompe la última copa.»
– Saúl -acotó Don Ariel-, hay asuntos en los que critico a los judíos, como lo hago también con otras religiones e ideologías de distintos orígenes, pero eso no quita que les reconozca que desde el fondo de la historia han desaparecido imperios, naciones poderosas, ejércitos supuestamente invencibles, todos con gran poderío militar, económico y político, y al mismo tiempo tu pueblo sin semejantes estructuras los ha sobrevivido.»
«Recién ahora tienen un territorio definido pero cuesta creer que durante miles de años no tenían una organización política formal. Te reitero que estoy en desacuerdo con muchas cosas de ustedes, solo que no soy ciego ni absolutista.»
– Pasa que esos poderosos que usted nombra no han sido otra cosa que ídolos con pies de barro -respondió el aludido-.
– Eso que dices lo he escuchado varias veces pero no entiendo bien de qué se trata. Supongo que se lo dice sin saber de dónde viene la expresión -intervino Ramón-.
– Si la paciencia de ustedes aún tiene resto, les explico el significado.
– Adelante, que de aquí no sé si salimos sobrios, pero seguro que saldremos informados -señaló Federico Núñez, hombre que preparaba asados inigualables-.
– Hubo hace muchos siglos un rey de Babilonia llamado Nabucodonosor segundo, hijo de Nabopolasar el rey que terminó con el imperio asirio. Este Nabucodonosor tenía una corte de sabios que, entre otras cosas, cumplían la función de interpretar sus sueños. En cierta ocasión no recordaba un sueño, pero estaba seguro que era importante, por lo que pidió a sus sabios que lo recordaran por él y lo interpretaran.
– Loco, y no lo comentes con nadie……
– Así period la cosa, y como los sabios dijeron que era imposible describir un sueño que el rey no recordaba y menos aún traerlo para explicarlo, mandó ejecutarlos lo mismo que a los astrólogos de la corte.
– Bravo el Nabu…co….coso ese.
– Continúo. Llamado a presencia del rey con el mismo fin, el luego reconocido como profeta Daniel expresó que él podía hacerlo y que se trataba de un sueño sobre las cosas que iban a ocurrir. Describió la visión como una estatua colosal con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, abdomen de bronce, piernas de hierro y pies mezcla de hierro y barro. En el sueño relatado la estatua se desmoronaba por la caída de una piedra que golpeó los píes y formó una montaña.»
«Daniel continuó explicando que la cabeza de oro representaba a Babilonia, imperio que sería reemplazado por uno de plata, Persia, que a su vez terminaría cediendo su lugar a uno de bronce, Grecia, hasta sucumbir ante el imperio de hierro, Roma. Los pies indicaban que el reino se disgregaría, ya que el barro y el hierro no se unen en forma consolidada. »
– ¿Y qué pasó?
– Así ocurrió. Pasaron los persas, los griegos y romanos. Finalmente el imperio romano fue dividido por Teodosio, lo que facilitó la invasión de los bárbaros, y las naciones resultantes tuvieron poderíos desiguales. Carlomagno, Otón El Grande, Carlos quinto, Felipe segundo, Luis catorce, Napoleón, Guillermo segundo, resultaron incompetentes para volver a formar lo que fue el gran imperio romano. Incluso mediante matrimonios morganáticos sea conservando cada uno su linaje y condición, no lograron recuperar las grandezas perdidas.
«Los parentescos no impidieron que siguieran las luchas disgregantes. Cuando estalló la primera guerra mundial, en el año mil novecientos catorce, eran primos el kaiser de Alemania, el zar de Rusia y el emperador de Inglaterra y así y todo se trenzaron en lucha. Generalizando, hoy llamamos ídolos con pies de barro a quienes se muestran como poderosos y eternos pero no tienen la fortaleza necesaria para conservarse en esa condición.»
Así, con sencillas palabras, terminó Saúl su exposición, retomando todos la rutina con la que siempre se cerraban las reuniones consistente en una estruendosa partida de naipes, a la que se agregaron comentarios diversos sobre religión.-
Las noticias de una posible guerra en Israel produjeron inevitables comentarios y, por supuesto, Saúl se encargó de aportar datos.-
– Resulta que después de años de luchas, se nos reconoció un territorio en la antigua Palestina y se creó oficialmente el estado de Israel el catorce de Mayo del cuarenta y ocho, cinco de Ivar del cinco mil setecientos ocho según nuestro calendario. Ya ven, no hace mucho. Y desde el mismo día de su fundación, mejor dicho desde el día siguiente, enfrentó y ganó una guerra declarada por los estados árabes que lo rodeaban. Así Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak, más contingentes de tropas de Arabia Saudita, lucharon y perdieron contra el flamante país de solo un día de existencia al momento de iniciarse la guerra. Eso confirma los relatos sobre el estado de guerra casi permanente.
«Y aprovecho para anticiparles que me voy para allá, a Israel. Siento que es mi lugar, ya que mi padre con sus años no puede hacerlo. Es un deber histórico que tenemos con nuestros antepasados.»
Tiempo después un funcionario israelí y un rabino venidos de la capital informaron a su desolado padre que aquel mecánico luchador de modesto origen y sólidos principios había caído en la sangrienta batalla de blindados de El Kuntilia, en la franja de Gaza. El destino le ayudó a morir tal como seguramente hubiera elegido en caso de poder hacerlo.-
Cuando llegó la noticia de la muerte de Saúl se conversó sobre la religiosidad y las diversas corrientes que practicaban millones de personas.-
Fue entonces que Don Ariel escribió una nota para una modesta revista que publicaba la junta de vecinos cuando conseguía algunos fondos para imprimirla.-
Decía:
Explicando lo inexplicable – Por Ariel Funes
El hombre siempre trató de explicarse el por qué” de las cosa. Desde las más visibles, como las estaciones, las lluvias, el fuego, hasta las más complejas como que si todos los seres -humanos, animales, plantas- tienen padres y éstos a su vez los tuvieron, cuál period el padre inicial. En distintos tiempos y geografías se lo asignó a una inteligencia superior. Aparecieron deidades con características, pasiones, vicios y virtudes humanas. Dioses de la guerra, la fertilidad, las cosechas, etc., concentraban una explicación al orden de las cosas que estaban a la vista.
Para obtener sus bondades y evitar sus iras se establecieron ofrendas, rituales, sacrificios de humanos y animales.-
El politeísmo fue dando paso al monoteísmo y en algunos lugares esa mente superior fue tomando distintos nombres y características (Dios, Alá, Jehová, and so forth., con voceros enviados aún por enviar) y se asignaron personas para que se encargaran de explicar su existencia y establecieran contacto. Brujos y hechiceros en las remotas tribus, más sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, and so on., pujan en ser los depositarios de la verdadera explicación de lo que supera nuestro entendimiento. Todo dentro de valores, riquezas y deseos humanos. De ahí el Paraíso con verdes prados y arroyos susurrantes con multitudes de vírgenes disponibles según la creencia que se trate, las vestiduras de oro y terciopelo en algunos casos y la imagen corporizada con características terrenales en un anciano de larga barba y nívea túnica en otros. También el infierno con fuegos, suplicios, and many others.
Las ofrendas y sacrificios se modificaron sin desaparecer. Las ejecuciones humanas fueron implementándose ya no para agradar al ser superior sino para purificar las almas de quienes, a juicio de los ejecutores, merecían la tortura y la muerte. La caza de brujas y herejes para la muerte bajo suplicio sigue vigente en muchos lugares.-
La ciencia agregó nuevos interrogantes al acercar mundos desconocidos. Hoy los avances científicos dicen cómo ocurren las cosas pero no por qué. ¿Por qué las células al multiplicarse a partir de una primera asumen cada una un rol para ser hígado, corazón, huesos, tronco, hojas, semillas, plumas, etc.? ¿Por qué el organismo reacciona con inteligencia propia para cicatrizar, curar, atacar bacterias, crecer y detenerse? ¿Quién les grabó” las órdenes de ese proceder? Si la materia es finita, ¿Qué hay mas allá del fin de los cuerpos celestes yendo en línea recta? Es inexplicable en términos de inteligencia humana, y se lo asigna a esa mente superior.-
Que se trata de lo mismo con distintos nombres se puede inferir en que todas las religiones confluyen en un punto: La definición de conducta con los demás. Veamos: Cristiana: Todo lo que quisierais que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos porque ésta es la ley de los profetas (Mateo, 7:12); Judía: Lo que es despreciable para ti, no lo practiques con tus iguales. Esta es la ley; todo el resto es comentario (Talmud, Shabbat, 31ª); Brahamana: Este es el compendio del deber: No hagas a los otros lo que os causaría dolor si os lo hicieran a vosotros. (Mahabharata, 5.1517); Budista: No hieras a los otros pues no te agrada que te hieran. (Udana-Varga, 5.18); Confucionista: Esta es la máxima de la bondad: No hagáis con los otros lo que no queréis que ellos hagan con vosotros. (Analectas, 15.23); Taoísta: Mira la ganancia de tu vecino como la tuya propia y su pérdida como tu pérdida. (T´ai Shang Kan Ying P´ien); Zoroástrica: Tu naturaleza es buena sólo cuando evita hacer a los otros todo lo que no es bueno para ti mismo. (Dadistan-i-dinik. 94.5); Islámica: Ninguno de vosotros es un creyente, hasta que desea para su hermano aquello que también quiere para sí mismo. (Sunnah); y hasta un disidente como George B. Shaw ha dicho (1903): No hagas a los otros lo que ellos hacen contigo. Vuestros gustos pueden ser diferentes.-
Hay millones de leyes intentando hacer cumplir estos pocos y suficientes principios.-
¿Creer? ¿No creer? Personalmente en lo único que no creo es en aquello que esté demostrado fehacientemente que no existe.-
El escrito desató opiniones dispares. Una dama de reciente radicación en el pueblo le expresó con firmeza:
– Usted no puede sembrar dudas sobre la verdad que ha sido revelada. No tiene derecho.
– Señora -respondió Don Ariel con serenidad-, el verdadero derecho que alimenta la mente del hombre y forma la esencia de su condición es el de razonar, opinar, expresarlo y el más importante de los todos: el derecho a equivocarse. Se pueden hacer extensas listas de todos los derechos imaginables pero si usted presta atención, todos pasan por el reconocimiento del libre razonamiento. Un científico y pensador del siglo pasado, llamado Charles Darwin, dijo: Un resultado justo puede obtenerse solo exponiendo y pensando perfectamente los hechos y argumentos de ambas partes de la cuestión. Un hombre sin opinión propia solo es una piedra que camina, agrego yo.
Ariel Funes sabía bien cómo exponer sus concepts.-
COMISARÍA
Si la veraniega siesta pueblerina tiene fama de tranquila, en una ocasión fue la excepción que justifica la regla.-
En los registros de la historia del tranquilo pueblo quedó plasmado un episodio cuyos detalles pasan de generación en generación.-
El sol de Enero reflejado en las desiertas calles de tierra hacía meditar el más pintado sobre la conveniencia de salir fuera del cobijo de la sombra hogareña.-
En la comisaría, el cabo Fuentes transpiraba frente a un viejo ventilador negro con paletas de bronce donado a la cooperadora policial por la viuda del peluquero Barrios. Era el único alivio dentro del viejo y alto recinto policial, donde también funcionaba el Juzgado de Paz y el Membership del Progreso.-
La radio policial llenaba el espacio de ininteligibles mensajes llenos de estática. Solo se escuchaban algunas palabras sin sentido para los ajenos el trajín de la autoridad: ….cero de nada…cinco de quinto…nueve de noveno, ¿QSL?…quede QRO… averigüe en el mismo QTH….
Una vieja máquina de escribir Rémington negra, artísticamente fileteada en amarillo oro, constituía el resto del equipamiento. Los demás eran muebles que vinieron de distintas donaciones ya olvidadas.-
Desde un cuadro de marco despintado un ignoto uniformado de dura mirada y largos bigotes, con manchas de humedad brotadas de hongos, cuidaba el cumplimiento de la ley.-
Avanzada la mañana, irrumpió en la comisaría la imponente figura de doña Josefa Lavalle viuda de Arsenio López, viejo criador de gallos de riña muerto de un infarto en plena pelea de su favorito.-
Cuidadoso peinado, propio de una fiesta más que de un trámite, tez prolijamente maquillada y adecuados aros haciendo juego con un collar de perlas artificiales, hacían de doña Josefa una figura aún interesante.-
Sin darle tiempo al cabo Fuentes de saludar preguntar algo, se despachó con vehemencia:
– Vengo a hacer una grave denuncia…. ¿Dónde está el comisario?
– Vea señora, el comisario está en la zona de Sauce Quemado por un asunto de abigeo, así que yo la puedo atender en lo que necesite.
– Resulta que me han robado el Perico, mi loro mascota, y creo saber quién fue.
– Mire usted, mejor nos sentamos y le tomo la denuncia por escrito, así no tiene que repetir -dijo el cabo tratando de sacarse de encima el problema-.
– Mejor así. Escriba….
Luego de las formalidades del encabezamiento, dando fe el cabo de conocer a la denunciante como vecina de la zona, etc., and so forth., le cedió la palabra a la viuda.
– Resulta que mi loro, el Perico, desapareció del frente de mi casa a fines del año pasado. Es un loro chaqueño muy hablador, grande, con plumas verdes, amarillas y rojas.
– Por ejemplo; ¿Recuerda algunas de sus palabras?
– Por supuesto: Cube nombres como Martín, Nena, Marcos, Lorena, Marta, Carlos, Polo y también cube pobrecito Perico”.
– Y usted dice saber quien se lo sustrajo.
– Claro. Ayer pasé por la casa del Fabián Reynoso y observé que en la ventana tiene un loro que no es otro que el Perico. Esta gente nunca tuvo un loro y ahora aparece teniendo uno que estoy segura es mi Perico.
En ese momento llegó el comisario que disimulando su sorpresa leyó la denuncia por encima del hombro del cabo, sin sacar el papel de la máquina.-
En una actitud que desconcertó al escribiente, el comisario expresó:
– Esto es un asunto muy grave. Cabo, ya mismo put together un informe para el Agente Fiscal de feria y para el jefe de la regional. También prepare la designación del Cabo Edgar Contreras como Secretario de Actuaciones y del agente Belindo Campos como investigador. Y usted señora vaya tranquila que se investigarán los hechos. Sería de mucha ayuda si aporta algunos testigos para darle fuerza a las actuaciones.
– Esta misma noche le traigo una testigo y mañana me pongo en campaña para conseguir más.
– Está bien. Disponga usted lo necesario que nosotros estamos a su servicio.
El cabo Fuentes no entendía nada de tantas atenciones, pero guardó respetuoso silencio hasta que le figura de la viuda se perdió a lo lejos. Recién entonces preguntó:
– Comisario: ¿Nos vamos a poner a investigar este asunto de un loro, con actuaciones, fiscales y demás trámites?
– ¿No atendiste bien de quien se trata? La viuda está vinculada, por partes húmedas, a Don Leopoldo Gómez, el senador del departamento. No podemos hacernos los distraídos porque se nos puede encular y ahí mismo estamos todos fritos.
– ¿La viuda se acollara con el physician Gómez?
– Aclaremos una cosa: De physician solo tiene la tarjeta de presentación, ya que le pareció que poner solamente Senador y no agregarle doctor” le quitaba prestigio. Lo único que ha estudiado es como convencer a la gente a la hora de votar. Por lo demás sí, es cierto, consuela a la viuda en su soledad.
– Habrá que apechugar….
Y las actuaciones policiales comenzaron un desarrollo que nadie hubiera imaginado.-
Esa misma noche, como a las nueve, la viuda apareció trayendo casi a rastra a una testigo, tal como había amenazado.-
Dijo llamarse Marcela Villagra, vecina de Reynoso. Afirmó que éste tenía un loro de plumaje verde, amarillo y rojo en un aro y lo había escuchado decir Lorena, silbar y al parecer pronunciar un nombre como si dijera Polo. Sabiendo que a la viuda de López se le perdió un loro parecido y, sin efectuar acusación, se atrevía a decir que se trataba del mismo animal.-
Con semejante declaración, y siguiendo con el ritual impuesto por las circunstancias, el comisario cursó un inmediato pedido de allanamiento para el domicilio de Fabián Reynoso.-
Llegada la orden, emitida con la premura que requería el vínculo político, que no period desconocido en la capital ya que el comisario se había encargado de aclararla por vía telefónica, se allanó el domicilio de Reynoso secuestrándosele, como figuró en el acta, un loro tamaño grande, de plumaje de colour verde, amarillo y rojo.-
Esa misma tarde se la citó a la viuda de López para reconocimiento del animal. Aseguró que lo reconocía como de su legítima propiedad y que era el mismo que le habían sustraído. En el mismo acto se le hizo entrega del pájaro en calidad de Depositaria Judicial.-
Pero las cosas se complicaron ya que un par de días después se presentó María Asunción Lagos de Amaya, domiciliada en la capital, diciendo que se enteró por llamado de su sobrina Gladys Rosa Llanes de Reynoso (esposa del imputado) que le habían secuestrado el loro que le había dado la declarante a raíz de la denuncia formulada por una señora por sustracción de loro. Agregó se presentaba para explicar que su suegro le trajo el animal hacía unos tres años desde Tucumán a su casa en la capital. Aclaró que el animal no tenía más de cuatro años y que lo regaló porque a su marido le molestaban los ruidos que hacía y le pegaba, lo que le hizo dar lástima y lo entregó a su sobrina. Ofreció como testigos a sus vecinas Norma de Barrios, Juana Casas y Nimia de Basualdo.-
Se había desatado una batalla donde las tropas eran los testigos y el escenario el despacho policial, donde supuestamente nunca pasaba nada.-
Para reforzar la posición de la viuda, y mantener presente la importancia que revestía atenderla bien, al día siguiente se presentó espontáneamente Don Leopoldo Gómez, senador provincial, ofreciendo declarar como testigo. Conocedor de la imposibilidad de presentarse como doctor” se conformó con titularse de profesión experto en agronomía”, agregando que uno de sus hijos era vecino de la viuda de López, la que desde hacía unos cinco años tenía un loro de tamaño grande, de plumaje coloration verde, amarillo y rojo, al que mantenía suelto, andaba por la tapia, se cruzaba a los árboles y que por esta razón sus nietos le había tomado afecto a dicho animal enseñándole cosas como poné la pata Perico”.-
También sabía que este animal mencionaba nombres como Lorena, Carlos, Martín, se reía igual a la dueña y aprendió a nombrar un sobrino llamado Marcelo. Continuó diciendo que tuvo conocimiento que había desaparecido el loro no pudiendo precisar si lo habían sustraído se había ido por sus propios medios, lo que consideraba medio difícil ya que muchas veces su hijo intervino para hacerlo volver cuando se subía a los árboles. Enterado por la dueña que había recobrado el loro aclaró que no había tomado contacto con el mismo para ver si lo reconocía lo recordaba por lo que no podía afirmar con exactitud si se trataba del mismo animal, pero si podía decir que por la descripción había mucha similitud del coloration del plumaje y además recordaba que el loro de la viuda de López tenía un dedo de la pata derecha deformado, aportando como otro dato que había una foto mural de dicho animal en poder de la propietaria donde se podía apreciar la deformación mencionada.-
Siguieron presentándose testigos, espontáneos y obligados, como convocados por una tragedia.-
Tratando de cerrar el caso, el cabo Contreras le tomó declaración al agente Belindo Campos, a cargo de la investigación, quien relató minuciosamente los detalles del allanamiento e incautación del loro, contando que cuando la viuda de López lo fue a reconocer le dio una disaster de nervios, lo subió al dedo y dijo: no me cabe duda, este es mi loro”, y mostrando un mural de tamaño mediano que había portado hasta la comisaría decía mírenlo bien si no es el mismo”. Indicó que el declarante y el resto del personal presente, dos agentes y un inquilino vitalicio que limpiaba a cambio de dormir en una celda, efectuaron un exhaustivo análisis y comparación llegando a la conclusión que eran coincidentes en todo haciendo resaltar que el animal tenía una deformación en una pata lo que se constató también con la foto mural. Que dejó como depositaria judicial del loro a la denunciante. Relató las declaraciones de los otros testigos, las que presenció en casi todos los casos y que luego se constituyó en la casa de la viuda de López para escuchar al animal, el que solo dijo hola”, ponga la patita”, silbó a las mujeres y tiró besitos.-
Así las cosas, el cabo Contreras le solicitó a la viuda de López que permitiera el examen del loro por parte de un veterinario para determinar similitudes, características diferencias en el animal y el mural. No habiéndolo en el pueblo se trasladó la instrucción hasta la vecina localidad de Los Cazadores, constituyéndose en el local comercial Agro-Veterinaria El Mangrullo” pidiendo la colaboración del Médico-Veterinario Alejandro Pereyra, que en declaración testimonial dijo que el plumaje coincidía con el del mural y en cuanto a la deformación que presentaba el animal en la pata derecha era una Anquilosis Deformante y en el mural se observaba una lesión similar pero en la pata izquierda, siendo una lesión frecuente en ese tipo de animales.-
Claro que la foto mural podía adolecer de fallas, así que fue traído a inspeccionarlo el agente Arturo Méndez de una comuna vecina, aclarándosele que period como colaboración por si se le ocurría pretender algún pago. Dijo que además de trabajar como policía, en sus horas libres se dedicaba a la fotografía por lo que tenía amplios conocimientos en la materia y en lo que respecta a laboratorios. Además, era el único que desempeñaba las tareas de fotógrafo en ese medio.-
Yendo al tema de la fotografía del loro, expresó estaba bien tomada en el plano focal, no así la pata izquierda y parte del pico y plumaje arriba del pico, por posible movimiento del animal que no alcanzó la velocidad que el fotógrafo le dio a la máquina. Con autoridad e ínfulas de profesional dijo que normalmente para esos trabajos se da velocidad sesenta y el movimiento del animal supera esa velocidad. Luego, comparando con el animal, cedido gentilmente por la denunciante, sentenció que los colores del plumaje eran coincidentes.-
Recién entonces se hizo comparecer a Fabián Reynoso, el imputado, quien se abstuvo de declarar solo diciendo que nombraría defensor. Se le tomaron huellas digitales y se remitieron a sección Identificaciones en la capital.-
En ese estado se dispuso la elevación de las actuaciones a la División Trámites Judiciales. Mientras tanto Fabián Reynoso designó como defensor al Dr. Samuel Iglesias, de la ciudad capital.-
Se llevaron a Fabián Reynoso ante el Sr. Agente Fiscal Eduardo Piedrabuena, y allí declaró: Que negaba el hecho que se le atribuía pues el loro le fue regalado a su esposa por una tía porque le molestaba a su marido. Que le fue secuestrado por la policía y entregado a la denunciante y sabía por los vecinos del pueblo que ésta, aprovechándose que tiene el loro, lo encerraba en un cuarto oscuro intentando enseñarle las palabras que según ella decía el suyo. Relató que en una oportunidad en que fue a la sodería del hijo de la denunciante comprobó que el animal solo decía lo que el declarante le había enseñado, reconociéndolo y diciéndole Hola”.
Preocupado, expresó que si el loro seguía en poder de la denunciante en algún momento aprendería las palabras que se le enseñaban. Por lo tanto quería que se le devolviera el loro ya que period de su propiedad.-
Dentro del plazo authorized, el Dr. Iglesias solicitó cambio de depositario del loro ya que la denunciante pretendía hacerle un lavado de cerebro” enseñándole las palabras que su loro decía, en una tentativa de transculturación, intentando hacerle perder su suprema identidad: Su locución”. Pidió que se ampliara la declaración del Veterinario y se anulara la del testigo Leopoldo Gómez que decía ser de profesión experto en asuntos del campo”, ocultando la de physician” como rezaban sus tarjetas de presentación que acompañaba, porque de serlo le comprenderían las generales de la ley ya que si period realmente abogado se trataba de un ave, …en este caso un ave negra”.-
El Agente Fiscal Piedrabuena, seguramente conteniendo la risa de semejante alegato, hizo lugar y designó depositario judicial a Fabián Reynoso, notificando a la Policía para que procediera.-
En un acto casi ceremonial se citó a Fabián Reynoso a la comisaría, y en presencia de los testigos Juan Antonio Ramírez y Ángel Francisco Díaz y con acta formal se le hizo entrega en carácter de Depositario Judicial de un loro de tamaño grande, de color verde, con plumaje en la cabeza de color celeste, amarillo y rojo, de origen chaqueño, recibiendo dicho animal en perfecto estado y con las formalidades de ley.-
Siendo necesario terminar con el asunto el Agente Fiscal instó el sobreseimiento complete de Fabián Reynoso ya que no se había podido probar que el loro que poseía se tratara del mismo de la denunciante.-
Finalmente, casi dos años después de la denuncia, el Juzgado de Instrucción sobreseyó totalmente en la causa a Fabián Reynoso, regulando honorarios.-
Pero ahí no terminó todo. Un año y medio después del sobreseimiento compareció ante la Policía Fabián Reynoso diciendo que con fecha que indicaba fue denunciado por la viuda de López por la sustracción de un loro. Relató todo lo ocurrido hasta el reintegro del animal. Agregó que en la víspera, en horas de la mañana, constató que en el fondo de su casa, más precisamente en el patio de la vivienda, se encontraban plumas dispersadas en el mismo y que eran del loro aludido, al parecer muerto por un animal doméstico (gato perro), que horas más tarde se encontraba conversando con un vecino de nombre Lucindo Albarenga, el cual le manifestó que en horas de la mañana vio que un perro de tamaño mediano se encontraba en el fondo de la vivienda comiendo el loro mencionado. El Sr. Reynoso solicitó se remitiera una copia ante la Fiscalía actuante de la capital.-
Se dejó constancia de que se hizo presente en el domicilio de Reynoso private de la dependencia, el que procedió a realizar acta de inspección ocular en el lugar con croquis y procedió a secuestrar las plumas del loro que habían quedado en el patio.-
Así se cerró la historia del loro Perico.-
Una comisaría donde nunca pasaban cosas mayores. Pero cuando le tocó un hecho resonante el mismo quedó para la historia.-
ESCUELA
Unos vecinos bien dispuestos habían formado una comisión pro escuela secundaria. Después de muchas gestiones, viajes, tropiezos burocráticos y demás obstáculos que se suelen poner desde los gobiernos cuando se trata del progreso de la cultura, finalmente se logró la autorización. Funcionaba como escuela nocturna en el mismo edificio de la escuela primaria. Concurrían jóvenes y algunos no tanto con verdadero entusiasmo.-
En agradecimiento a los numeroso rezos, misas de apoyo y colectas patrocinadas por el cura que había puesto todo su empuje y tocado varias puertas oficiales, a la escuela se le puso el nombre de una santa, la humilde esposa del emperador Constancio y madre de Constantino: Santa Elena.-
A falta de profesores formales, dictaban clases algunos maestros y profesionales. Por ejemplo, el farmacéutico dictaba Química, el médico hacía lo propio con Anatomía y Ciencias Naturales, el cura con Instrucción Cívica e Historia, el maestro de la primaria enseñaba Castellano y Matemáticas y así otros, bajo la administración y apoyo de la comisión cooperadora que se integraba con padres de todas las extracciones y condiciones sociales, sin hacer diferencias ni dar lugar a los enfrentamientos que suelen encontrarse en otras organizaciones similares.-
Por supuesto que entre los numerosos alumnos había quienes se destacaban por su estudio, también quienes concurrían solo para complacer a sus padres y los que intentaban aprender algo con escaso éxito.-
De todos modos la escuela secundaria permitió que además de los conocimientos básicos formales los distintos docentes aportaran enseñanzas generales.-
Así, cuando un perro callejero mordió un niño y no se lo pudo capturar, la vacuna contra la rabia desencadenó varios interrogantes, sobre todo entre los jóvenes.-
– ¿Por qué son varias aplicaciones, en vez de una sola como en las otras? ¿Quién descubrió la vacuna antirrábica? ¿Quién era Pasteur? ¿Cómo lo hizo?
Esas y otras preguntas llevaron al physician Albamonte a organizar una reunión explicativa. Además de los alumnos y maestros interesados, muchos mayores se hicieron presentes. Don Ariel y sus mecánicos estaban en primera fila, expectantes.-
Ante un atento auditorio, el doctor Albamonte desarrolló una clase magistral con párrafos destacados.-
Una somera biografía de Louis Pasteur, explicaciones sobre el origen del nombre vacuna” con los trabajos de Edward Jenner en 1796 y finalmente se abocó al tema principal: la rabia.-
– Pasteur no period médico, aclaremos, sino químico. Trabajando en la cura del carbunco, enfermedad que mataba al ganado y las personas, determinó que los animales sobrevivientes quedaban inmunizados. Lo mismo ocurrió en sus trabajos sobre el cólera aviar.»
«Respecto de la rabia. De niño había visto los terribles efectos del ataque de un lobo rabioso. Francia dictó una ley prohibiendo envenenar, estrangular y disparar contra las personas enfermas de rabia, tal era el terror que sembraba. Así pasó a tomar muestras de saliva de perros rabiosos, a centímetros de sus fauces abiertas con colmillos babeantes y agresivos sostenidos con grandes esfuerzos por sus ayudantes. Por sus observaciones concluyó que los gérmenes se radicaban en el cerebro y la médula. Uno de sus ayudantes trepanó el cráneo de un perro y le inyectó una solución de cerebro molido infectado con rabia. Casi un mes después el animal estaba muerto. Habían encontrado la forma de cultivar la enfermedad utilizando cerebros de perros y conejos vivos. El problema era cómo atenuarla. Se conocía solo que era mortal, invisible y que luego de varios días aparecían los síntomas.»
«Buscando la solución Pasteur y sus dos ayudantes casi no descansaban. Dormitaban escuchando aullar a los perros rabiosos moribundos. Ideaban experimentos insólitos. Inoculaban cientos de animales, entre perros y conejos, logrando solo que murieran. En cierto momento un perro inyectado con cerebro de conejo rabioso enfermó pero no murió, sino que de a poco se recuperó. Con gran expectativa le inyectaron en el cerebro una dosis formidable: No presentó ataque alguno. Estaba inmunizado. La hipótesis de la inmunidad por recuperación era cierta, solo faltaba establecer la dosis para producirla sin dañar.»
«Inyectaron un perro con médula de conejo puesta a secar durante catorce días. No hubo consecuencias. El virus estaba muerto muy debilitado. Pero necesitaban generar un leve ataque para probar la teoría, por lo que tomaron varios perros y durante varios días les inyectaron cultivos de trece, doce, once días, y así cada vez menos envejecidos. Cuando inyectaron dosis de un día, mortal en cualquier animal, no enfermaron. Tomaron cuatro perros y a dos les aplicaron las catorce dosis. Les inyectaron luego virus sin atenuar a los cuatro. Los tratados no enfermaron y los otros murieron.»
«Lo primero que se le ocurrió a Pasteur fue vacunar a todos los perros, pero period imposible. En Francia no bajaban de un millón y medio. Otro obstáculo y otra vez el genio, exclamando: No es a los perros sino a las personas mordidas a quienes debemos aplicar las catorce dosis, ya que el virus demora unos días en llegar al cerebro y en ese tiempo podemos inmunizarlas.”»
«Encerró perros sanos con rabiosos que los mordieron con saña y luego les aplicó las catorce dosis. Sanaron todos y una comisión médica dictaminó: Una vez que un perro ha sido inmunizado con porciones cada vez más virulentas de médula espinal procedente de conejos muertos de rabia, no hay nada en el mundo que pueda hacerle adquirir dicha enfermedad.”»
«Solo que lo que funcionaba con los perros no se sabía si lo haría con humanos. Pasteur escribió: Me siento inclinadísimo a comenzar conmigo mismo, a inocularme la rabia y detener después sus consecuencias, pues estoy empezando a tener gran seguridad en mis resultados.”»
«No fue necesario. Desde Alsacia llegó suplicante madame Meissengott con su hijito Joseph que dos días antes había sido atacado por un perro rabioso. Pasteur llamó a prestigiosos médicos y les expuso el caso. Éstos fueron concluyentes: Si no se hacía algo el pequeño moriría. Y el seis de Julio -algunos dicen el diecisiete- de mil ochocientos ochenta y cinco se aplicaron por primera vez las dosis atenuadas de rabia en un ser humano. Joseph volvió totalmente recuperado.»
«Comenzaron a llegar a París heridos de todos lados y se los trataba con las catorce dosis, salvándolos. Desde Rusia llegaron diecinueve mujiks, campesinos, atacados por un lobo rabioso varios días antes. Algunos ya no podían moverse y se los internó en el hotel Dieu. La única palabra en francés que conocían y balbuceaban period: Pasteur, Pasteur… Dado el tiempo transcurrido se optó por aplicar las dosis en dos sesiones diarias procurando acelerar el efecto. Solo tres murieron. Dieciséis retornaron curados.»
«El Zar de todas las Rusias envió a Pasteur la cruz de diamantes de Santa Ana y cien mil francos para comenzar la construcción de un instituto de investigación que hoy lleva su nombre. Se sumaron millones en donaciones de todo el mundo.»
«Pasteur trabajó también en los procesos de fermentación y putrefacción láctea, alcohólica y de las grasas. Desarrolló la vacuna contra la erisipela, descubrió las bacterias anaerobias, creó la pasteurización consistente en matar los microorganismos mediante el calor y rápido enfriamiento, sentó las bases de la asepsia y la antisepsia, descubrió estreptococos, vibriones, estafilococos y otros generadores de enfermedades, salvó de la uniscardina a los gusanos de seda, y muchas cosas más. Murió en mil ochocientos noventa y cinco.»
La disertación fue comentada por mucho tiempo.-
Después de un par de años de funcionar llegó una inspección desde la capital para observar el avance del establecimiento y decidir su futuro.-
Se hicieron grandes preparativos. Pintura normal, cambio de algunos vidrios, corte del césped con colocación de plantines de flores diversas. Estas tareas estuvieron a cargo del ordenanza Faustino Gómez, famoso entre los alumnos porque una vez anunció haber acertado la quiniela clandestina, ganando unos suculentos pesos.-
– ¿Y cómo fue que ganaste? -le preguntaron-.
– Muy simple -respondió-. Resulta que cuatro noches seguidas soñé con el número ocho. Una camiseta de fútbol, un cartel, una laguna con patos y unas ovejas. Así que me dije: Cuatro por ocho igual a veinticuatro, lo jugué y gané.
Imposible sacarlo del error cuando en sus manos tenía ya el resultado de la jugada cabalística. Cosas del Faustino.-
Volviendo a la inspección. A una vocal de la cooperadora, doña Zulema Díaz, se le propuso decir el discurso de bienvenida. Como le sobraba tanta audacia como le faltaba ilustración, aceptó con la condición de no leer ya que a duras penas deletreaba, balbuceando.-
Así fue que sus hijas prepararon un hermoso discurso de tres cuatro hojas que tras leérselo repetidas veces y ensayar ante la comisión, quedó memorizado y listo para el cierre de la inspección. El contenido era una verdadera obra de arte, ya que se habían auxiliado con los Discursos de la Cátedra y la Tribuna de José Manuel Estrada y con Los Titanes de la Oratoria, libros que salieron de sus estantes en la biblioteca de la secretaría del colegio.-
La inspección estaba a cargo de un profesor de rostro adusto, anteojos impertinentes afirmados sobre una prominente nariz aguileña, corbata de moñito negro y traje oscuro con brillos que denotaban su uso cotidiano. Lo acompañaban dos señoras de gestos severos maquilladas hasta la exageración con labios rojo intenso, párpados con tonalidades azules y delineados negros, pómulos de un rosado tirando a ladrillo. Tanto habían exagerado que uno de los jóvenes provocó toses ahogadas cuando comentó por lo bajo:
– Parecen un par de caranchos muertos a garrotazos.
Los inspectores eligieron varios alumnos al azar y los sometieron a entrevistas con la presencia de profesores, directivos y alumnos.-
Las preguntas sobre vertebrados, estados de la materia, reacciones anódicas, and so on. pasaron sin mayores dificultades, como así también la tabla periódica de los elementos de Mendeléiev y la estructura del átomo.-
Lo mismo pasó con los interrogatorios gramaticales y literarios sobre las obras de García Lorca, los poemas de Almafuerte y el Poema del Mío Cid donde Dalmira López, destacada estudiosa de Literatura, recitó fragmentos de los inmortales versos en castellano antiguo:
Mio Çid movió de Bivar
para Burgos adeliñado
yermos e desheredados…….-
En matemáticas se destacó el joven Antonino Céspedes, que no vaciló en desarrollar la historia de los números, paseando a todos por el sistema quinario, los caldeos y su numeración de base sesenta, los fenicios, los romanos con sus siete caracteres, el sistema decimal con la introducción del cero desde la India y el duodecimal con su incidencia en la vida contemporánea donde la hora, la geografía, la geometría y hasta las modestas frutas por docenas fueron ejemplos del sistema desgranado con total solvencia.-
Los protagonistas locales estaban eufóricos. Iban deslumbrando a los visitantes por demolición, sin un punto en contra.-
Y llegó el turno de la última elección de alumno a examinar. El azar determinó que fuera Sonia Alderete, lo que borró las sonrisas y generó gestos de preocupación y, en algunos, de terror.-
Period la niña más dura del colegio, por decirlo de una forma generosa.-
Le preguntaron sobre historia. Tema: Napoleón.-
– Díganos, señorita: ¿Dónde murió Napoleón?
La interrogada miraba para todos lados, sin atinar una respuesta.-
– ¿Necesita que le repita? -insistió el profesor con energía-. ¿Dónde murió Napoleón?
El farmacéutico Banegas que enseñaba ciencias naturales y estaba detrás de los inspectores, trataba de ayudar con gestos. Era en vano.-
Finalmente, no sabiendo cómo acercarle la respuesta correcta, señaló con movimientos vivos de su índice el suelo del aula mientras en su cara se dibujaba un rictus de desesperación. Solo hacía falta que la joven dijera el nombre de la escuela, Santa Elena”, para salir del paso.-
El inspector, benévolo dentro de su rol, había visto las señas lo mismo que los alumnos que formaban un auditorio semicircular expectante y silencioso en espera de la respuesta adecuada. Aquellos que conocían el resultado lo comentaban en voz baja a los que dudaban.-
Pero el mensaje no llegó claro y Sonia, con ojos desorbitados y la mandíbula desencajada, exclamó casi gritando:
– ¿¡¡Aquí murió Napoleón,……señor!!?
Decir que se desató el caos es poco. No hubo forma de detener las risas y el alboroto de alumnos y profesores, a los que se sumaron los inspectores dando por finalizado el interrogatorio sin ocultar carcajadas.-
Para despedir a tan importante visita, se hizo una formación en el patio y doña Zulema Díaz pronunció su meticulosamente memorizado discurso.-
No tuvo el menor yerro. Adecuado uso de los silencios, con firmeza y gestos casi de un político en campaña asombró a la concurrencia con definiciones precisas sobre la educación y el futuro de la juventud, citando a los clásicos con la solvencia de un erudito.-
Al finalizar, los aplausos de los alumnos que sabían de las limitadísimas condiciones de quien había dirigido la palabra, fueron acompañados por una ovación. No cesaban de aplaudir y de felicitar a la oradora y ésta, eufórica a la vez que desconcertada, tomó nuevamente el micrófono y repitió el discurso palabra por palabra.-
Ahí se terminó el escaso orden que quedaba.-
Doña Zulema se retiró sin entender mucho la razón de las risas, sobre todo teniendo en cuenta el cuidado puesto en la confección y presentación de las palabras alusivas.-
Pese a lo ocurrido, la inspección fue generosa, reconociendo el loable esfuerzo de toda la comunidad por proporcionar una formación que ayudara a mejorar el futuro de los jóvenes y aprobó la gestión educativa del secundario Santa Elena”, permitiendo que se llamara a concurso de profesores y se le asignaran las partidas presupuestarias correspondientes.-
SEBASTIÁN
De aquellos pequeñuelos traviesos que formaban la barra” fueron quedando pocos a medida que los años les despertaban otras inquietudes más allá de los juegos infantiles.-
Esbozos de barba, voces más graves interrumpidas con imprevistos agudos que llevaban a la burla, intereses palpitantes por las adolescentes de formas insinuantes, entre otros detalles, dispersaron algunos miembros. La ciudad llamó a varios. Pero un grupo reducido persistió en los encuentros casi diarios para continuar aquella amistad nacida con los primeros pasos, si bien habían incorporado algunas costumbres que los mayores no vacilaban en reprochar, como el de embriagarse con sin motivo.-
Con un liderazgo innato sumado a su condición de ser uno de los mayores, Sebastián Cabrera mantenía unidos a los integrantes y period obedecido casi sin cuestionamientos.-
Si algo tenía que mereciera el reconocimiento de todos sus amigos period su lealtad y disposición para acompañar las aventuras, aún disparatadas, que protagonizara alguno de ellos.-
Siempre risueño, al participar de todas las andanzas del grupo había acopiado en su memoria miles de anécdotas que matizaban las reuniones donde se mezclaban naipes, taba, comidas diversas y sobre todo un buen surtido de damajuanas. Para asentar el olor”, justificaban.-
Así fue como se descubrió la verdadera razón de una fractura del pié de Prudencio Mandrake Castañón.-
Éste llevaba de novio con Estela García más años de los que se pudieran recordar por lo que, en consecuencia, a la pareja le decían Mandrake y Narda, nombres de los personajes de una historieta que publicaban algunas revistas y que mantenían un noviazgo eterno nunca concretado en formal casamiento.-
Sebastián y Prudencio salieron una noche a cazar vizcachas en los campos de la zona de El Guadal. Llevaban un buen par de escopetas, adecuado surtido de cartuchos, correspondiente machete desmalezador y dos porrones de ginebra para atenuar el frío.-
Se internaron en la búsqueda de los escurridizos animales tratando de no hacer ruido que denunciara su presencia.-
A la luz de la luna llena pudieron asistir a la enigmática reunión de las vizcachas que alrededor de un macho muy viejo, el vizcachón, se movían como bailando e intercambiando contactos con sus hocicos, trasmitiéndose mensajes que los observadores no podían develar.-
Presenciar ese espectáculo es un privilegio al que muy pocos pueden acceder, ya que la sensibilidad de los animales para detectar sonidos, olores movimientos raros hace que desaparezcan rápidamente en sus cuevas, sin dejar posibilidad alguna de apuntar. Solamente los muy avezados logran sorprender alguna presa cuando deambula solitaria y lejos de la madriguera.-
Los observadores quedaron atónitos por el espectáculo del que tanto habían escuchado pero al que nunca habían asistido.-
Mientras miraban tratando de pasar desapercibidos, Prudencio sintió un movimiento a sus pies. Pensando aterrorizado que tenía una víbora a punto de morder se apartó un paso descubriendo que en realidad el bicho que lo había asustado era un quirquincho de grandes dimensiones que buscaba su alimento a la luz de la luna. Era un trofeo para no perderlo, pero estaba demasiado cerca para armar un disparo de escopeta y además escapaba hacia unos arbustos donde sería imposible encontrarlo mostrando una rapidez que contradecía sus formas.-
Y se produjo el desastre. Prudencio no tuvo mejor concept para detener la huida del animal que tirarle un violento y certero puntapié que dio en medio del caparazón sin que la alpargata atemperara las consecuencias. El animal salió despedido por el aire, la escopeta cayó al suelo y el grito de dolor del frustrado cazador resonó en medio de la noche provocando no solamente el desbande de las vizcachas sino también ladridos atemorizantes de perros que se escuchaban no demasiado lejanos.-
Sebastián, entre la risa y la pena, improvisó unas muletas con un par de ramas y cargando con todos los bagayos ambos amigos emprendieron un retorno lento, lleno de quejidos, con todos los cartuchos intactos.-
– Te prohíbo decir lo que pasó -exigió Prudencio entre quejidos-.
– Por supuesto. Esto queda entre nosotros -mintió Sebastián que en realidad estaba ansioso por contarlo todo en la primera reunión del grupo-.
Entre lamentos e insultos, Prudencio insistió. Pedía, suplicaba, ordenaba, que la historia no saliera de ellos. No deberían contarlo a nadie. Sebastián solo contestó monosílabos sin asumir nuevos compromisos. Era demasiado gracioso, dentro de lo doloroso, para guardarlo como un secreto.-
El doctor Albamonte fue despertado con premura y tuvo que sacar una radiografía con el viejo equipo del hospital público, el único en varios kilómetros a la redonda. Diagnosticó fractura de dos falanges y un metatarso y exigió una explicación válida.-
La primera explicación fue que el regreso inesperado de un marido hizo que el lastimado Prudencio saltara una tapia cayendo mal.-
– Aquí pasó algo raro. Son unos cuantos huesos. Vos me vas a perdonar Prudencio pero no creo que haya sido saltando una tapia, por más temible que sea el marido que me cuentas -sentenció el galeno-.
– Bueno, le voy a contar la verdad, pero por favor no se acuerde con nadie.
Y Mandrake, ayudado por Sebastián, brindó los detalles del incidente.
Después de reír un rato, el physician respondió al pedido.-
– Lo que se dice entre médico y paciente queda como si fuera secreto de confesión. No debes tener miedo alguno. Te prestaré un par de muletas y evitarás asentar el pie por un mes. Me vuelves a ver entonces. ¿Estamos?
– Sí, physician. Gracias.
Una historia elucubrada detalladamente respecto de un balde de escombros caído sobre el pié, permitió a Prudencio transitar sin problemas ni burlas por un par de días hasta que llegó el domingo por la noche, horario de reunión habitual del grupo de amigos. Allí las copas ingeridas antes, durante y después de los chorizos asados aflojaron la memoria y la lengua.-
Todos escuchaban en silencio el relato de Sebastián, mientras Prudencio iba enrojeciendo a medida que avanzaba la historia. El momento del puntapié provocó una risotada common que estalló en mil gritos y chanzas hasta que finalmente el protagonista se unió al jolgorio. Fue una de esas noches de diversión que difícilmente se olvidan.-
Así transcurrían los días de ese heterogéneo grupo. Las diferencias políticas deportivas desaparecían a la hora de juntarse a planificar diversiones. No tenían diferencias religiosas ya que todos por igual eran incrédulos.-
En el pueblo conocían de sus andanzas y, con la sola excepción de las víctimas, festejaban sus ocurrencias. La mayoría de los integrantes eran solteros, de manera que nadie les podía reprochar sus trasnochadas veladas ni sus frecuentes borracheras. Vivían de changas y solamente un par de ellos tenía actividad estable en los campos de la zona.-
Conocedores de los encuentros furtivos de un mozalbete con una mujer casada junto a una pared del cementerio, decidieron jugarles una broma. Los esperaron pacientemente en la oscuridad hasta que los amantes llegaron al lugar habitual, el más apartado de las miradas indiscretas. En medio de las apasionadas efusividades de una situación sumamente comprometida, dos de los conspiradores asomaron sus caras por encima de la pared de un sector de nichos que daba a la calle, alumbrándose las caras desde el pecho con sendas linternas y profiriendo gemidos lastimeros. Los gritos de terror de la mujer se escuchaban a medida que huía mientras el galán intentaba correr y levantarse los pantalones al mismo tiempo. El resto de la pandilla observaba la escena desde un baldío riendo a más no poder mientras unas botellas mitigaban sus gargantas resecas.-
Otra vez, avanzada la noche, capturaron al Hilacha, un gato callejero manso que los acompañaba en las reuniones recibiendo siempre algunos trozos de salame y aceitunas, por las que tenía especial predilección. Le ataron un hilo a la cola unido a una lata vacía de conservas. De un certero impulso lo hicieron caer sobre el techo de chapas del lodge del pueblo, un enorme caserón de dos plantas lleno de humedades. El escándalo que produjo el animal huyendo despavorido de esa amenaza desconocida que sonaba a su espalda despertó a los cansados pasajeros, en su mayoría viajantes que intentaban vender sus escasos surtidos en los establecimientos cercanos al lugar.-
Cuando Serafín Cuello, dueño del local, salió a la calle armado de una escoba para castigar a quien resultara autor del hecho no encontró ni un alma. Para calmar los ánimos de los pasajeros tuvo que invitarlos con unas copas y café, mientras bullía en insultos hacia las desconocidas madres de los también desconocidos atrevidos.-
No fue la única vez que el hotelero sufrió los embates del grupo. Anoticiados de la reserva de una habitación para la noche de bodas de una pareja que después de la fiesta de casamiento esperaría hasta el día siguiente para salir de luna de miel en el primer ómnibus a la capital, uno de los muchachos se escabulló hasta la bien preparada cámara nupcial y con mucho cuidado desparramó pan rallado entre las sábanas. Period cuestión de esperar y así fue que presenciaron varias veces como los mieleros sacaban las sábanas al balcón para sacudirlas mientras rodaban insultos de todo calibre.-
Cierto vez la cooperadora de la escuela organizó un baile para recaudar fondos y la pandilla de Sebastián estuvo presente desde la primera hora. Bailaron y bebieron como si fuera el último día de sus vidas. Eso sí, no produjeron disturbios, peleas, grescas ni ninguna de las actitudes que se esperan de gente pasada de copas. Eran alegres y a la vez pacíficos, dentro de los límites que les permitían las ganas de pasar un rato divertido a costa de los demás. En lo más animado de la reunión fueron desapareciendo cautelosamente y se dedicaron a cambiar los caballos de los sulkys y carros que sus propietarios habían dejado atados en un improvisado palenque.-
Es sabido que los animales del campo solo necesitan un pequeño chasquido de los dueños y enfilan para sus casas mientras ellos dormitan la borrachera. El caballo es rutinario y se puede confiar en que lo llevará por una senda segura y conocida hasta el lugar donde transcurren sus días. Pero nada saben ellos respecto a carros, volantas, sulkys u otros vehículos de arrastre ni del derecho de propiedad, de manera que cuando recibieron la orden de marchar lo hicieron en forma obediente, con paso cansino. Cuando algunos trasnochados quisieron entrar en casa ajena creyéndola propia recibieron escobazos, rebencazos y variados insultos por parte de ofuscadas mujeres que ya bastante molestas estaban por las salidas de sus maridos. A uno lo corrieron los perros haciéndole pasar la somnolencia. Varios durmieron a la intemperie hasta que el día siguiente, reconociendo los animales, hicieron los intercambios correspondientes sin ahorrar maldiciones para los mal entretenidos responsables del desorden.-
Había un alemán de un pueblo vecino que todos los sábados traía chorizos, salames y carnes elaboradas de distintas formas en una vieja chatita Ford A” en la que había armado una cabina donde resguardaba sus productos. No period persona bien vista dado su mal carácter, pero aún así algo vendía.-
– ¿Trajo buenos chorizos? -preguntó una vez Sebastián.
– Por supuesto. Siempre son buenos -fue la respuesta algo severa-.
– Y dígame. ¿A las teutonas también le gustan los chorizos, prefieren salames? -inquirió con picardía el interlocutor-.
– No sea atrevido, vago sinvergüenza.
– A nosotros nos gustan bien teutonas -continuó Sebastián mientras los otros le hacían rueda-.
– Alguien debería enseñarles modales.
Y la cosa aparentemente quedó así. Aparentemente.-
El alemán no tuvo mejor ocurrencia que ponerle jabón a unos chorizos que sabía llegarían a la parrilla del grupo. Para pasar el mal gusto tuvieron que recurrir a un par de damajuanas de vino adicionales, jurando venganza.-
Esperaron tranquilos hasta que llegó el día sábado. Conociendo que su última parada period a la salida del pueblo en la casa de la viuda de Retamoso, a la que obsequiaba algunos embutidos intentando conquistarla, dejaron que entrara y se dedicara a las adulaciones. Entonces, en el mayor silencio, abrieron la puerta trasera de la chata cargada aún con apetitosos y fragantes remanentes del viaje y le introdujeron dos enormes perros vagabundos que tenían preparados detrás de un galpón. Por supuesto que el alemán no detectó nada y salió rumbo a su pueblo con el gozo de haber estado cerca de su amada. Nunca volvió.-
Asumía Sebastián un papel que lo distinguía. Pasaba por bruto, aunque no lo period, participando en reuniones donde sus expresiones se diría que eran esperadas con cierta expectativa, ya que siempre ponían la nota humorística que atemperaba las tensiones.-
Cierta vez convocaron a asamblea de la cooperadora de la escuela primaria y secundaria, una sola comisión puesto que no abundaban los candidatos y donde él period contribuyente dado que un hijo reconocido era alumno de segundo grado. Ante el pedido de votación de una iniciativa para elegir nueva comisión directiva se despachó con un discurso donde, entre otras cosas, manifestó:
– Considero que ante la grave situación económica del momento, se deben tomar medidas gástricas, sin ser demasiado brígidos, para así poder apalear la situación, por lo que propongo que se nombre un presidente uterino. Y respecto de la votación, vayan sabiendo que me abstemio.
Y lo que apuntaba a ser una asamblea cargada de preocupaciones se convirtió en una chanza generalizada, se aplacaron algunos ánimos y se logró una solución satisfactoria para todos.-
En otra ocasión, y en las mismas circunstancias de reunión de cooperadora escolar, surgió el tema de los efusivos amores de los adolescentes secundarios, que horrorizaban a algunas damas circunspectas de poca memoria.-
Sebastián no podía dejar pasar la oportunidad de introducir un disparate, así que pidió la palabra.-
– Considero que la escuela debe prevenir las secuelas de esta situación -dijo con solemnidad- y si no se pueden evitar algunas relaciones algo más que cariñosas por lo menos hablemos de las consecuencias. Así que propongo se les enseñe a las chicas y los chicos el uso de elementos anticonstitucionales.-
Y la reunión terminó antes de lo previsto ya que fue imposible seguir hablando en serio ante esa máquina de producir dislates llamada Sebastián Cabrera.-
Estando cortos de dinero para la juerga, comisionaron a Pedro Melena Fernández.-
– Melena, vas a tener que conseguir unos pesos vos que siempre sabes de algún rebusque. Nosotros nos vamos a ofrecer como albañiles en la casa que está haciendo el doctor Albamonte.
– Pero si ustedes no saben nada de ladrillos.
– Vos tampoco sabes de trabajar y sin embargo te vas a ir a buscar algo.
Poco había para changar, pero de tanto llamar casa por casa Melena encontró que doña Belinda Rosas tenía necesidad de sacar un limonero de las cuatro estaciones porque quería ampliar la cocina. El dinero que ofrecía period muy poco y, no obstante, Melena no puso reparos en su monto pero con una condición: Quería que le regalara el árbol, que estaba cargado de frutos, algunos casi maduros.-
– De nada te va a servir, Melena. Es un árbol muy viejo y grande, así que ya no aguanta trasplantes -le aconsejó doña Belinda-.
– No importa doñita. Usted no sabe que hacer con el limonero y yo me ofrezco para llevarlo sin que me pague nada más que lo acordado.
– De acuerdo. Es tuyo.
Trabajó Melena Fernández toda la tarde hasta que logró sacar el árbol, rellenó cuidadosamente el pozo y retiró la planta en un cachapé que pidió prestado al carnicero.-
A la mañana siguiente en el otro extremo del pueblo, donde se había edificado un barrio de casas económicas, un recién bañado y sonriente vendedor tocaba las puertas ofreciendo esbeltos limoneros de las cuatro estaciones con frutos y a precio muy acomodado. El creativo Fernández había cortado las ramas del limonero poniéndolas en bolsas de arpillera a las que rellenó con tierra bien humedecida.-
– Plántelo sin sacarlo de la bolsa -aconsejaba-, y no le haga faltar agua. Cuide que el perro no lo orine porque se le va a secar.
Aún sin perros, los limoneros de Melena se secaron todos, por supuesto.-
El sábado la reunión se matizó con los festejos que provocara la ocurrencia del emprendedor Melena Fernández. Claro que nunca más consiguió que le compraran alguna planta, pero la concept y el resultado bien valían la pena.-
Por su parte, los improvisados albañiles habían conseguido algún dinero ayudando a techar la construcción bajo el fuerte sol del verano.-
Días después yendo Sebastián camino al boliche, con el torso desnudo y un pañuelo con cuatro nudos cubriendo la cabeza, se cruzó con una dama de la cooperadora con la que no tenía muchas coincidencias.-
– Hola Sebastián -saludó la señora. Y queriendo ser hiriente prosiguió-. Que tostado estás. ¿Córdoba? ¿Mar del Plata? ¿Brasil?
– Losa -fue la cortante respuesta-.
La inventiva de Melena ya era tradicional. Antes de los limoneros cierta viuda, muy anciana, le encargó que le consiguiera un canario, para que acompañara sus horas de soledad que se hacían más extensas a medida que avanzaban los años. Pocos días pasaron hasta que una noche llegó el diligente mandadero con un hermoso ejemplar, de un amarillo intenso, robusto, casi gordo se podría decir.-
La agradecida dama pagó los servicios, pero no pudo lograr que el vistoso animal emitiera el tradicional trino de los canarios, sino un tosco grito. Claro que de canario tenía muy poco, en realidad nada. Period un gorrión prolijamente pintado de amarillo con témpera.-
Cuando en el barrio cundió la noticia muchos la festejaron, no por la inocente estafa sino por la inventiva puesta de manifiesto por el conocido tramposo.-
La búsqueda de dinero era casi una constante.-
Una madrugada Francisco Gómez, el Vasco, se encontró con la desagradable sorpresa del corral abierto y vacío. Había desaparecido Toledano, su caballo y único medio de tracción del carro con el que repartía la leche fresca que había ordeñado con esmero en el galpón del fondo.-
El sol ya se anunciaba cuando pasó frente a su campo, por una casualidad inexplicable, Sebastián Cabrera de regreso de una trasnochada reunión y con destino impreciso.-
El pobre lechero, en su desesperación, le pidió ayuda.-
– Sebastián, necesito tu ayuda. La tranquera del corral quedó mal cerrada y se me escapó el caballo -explicó en tono suplicante-.
– No te aflijas, Francisco, que para eso estamos los amigos. Voy a llamar a los muchachos y enseguida salimos todos a buscarlo. No creo que lo hayan hecho chorizos -agregó compungido, sumándole una nueva preocupación al afligido lechero-.
– Si me lo encuentran les voy a dar diez pesos -ofertó el Vasco, haciendo que Sebastián saliera rápido en busca de ayudantes-.
La patrulla de buscadores se acercó con actitud decidida y Francisco les describió el animal, sus manchas en la frente, su mansedumbre, datos que todos ya conocían de memoria y les proveyó de unos trozos de soga para que se aseguraran de traerlo a salvo.-
Cada uno salió presto en diferente dirección. Rato después apareció Sebastián trayendo con cuidado el indispensable caballo, lo que provocó una alegría enorme al apenado vendedor. Los diez pesos financiaron un suculento festejo bien regado.-
Nunca supo el Vasco que el caballo estaba atado en un monte cercano bajo cuidado de uno de los muchachos. Todo estaba armado para proveerse de fondos frescos, sabiendo claramente el rol que le tocaba desempeñar a cada uno.-
Siempre traían a la rueda de relatos la vez que Andrés Pucheta, miembro activo del grupo a quien por sus facciones verdaderamente feas habían apodado Agárrenlo Vivo, hizo una changa en el frigorífico municipal de un pueblo vecino, un pequeño establecimiento donde se carneaban vacunos y porcinos para intentar acercar algún dinero a las escuálidas arcas de la comuna.-
Le tocó trabajar en el sector donde se elaboraban chorizos y vencido por la tentación sustrajo una ristra de los apetitosos embutidos enrollándola en su cintura, bajo la ancha faja negra que sostenía las bombachas de campo.-
A la hora de salida y una vez pasado el siempre ineficiente management de la puerta se encaminó, sediento, al despacho de bebidas ubicado junto al portón.-
Cuatro postes retorcidos de ñandubay sostenían un precario techo de totora donde colgaba un viejo farol a querosén de tubo ahumado. Un mostrador sostenido por un par de caballetes, una heladera de hielo y unos estantes desvencijados atados con alambre completaban las instalaciones del negocio, abierto las veinticuatro horas ya que el frigorífico tenía distintos horarios.-
Allí Andrés Pucheta se encontró con varios amigos por lo que invitó repetidas vueltas de ginebra pues le habían pagado lo trabajado en el mismo momento de la salida.-
Las horas de abundantes libaciones le produjeron no solamente una borrachera espectacular sino también incontenibles ganas de orinar, por lo que salió a un costado del boliche, trastabillando, y frente a los atónitos hombres y mujeres que entraban y salían abrió su bragueta y buscó hasta encontrar lo que suponía era lo indicado para su premura pero en realidad lo que sacó fue un chorizo del extremo de la ristra. Y aflojó su vejiga.-
Una abundante e interminable catarata se expandió por toda la bombacha campera, las alpargatas desflecadas y el suelo mientras el autor cerraba los ojos y aliviaba la carga líquida sin entender lo que pasaba ni las risotadas de los testigos.-
El episodio persistió través de los tiempos formando parte de las tradiciones orales transmitidas de padres a hijos, de reunión en reunión.-
Cuando Sebastián enfermó en uno de los inviernos más crudos que se recuerda sus amigos hicieron vigilia permanente en el hospital del pueblo, mientras el physician Albamonte volcaba todos los recursos a su alcance sumados a sus conocimientos y experiencia en procura de detener un closing trágico.-
Todo fue en vano. Los excesos en comidas y bebidas, sobre todo de estas últimas, habían desgastado el organismo tan rápido y de tal forma que no había ciencia que pudiera impedir el desenlace que todos intuían.-
La muerte del amigo, líder de las juergas y las bromas, impactó en el nutrido grupo y ante lo irreparable solo quedaba una opción: Hacer un velorio digno de la personalidad del muerto.-
Había en el cementerio un pequeño native donde se efectuaban los velatorios de aquellos cuyos familiares así lo solicitaban, ya que muchas veces las humildes viviendas no resultaban suficientemente adecuadas para reunir a la gente que se acercaba a acompañar el duelo.-
Allí armaron la capilla ardiente con la ayuda de Cacho Ibáñez, encargado del native y del cementerio, al que ayudaron un par de ancianas devotas que no pudieron mirar para otro lado viendo que los amigos del muerto trataban de preparar un decorado en el que nunca habían intervenido. Un modesto cajón de pino de los que se guardan para los menesterosos, donados por las damas de la beneficencia, cobijó al líder de los bromistas.-
Juntaron unos pesos para los gastos de velatorio, consistentes en que no faltaran bebidas y algo en la parrilla para los visitantes. Consiguieron improvisar un ramo con flores aportadas por unos jardines faltos de vigilancia.-
Como no podía estar ausente el espíritu festivo del finado, Prudencio propuso atarle un hilo en el cuello, pasarlo por detrás de la cabeza y encima de la cruz que presidía el velorio para mover el muerto cuando algún visitante se acercara para el último saludo en la semipenumbra que producían cuatro cirios corpulentos. La concept gustó y casi se concreta si no hubiera sido por la intervención del cura Nicolás que había concurrido y estuvo cerca de llegar a las manos, indignado.-
Ya una vez había tenido un altercado con ellos cuando descubrió que en el interior de un cirio a punto de encenderse en la misa del domingo habían introducido un petardo que disimularon con cera y que no estalló porque un monaguillo los había visto desde la sacristía.-
La noche invernal, fría y lluviosa, se prestaba para el abrigo inside, así que trajeron un par de damajuanas del boliche de Sandoval, proveedor confiable que siempre tenía un adecuado surtido.-
Cerca de las dos de la mañana entró Ibáñez atraído por estruendosas risas encontrando el cajón rodeado del grupo de amigotes que habían decidido despedir a Sebastián dirigiéndole cuentos procaces mientras se pasaban la damajuana directamente por arriba del muerto al que ya adornaban varios derrames del colorido elemento.-
– ¿Qué hacen ustedes, manga de borrachos? -los increpó-.
– Brindamos….a la salud del muerto -respondió con dificultad Melena Fernández-.
El encargado se enojó de tal forma que los intimó a terminar con el jolgorio so pena de expulsarlos.-
Y se armó la discusión.-
– Después de todo el velorio es nuestro -sentenció Prudencio-.
– Y el muerto también -agregó con dificultad Teodoro Sosa-.
– Me importa tres rábanos -respondió Ibáñez-, y si no terminan este desorden los hago sacar con la policía.
En realidad, por las noches la policía” eran un cabo y un agente que muy poco hacían en su guardia porque también muy pocos incidentes se producían.-
Indignados con la interrupción y estimulados por la abundante ingesta, decidieron seguir el velorio en otro lado, razón por la cual encimaron la tapa al cajón, lo tomaron de sus asas y salieron al callejón de tierra mojada, iluminado por las pocas luces que salían de algunas ventanas y se reflejaban en mil destellos sobre el piso encharcado.-
La procesión parecía sacada de un cuento de terror. Varios portadores llevando un féretro en medio de la oscuridad de la noche, bajo la lluvia, resbalando en el barro y cantando letras improvisada que ni ellos entendían.-
Fueron hasta el almacén de Sandoval pero éste les negó que hicieran allí el velatorio. Ya que estaban, se recargaron de bebidas.-
En el hospital tampoco tuvieron respuesta favorable. Pensaron en la capilla, pero recordando la ira del cura decidieron pasar de largo.-
En el transcurso de la marcha, no pudiendo dominar el espíritu de diversión, retiraron un hermoso y flamante juego de jardín del frente de la casa de doña Susana Vilchez y lo armaron justo en la casa del frente, donde vivían Don Pedro Marciali y su esposa, los que mantenían una conocida enemistad con doña Susana. Rieron a más no poder imaginando el lío que se produciría en la mañana siguiente y que efectivamente ocurrió bajo la mirada curiosa del vecindario.-
Hicieron luego un intento de continuar la ceremonia en la carnicería de Arnaldo Ojeda, al que despertaron con llamados en la ventana y mientras esperaban se sentaron todos en el cajón sin parar de reír aunque ya ni se acordaban del motivo. Tampoco lograron su objetivo.-
Así iban deambulando cuando Prudencio hizo una observación:
– Muchachos, ¿no les parece que el muerto está demasiado liviano?
– Cierto -dijo uno-, si parece que tenemos más fuerza que al principio.
– ¿No será que lo hemos perdido al Sebastián?
Y así period. Tanto trajinaron el modesto cajón que sus clavos no aguantaron más y en una de las estaciones se desfondó, dejando el muerto cerca de la puerta de la carnicería mientras la peregrinación continuaba portando solamente los laterales y la tapa.-
Pero tanto habían caminado e ingerido que decidieron volver cada uno a su casa y salir en búsqueda del finado cuando aclarara por la mañana.-
Hubo algunos que madrugaron antes que ellos. Doña Leonor Pacheco iba camino a la iglesia para las oraciones matinales cuando se tropezó con un muerto enlodado, tirado en la cuneta. Sus gritos despertaron a los vecinos, que se agolparon alrededor del macabro espectáculo mientras el cabo Fuentes limpiaba la cara del cadáver.-
– Pero si es Sebastián Cabrera -exclamó tranquilo- que se murió ayer y lo velaban en la sala del cementerio.
– ¿Y cómo habrá venido a dar acá?
– Lo sacaron sus amigos cuando yo los reprendí por armar bochinche -aclaró Ibáñez, que había llegado buscado por un agente-.
La calma retornó. El cabo Fuentes le hizo entrega del cuerpo a Ibáñez con la orden de conseguirle otro cajón y darle sepultura de inmediato. Por las dudas, ordenó que el agente Campos acompañara todos los trámites.-
A medio día aparecieron los autores del incidente procurando encontrar el cuerpo del delito, pero ya period tarde.-
Eso no impidió que se reunieran junto a la tumba para un último brindis incluyendo cigarros enterrados regados con caña como corresponde cuando se va un amigo de buen fumar y buen beber, controlados de lejos por la autoridad.
Luego del brindis seguramente Sebastián Cabrera, el gran compinche, recién descansó en paz.-
JOSÉ MARÍA
Las actividades en el taller transcurrían sin contratiempos. Don Ariel alternaba entre la rutina del trabajo, la música y la lectura, hasta que una tarde, una más de las tantas calurosas tardes primaverales que anticipan la llegada del verano, todo cambió como si el destino se hubiera detenido.-
El sol de coloration rojo intenso se ocultaba en un marco de nubes vestidas con los colores del lapacho, como intentando infructuosamente permanecer algo más en el paisaje que ofrecían las plantas del monte bajo autóctono, reverdecidas después de un duro invierno. Las cigarras comenzaron el batir de sus alas, primero unas pocas y luego se fueron sumando más y más, produciendo un chirriar que desconcertaba a más de un pueblerino ajeno a las cosas cotidianas del campo.-
Avanzaba el crepúsculo, perforado por los trinos deliciosos de un oculto ejemplar de reina mora, cuando alguien tocó a la puerta de aquel modesto taller, mejor dicho a la pared de chapa que lucía un marco que nunca conoció una puerta. En el modesto pueblo nadie entraba donde no le correspondía.-
Un easy golpe y la sencilla presencia de un joven cambiaron las vidas de quienes se cobijaban en la tarea rutinaria de reparar automóviles casi desahuciados. Se trataba de un joven igual a otros tantos que habían intentado ser recibidos por Don Ariel.-
Intrigado por la casi fantasmal presencia que originaba el contraluz, Don Ariel se acercó para ver de qué se trataba. Su ceño fruncido resaltaba las espesas cejas negras que casi se unían en la frente.-
Mientras caminaba, limpiaba sus manos engrasadas en un trapo desteñido que colgaba resignado de un cinto desgastado.-
Después se arregló los negros cabellos que eran su orgullo, y preguntó:
– ¿Qué buscas?
– ¿Y para qué lo necesitas?
– Para que me dé trabajo.
La respuesta, expresada con seguridad aunque con una voz algo delicada, lo sorprendió.-
Que alguien pidiera trabajo period cosa de todos los días. Pero que directamente le determinaran que tenía que otorgarlo era cosa distinta.-
Pero en el fondo le gustó la audacia del visitante.-
Lo inspeccionó de arriba abajo: Cabellos marrones claros aparentemente cortados en casa, con algunas marcas de tijeras, limpios, peinados con la prolijidad que permitía la precariedad del corte.-
Lucía una camisa impecable en su blancura que no lograba ser desmerecida por el cuello algo gastado. El mameluco period también una muestra de pulcritud. Prolijos arreglos disimulaban un duro trajinar. El color azul desteñido por los frecuentes lavados mostraba claros desgastes en bolsillos y rodillas.-
El joven erguido, alto, delgado, tenía un rostro agradable, con ojos llamativamente grises que destellaban en cada respuesta. Su boca pequeña, mostraba labios apretados con firmeza, como a la defensiva. Dientes blancos y parejos adornaban sus esbozos de sonrisa cuando respondía con una seguridad pasmosa.-
– ¿Qué sabes hacer? -preguntó inquisitivo Don Ariel-.
– Soy mecánico bachiller y arreglo de todo -fue la respuesta-.
Las risas no disimuladas de los operarios que trajinaban desde años ahogaron el diálogo.-
– Estudié por correspondencia, y mi padre me enseñó todos los secretos del oficio -continuó el joven, ignorando las burlas-.
– ¿Cómo se llama tu padre?
– Basilio Candossa, mecánico de Río Manso.
– No tengo el gusto ¿Y tu nombre?
– José María Candossa.
– Yo soy Ariel Funes, dueño de todo lo que ves aquí adentro. El mejor mecánico de todo el Departamento Los Pioneros -afirmó sacando pecho mientras recorría con la mirada a todos los presentes, imponiendo un silencio más reverencial que temeroso-, y me podes decir Don Ariel. Nada de señor” porque el único Señor está en el cielo, según dicen algunos.
– Le ofrezco trabajar free of charge una semana. Si queda conforme me emplea y si no es así me voy por donde vine, sin chistar.
– ¿Me estás desafiando? -preguntó el hombre, tratando de asustar al atrevido candidato-.
– Sí señor -fue la inesperada, firme y desobediente respuesta-.
– De acuerdo. Pero sabrás antes que nada que soy exigente en la calidad del trabajo. Además tengo varias normas que vas a tener que respetar.
– Un trabajo sin normas es como una vida sin rumbo -aseveró José María-.
– Así es -respondió Don Ariel-.
– ¿Me cube las normas ahora más tarde?
– Ahora mismo: La hora de empezar es a las siete de la mañana hayas no terminado el desayuno, y eso quiere decir las siete, no siete y cinco. Paramos media hora, cuando yo digo, para comer lo que cada uno se trae, sin permiso para alcohol. Terminamos a las cinco de la tarde, siempre que no haya trabajo urgente que entregar en cuyo caso nos vamos solamente cuando está listo, como hoy. Otra cosa: En este taller no entran mujeres. Solamente mi esposa puede pisar adentro, así que noviecitas, esposas, hermanas, madres lo que sea, no tienen nada que hacer aquí. Son un peligro y una distracción y eso va en contra del trabajo. No se fuma ni se toma mate, que es para cuando sobre el tiempo. Las herramientas se cuidan como la vida misma y el que las pierde las paga. Las únicas órdenes que se escuchan aquí son las mías y no entra nadie de afuera. El cliente espera en la oficina y nada tiene que hacer en el taller. La única plata que se mueve es la mía, así que nada de apuestas, ni quiniela ni rifas. Y si me olvido de algo después lo sigo. ¿Está claro?
– Clarísimo. Si más que normas esto parece el Código Penal -contestó risueño el interlocutor, provocando la reacción jocosa de todos, incluyendo al dueño-.
– Los papeles del negocio y la plata los maneja mi esposa.
Y como convocada por un médium en una sesión espiritista apareció ella, la dueña del dueño, y silenció a todos con su imponente presencia.-
Miró al recién llegado en una inspección que más parecía propia de un cuartel que de un taller mecánico.-
Sin pronunciar palabra, sus ojos inquisidores no perdieron detalle de ropa, aliño, higiene y, por qué no decirlo, una evaluación física casi provocativa.-
Era una mujer robusta, con buenas formas que hacía resaltar, sabiendo que atraía las miradas poco disimuladas de los hombres. Sus pechos bien sostenidos hacían sospechar firmeza, y sobre sus caderas armoniosas se amoldaba, ajustado, un pantalón de calce perfecto, prenda poco ordinary en las mujeres del pueblo.-
Largos cabellos rubios con algunos vestigios de raíces oscuras, atados hacia atrás, resaltaban las facciones de un rostro que, aunque entrado en la madurez, ostentaba una rara belleza de origen tal vez heredada de inmigrantes orientales. Grandes ojos negros inexpresivos resaltados con delineados oscuros y enmarcados por hermosas pestañas naturales acompañaban con un estudiado parpadeo cada meditada frase con que intervenía.-
Pasaron unos silenciosos minutos, hasta que tendió su mano de largos, cuidados y delgados dedos y se presentó.-
– Me llamo Leticia, soy la esposa de Ariel.
– Lo supuse.
– ¿Y por qué?
– Porque me acaba de decir que excepto su esposa ninguna mujer pisa este lugar.
– Cierto. Y no se te debe olvidar.
– Sí, señora.
– Voy a buscar alguna pensión. Solo tengo mi bolso.
Leticia miró a Don Ariel.-
– ¿Le podemos prestar la piecita del fondo?
– Si no le molesta dormir donde vivió el abuelo.
– ¿Te animas?
– Por supuesto que me animo.
– Así me gusta. Ramón, el de los anteojos, te la va a enseñar -ordenó mirando al nombrado-.
– Gracias -respondió el joven-.
Y espontáneamente se dirigió hacia los hombres que observaban la escena y se presentó con cada uno, dando un fuerte apretón de manos acompañado con una sonrisa de sus dientes perfectos.-
Y esa noche cada uno comentó en su casa la inesperada incorporación de un delicado mecánico bachiller” al modesto, conocido y único taller del pueblo.-
Siete menos cuarto de la mañana. En una radio de automóvil, adaptada con un transformador y unida a un viejo parlante desnudo, la orquesta de José Basso acompañaba la voz inconfundible de Fiorentino que desgranaba la letra que Celedonio Flores aportara a El bulín de la calle Ayacucho”.-
Una brisa fresca diseminaba sobre motores y chasis desarmados el aroma del recién preparado café mientras period servido en trajinadas tazas enlozadas, acompañado con trozos de pan casero amasado con chicharrones que recién horneado traía puntualmente un pequeñín de pelo largo hasta las orejas, pantalón sostenido por una tira de trapo cruzada sobre un hombro y terminada en nudos que retenían ojales hechos con un clavo algo parecido. Unas alpargatas desflecadas y un moco seco sobre el labio completaban esa figura que se repite en todos los pueblos. Así y todo, el pan recién horneado, fragante, impulsaba a la compra de manera que su canasta quedaba vacía en pocos minutos.-
José María se presentó con la cara recién lavada, el pelo aún húmedo, en impecable camisa y mameluco que habían pasado por la pileta antes de dormir y por la plancha bien temprano.-
Para probar al desafiante recién llegado Don Ariel le indicó que lo acompañara a un banco de trabajo donde un viejo motor, muy bien conservado, esperaba reparación tal vez con la misma esperanza que pone un enfermo en el quirófano al ver el cirujano.-
El patrón se inclinó mirándolo por todos los ángulos.-
– Tendremos que sacar la tapa para rectificar los cilindros. Para empezar vamos a desarmar esta otra parte. Dame la llave del nueve….
No alcanzó a terminar. Sobre su mano extendida José María puso con la precisión de un instrumentista la llave adecuada, la de nueve dieciséis pulgadas.-
Don Ariel lo miró frunciendo el entrecejo y, en silencio, se abocó a aflojar las tuercas. Algo bullía en su cerebro. ¿Cómo supo el muchacho que ésa period la llave precisa, si se trataba de un motor tan viejo que ni siquiera se vislumbraba si las medidas de sus piezas eran inglesas métricas?
Con ayuda de una polea puso de costado el armatoste para comenzar a desarmar otra parte, y cuando quiso pedir la llave de media pulgada se la encontró casi frente a sus narices.-
Sin duda que el muchacho sabía del oficio.-
Le encomendó entonces la reparación complete del motor.-
– Hay que dejarlo mejor que nuevo. Lo quieren usar en una cafetera” para las carreras.
Y limpiándose las manos se alejó de la mesa. Ya se iba a saber si esta figurita period lo que aparentaba si estaba haciendo facha sin conocer de motores.-
La semana transcurría sin mayores novedades. José María estaba abocado al motor con una dedicación que asombraba mientras cada pieza period prolijamente trabajada. Hasta los tornillos fueron lavados en nafta, cepillados a máquina y revisados de tal forma que tan solo pasaron el examen closing algunos pocos. Los rechazados fueron reemplazados previa búsqueda afanosa del comisionista del pueblo en los negocios de repuestos de la capital.-
El ajuste ultimate fue tan preciso que Don Ariel, queriendo encontrar fallas, lo examinó minuciosamente con el dinamómetro, tragándose los comentarios irónicos ya que todo estaba a la presión de ajuste correcta.-
Como cierre de la prueba, le tocó a José María asar un lechón que silenciosamente habían apostado y comprado los demás componentes del taller respecto de su éxito fracaso.-
Mostró que como asador era tan competente como mecánico.-
Como estaba pendiente desde varios meses atrás el asunto de los engaños con extraterrestres, nacido de la interesante conversación donde Fosforito explicó la historia de los aviones, Don Ariel, requerido del tema, tomó la palabra como a él le gustaba, sacando a relucir un papel con datos anotados.-
– En cuanto a literatura engañosa presentada como verdadera, en mil ochocientos treinta y cinco el periódico New York Solar tituló: Grandes descubrimientos astronómicos realizados recientemente por Sir. John Herschel en el Cabo de Buena Esperanza comenzando una serie de entregas donde se señalaba que el científico inglés, renombrado astrónomo, había inventado un poderoso telescopio de varias toneladas, siete metros treinta y dos centímetros de diámetro y cuarenta y dos mil aumentos con el que había observado la fauna y flora de la Luna.»
«Describió en sucesivas entregas catorce especies de animales donde aparecían cuadrúpedos, monstruos verdes y azules del tamaño de una cabra, pelícanos, grullas, osos, todos en medio de treinta y ocho especies de árboles con un lago de cuatrocientos treinta metros de longitud. Finalizaba la última entrega afirmando que se habían observado criaturas aladas que caminaban erectas, cubiertas de un pelo corto y lustroso, con la cara de shade amarillo.»
– ¿Y le creyeron esa sarta de disparates?
– Claro que sí. Los lectores creyeron fervientemente en el contenido de los artículos. El diario The New York Times opinó que el descubrimiento ponía de manifiesto el más extenso y exacto conocimiento de la astronomía. El New Yorker consideró que se inauguraba una nueva period en la astronomía y la ciencia. El Day by day Advertiser juzgó que lo logrado por Sir John inmortalizaría su nombre. El tiraje del diario aumentó considerablemente y hasta un membership de mujeres de Springfield, Massachusetts, organizó una colecta para enviar misioneros a la Luna.
– Cuándo no -señaló Ramón-.
– Claro que algunos no tragaron el anzuelo como pasó con Edgar Allan Poe que expresó su escepticismo, analizando a la vez la imposibilidad de lograr tales detalles con un telescopio como el que se describía, señalando que no había encontrado una persona entre diez que desconfiara de la historia. Mientras tanto Sir John Herschel ignoraba lo que de él se decía del otro lado del océano. Finalmente el Diario de Comercio reveló que era todo un fraude, confesado por su autor a uno de sus periodistas.
– Tremendo engaño.
– No fue el único. Este engaño producido por un medio de difusión masivo fue tal vez inspiración de uno comparable efectuado utilizando la radio, cuando en mil novecientos treinta y ocho Orson Welles describió la invasión de marcianos teatralizando la obra La guerra de los mundos en la Radio Columbia. El pánico colectivo provocó evacuaciones masivas, muertos y heridos.»
«Multitudes huían espantadas buscando refugios, las carreteras colapsaron, las autoridades no podían contenerlos. La emisora comenzó a difundir un aviso indicando que todo se trataba de una obra de ficción presentada como radioteatro. Finalmente y aclarado el tema, el Congreso de los Estados Unidos consideró distintos proyectos destinados a impedir la repetición de semejante episodio. Los investigadores descubrieron con sus estudios un desconocido peligro: La paranoia colectiva.»
– Increíble. Seguro que ya la gente no creyó más en historias de marcianos y otros bichos.
– Se equivoca, mi distinguido amigo. Pese a lo ocurrido, la historia se repitió. Un episodio related ocurrió en Santiago de Chile el trece de Noviembre de mil novecientos cuarenta y cuatro cuando se anunció por Radio Metropolitana que había caído en las afueras de la ciudad un aerolito tripulado por monstruos marcianos que atacaban a las fuerzas armadas con gases y rayos. Se agregó que otros cilindros marcianos habían tocado tierra en las ciudades de Valparaíso y Talcahuano. Nuevamente el pánico tuvo desenlaces trágicos. Una agencia informativa mundial describió los acontecimientos como la más grande excitación ficticia que recuerda la historia del país”. Como ven, la gente es propensa a dejarse engañar aún por cosas que suenen exageradas.
– Cosa e´ Mandinga, diría mi madre -afirmó Castañón apurando un trago que pugnaba por escapar de su cárcel de vidrio-.
Y esa noche del asado comenzó un capítulo dramático en historia de José María, el desconocido mecánico de Río Manso.-
Avanzados los festejos, Leticia se sentó a su lado con una sonrisa cautivante brindando por el éxito de la prueba, premiándolo con un beso en la mejilla que hizo teñir de rojo el rostro del joven. Don Ariel, entusiasmado en un partido de truco, no se percató de nada.-
Por la noche, cuando el silencio era apenas interrumpido por algunos grillos desvelados y el ladrido de perros aburridos infaltables en noches calurosas, el nuevo mecánico recordaba su triunfo mientras aspiraba la fragancia de una planta de Diego de noche que le acercaba la brisa nocturna, siempre puntual. En medio de la meditación sintió abrirse la puerta y una figura esbelta, de cabellos sueltos, se recortó en el contraluz. Era Leticia.-
La mujer se acercó adivinando los ojos asombrados que recorrían semejante aparición y haciendo un cuidadoso y calculado movimiento dejó caer sus mínimas ropas, mostrando su deslumbrante desnudez, enmarcada por el brillo de la lejana lámpara que se dejaba encendida en el galpón.-
Sin pronunciar palabra alguna se introdujo en la cama, suficientemente angosta para su intento de acercamiento. Tocó el cuerpo de José María, al que sintió temblar y comenzó a besarlo apasionadamente.-
– No tengas miedo. Serás el preferido del taller y nadie tendrá que enterarse de esto. Quiero tenerte solamente para mí y seremos dichosos. Después de todo, las parejas más felices que conozco son clandestinas. Aquí en el taller rindieron examen de hombría Ramón y Luis pero ninguno tiene muchas condiciones para elogiarles, mientras que vos estás espléndido.-
José María no respondía ni se movía, mientras las manos de Leticia recorrían su cuerpo buscando más intimidad.-
Cuando esas manos ávidas llegaron a lugares críticos, Leticia quedó paralizada y un ahogado grito detuvo el paso del tiempo.-
– ¡Desgraciada! ¡Sos mujer! ¡Nos engañaste a todos todo el tiempo! ¡Te voy a hacer despedir! ¡Vas pagar con sangre, marimacho desvergonzada…!
Y siguieron los insultos, cada uno más soez que otro, mientras se vestía rápidamente.-
Sus expresiones solamente obtuvieron una respuesta:
– ¿Cómo vas a hacer para explicar lo que has descubierto?
Leticia salió portando una ira infernal. Ya buscaría el castigo adecuado para su afrenta.-
De alguna forma sembró la duda en su marido. La cuestión es que éste comenzó a revisar sus cosas en busca de pruebas hasta que finalmente las encontró, irrefutables, escondidas en una vieja caja casi enterrada en lo profundo del desvencijado ropero que fuera del abuelo.-
Llamó silenciosamente, moviendo el índice, a esa figura que estaba arrinconada trabajando sobre un carburador mientras miraba con preocupación todo a su alrededor.-
La oficina, en realidad un sencillo rincón vidriado, poco ayudaba a frenar la voz airada de Don Ariel. Parecía más grave que de costumbre. El motivo del enojo del patrón se filtró claramente hacia el galpón. Todos miraban y escuchaban en silencio y azorados, mientras Leticia sonreía.-
Pero su sonrisa comenzó a borrarse al observar que el hombre fijaba en ella su mirada mientras seguía escuchando explicaciones que se expresaban con firmeza. La estaban poniendo en evidencia de sus andanzas.-
Cuando la conversación llegó a su fin, Don Ariel salió del taller silenciosamente y se encerró en sus habitaciones. Leticia fue hacia allá pero encontró la puerta trancada. En vano llamó, golpeó, exigió, suplicó…. Solo le respondió el silencio.-
En el taller el ambiente de conflicto se podía palpar como si el aire hubiera tomado la consistencia de una gelatina. Nadie hablaba mientras se fingía trabajar.-
Transcurrieron las horas. Don Ariel reapareció con gesto hosco. Llamó a todos, le pidió a la muchacha que se fuera a su pieza y poniendo sus manos en la espalda, les habló:
– Poco tengo que decirles ya que estaban escuchando mi conversación, aunque se hacían los disimulados. Les confirmo: El mecánico José María resultó ser una mujer llamada María José. Jamás pensé que una mujer iba a invadir este taller y mucho menos que tendría el conocimiento y la calidad de trabajo que todos hemos visto. Me engañó, es cierto, como nos engañó a todos y eso no solo me da rabia sino también vergüenza.
«No entiendo cómo pudimos ser tan pavos, por no decir otra cosa, para no darnos cuenta que era una mujer la que estaba a nuestro lado, haciendo trabajos de hombres y sacando del taller unos resultados que, hay que reconocer, nos han generado clientes que ahora vienen hasta de pueblos importantes donde hay muy buenos mecánicos.»
Solamente cabezas que asentían, sin un solo sonido, indicaban que las palabras del patrón habían sido escuchadas. Leticia, muda y azorada, se mantenía en un rincón con la angustia reflejada en sus mejillas.-
Don Ariel hizo un alto en su discurso. Tomó aire mientras se recomponía, ya que sus últimas palabras tenían el tono casi sollozante que le imponía la otra verdad, la que omitía de explicar. Había en su pecho la más doliente herida que una mujer puede asestar a un hombre: Buscar en otros mejores atributos como eligiendo mercaderías en una feria, sin valorar lo que tiene a mano.-
– La única culpa de esto es mía. Yo debí darme cuenta. Tengo que pagar por mi error, y también tengo que reconocer lo que esta muchacha ha aportado. Así que voy a romper la regla que ha sido de oro en este lugar: Esta mujer seguirá trabajando aquí y al que se le ocurra pasarse de vivo hacer alguna broma, de mal gusto no, ¡lo voy a sacar del forro del culo! -casi gritó-.
Leticia, pálida, no atinaba a moverse.-
– Y también quiero decir algo sobre lo cual no voy a aceptar ninguna cuestión, ni preguntas, ni nada, porque estoy a punto de cometer una desgracia: Ustedes dos, Luis y Ramón, junten sus cosas y se van….¡ya!. Cuando sea fin de mes vengan a cobrar lo trabajado y si quieren abrir la boca se las voy a cerrar de una trompada. A vos, Leticia, te doy media hora para juntar tus porquerías y mandarte a mudar. No me importa si te vas a la casa de tu hermana debajo de un puente. Lo que me importa es que nunca más quiero verte la cara. ¿Entendiste?: ¡¡Nunca más!! -enfatizó casi pegándole-.
Giró rápidamente y se encerró en la oficina, acomodando papeles como si atendiera lo que contenían. Estaba realmente al borde de pasar los límites de la prudencia y solamente ese encierro, sin interferencias, podía calmarlo.-
Durante unos meses todo siguió funcionando. No se podía ignorar lo ocurrido pero nadie se atrevió a hacer comentario alguno. Un tácito acuerdo de silencio acompañaba la actividad cotidiana donde María José, ya blanqueada su situación, mantenía el ritmo habitual haciendo maravillas con reparaciones que otros hubieran calificado de imposibles.-
Otros mecánicos de medianos conocimientos reemplazaron a Luis y Ramón. Hubo que tomar aprendices porque el trabajo aumentaba acompañando la fama también creciente del taller.-
Una noche, Don Ariel invitó a todos a cenar. Había conseguido dos hermosos dorados del río Paraná y quería compartirlos, tal vez para romper las tensiones.-
Casi al last del festín se lo notaba con algo atragantado y un par de vasos de vino casero, aceptados porque no era en horas de trabajo, le aflojaron la lengua. En un tono casi pietario tomó la palabra:
– Seguramente todos tienen curiosidad por lo que ha pasado con aquél José María, hoy María José, y se los voy a explicar tal como ella lo hizo. De pequeña, ya sin madre, sintió gusto por los motores acompañando y aprendiendo de su padre todos los secretos de un buen mecánico. Completó esto con estudios, justo cuando fallece su padre y las deudas de su enfermedad se llevan taller, casa, herramientas y todo lo que algo valiera. Como mujer se la rechazó de todos lados, ya que el trabajo de mecánico es, parece ser, cosa de hombres. Así fue como simuló ser un joven principiante y nos hizo creer a todos que estábamos contratando un muchacho.
– Todavía se sigue pensando que la mecánica es terreno vedado para las mujeres -acotó María José, que ya había recobrado su firmeza contestataria después del incidente y mostraba la plenitud de sus formas que, sin ser deslumbrantes, tenían un atractivo muy particular-.
– Es cierto, pero después de lo que ha pasado, estoy dudando cuánto hay de verdad en esa prohibición. De todas maneras, sigo pensando que no es posible que una mujer pueda engañar de esa forma a un grupo de hombres que, sin decir que somos de mundo, conocemos de la vida y de mujeres.
– Eso es lo que cree, Don Ariel. Permítame que le cuente una historia breve, que fue la que orientó mis decisiones al respecto.
– Nunca está de más conocerla. Adelante….
– Bien. Lo haré corto aunque lo que omita merecería ser parte del relato: Allá por los inicios del siglo diecisiete, una mujer llamada Catalina de Erauso, hija del capitán Miguel de Erauso, huyó del maltrato que le propinaban en un convento de San Sebastián, España, encontrando que el mundo, si podemos llamar así al entorno de ese convento, discriminaba a las mujeres de una forma que imposibilitaba cualquier actividad independiente.
– ¿Era solamente en ese pueblo?
– No. Period en todos los lugares conocidos. Permítanme que continúo: Haciéndose pasar por mozalbete se embarcó en la flota de Don Luis Fajardo como grumete y desembarcó en el territorio que hoy se conoce como Panamá, entonces llamado En Nombre de Dios. Allí trabajó en distintos comercios mientras se esforzaba por adquirir habilidades con la espada ya que su vida dependía solamente de ella. Protagonizó muchos duelos donde sus contrincantes terminaron atravesados. Pasó después a Chile como soldado a las órdenes del capitán Gonzalo Rodríguez ganando el cargo de alférez en sangrientas batallas contra los indios y reemplazando a su jefe cuando éste murió.
– ¿Siempre como hombre?
– Siempre, señor. Nadie imaginaba la realidad, incluso cuando en Panamá lo quisieron casar por la fuerza con doña Beatriz de Cárdenas, lo que eludió saliendo de la ciudad.
– Tremendo apuro habrá pasado….
– Imaginen ustedes. Siguiendo su carrera militar, llegó a capturar al jefe indio Quispiguachua ordenando ahorcarlo inmediatamente después de su rendición. En una de sus tantas peleas mató al hermano del cacique y cuando en Lima lo hizo con el criado del corregidor Barraza fue a dar a la cárcel, previa trifulca en un antro de juego de naipes donde las trampas y las cuchilladas estaban siempre presentes.
– Supongo que ahí la mataron.
– Ni pensarlo. Se escapó pidiendo comulgar y al tener la hostia en su boca la tomó con la mano y amenazó con tirarla al suelo sucio, afrenta tremenda que nadie podía aceptar en esa etapa de fanatismo religioso. No hubo forma de abrirle la mano sin peligro de hacer caer la hostia y finalmente la liberaron con la promesa de nunca volver. Pasó a Cuzco y allí mató a un tal Cid en una pelea de la cual salió malherida. Esta situación la llevó a tener que contarle su historia al Obispo Carvajal quien mandó a constatar su sexo a dos matronas de la ciudad, las que certificaron que period mujer y virgen. El Obispo la tomó bajo su protección, disculpen mi sonrisa, enviándola luego a España donde el rey Felipe cuarto premió sus hazañas.
– ¿Y que fue de su vida, finalmente?
– Volvió a América, más precisamente a Veracruz, trabajando de arriera y en los carruajes de transporte de pasajeros. Allí la conoció Fray Diego de Sevilla el que relató toda su historia y que pasó a figurar en los anales de la conquista de estas tierras. Murió en Veracruz en mil seiscientos treinta y cinco. Se la apodó la Monja alférez”. Ya ven, no es novedoso el método.
– María José -intervino el patrón-, a esta altura de tu relato lo único que quisiera es que me digas que con la espada no eres tan habilidosa como con los motores.
– No conozco su manejo, pero no me va mal con el cuchillo -respondió la aludida guiñando un ojo a los que escuchaban absorto el interesante desarrollo de la historia-.
Las sonrisas acompañaron su gesto de humor.
– Nunca imaginé que hubiera tantos vericuetos en las diferencias entre hombres y mujeres -señaló Fosforito-.
– Siempre hubo diferencias y no solo por el sexo sino también por el shade. Algunas muy dolorosas. Sabrán ustedes que en mil cuatrocientos cincuenta y cinco una bula del Papa Nicolás Quinto determinó que los negros no tenían condición humana y podían ser cazados y domesticados. En definitiva, el hombre aprendió a volar como los pájaros y a nadar como los peces pero nunca aprendió a convivir en paz con sus semejantes -concluyó la mujer, con un tono de merecida solvencia-.
– Después de lo que ha pasado y lo que nos has contado, creo que lo mejor es que cerremos lo de hombre-mujer blancos y negros en paz, nos olvidemos de las diferencias y trabajemos todos por igual. Asunto terminado.
Todos estuvieron de acuerdo, y el clima del trabajo siguió siendo de distensión y armonía.-
Los nuevos no tardaron en enterarse de todos los detalles, aún aquellos de los cuales no se hablaba sino en voz baja, muy baja.-
Para Navidad, cuando los recuerdos afectan los ánimos del tradicional festejo, Don Ariel preparó unas bolsas con algunos regalos propios de la ocasión. Sidra, pan dulce, turrones, un almanaque….
Los distribuyó en la mañana del 24, ya que por la tarde no se trabajaría.-
Al anochecer, sentado solo ante la mesa donde en otras navidades se supieron escuchar risas, brindis y expresiones de una dicha que parecía interminable, vio que en la piecita del fondo María José también estaba sola preparando una modesta comida como la de todos los días, con la única variante de haber puesto la mesa con un mantel blanco almidonado en el centro, un pequeño arbolito y una vela encendida ante la imagen de un pesebre de cartulina mientras una vieja radio transmitía las elaboradas y falsas alegrías de un par de locutores chillones que seguramente preferirían estar con sus familias en vez de pronunciar frases que nadie atendía.-
Se levantó silenciosamente y se acercó a piecita que antes ocupara el abuelo, tocó el marco de la puerta abierta sorprendiendo a la muchacha.-
– Me permites sentarme a tu mesa. No veo razón para que estemos comiendo a un par de metros uno del otro en esta fecha tan particular.
– Por supuesto, Don Ariel. Adelante.
– Gracias. Antes voy a buscar algo para combinar los platos.
Y rápidamente aportó a la cena un trozo de carne recién horneada y una botella de vino.-
Y se abocaron a conversar. El diálogo, casi un murmullo, se extendió hasta entrada la madrugada. Don Ariel se despidió con un beso en la mejilla de la mujer que había cambiado la vida del taller y sus ocupantes.-
El día 26, retomada la actividad, el patrón volvió a reunir a sus empleados:
– Estas fiestas han sido siempre motivo de reflexiones. Y también de grandes decisiones, reconozco. Quiero decirles a todos que le he propuesto a María José que sea mi compañera. Ella ha aceptado, así que juntos iniciaremos una nueva vida y cuando salga el divorcio que empezaré a tramitar la haré mi esposa. Ella se encargará de dirigir el taller, enseñar a los aprendices y controlar todos los trabajos. Para la oficina hemos tomado un empleado que ustedes ya conocen y que ha demostrado ser eficiente. Yo me dedicaré a aprender de ella todo lo que sabe, que no es poco ya que me ha permitido descubrir cuanto me falta conocer del oficio.-
– Sin olvidarse de protestar de vez en cuando -agregó uno de los nuevos, sonriente-.
Don Ariel lo miró en silencio, serio. De a poco esbozó una sonrisa que terminó en un murmullo generalizado de aprobación, lo que puso un cierre distendido al especial momento.-
De Leticia no se supo nada más. Solamente que compareció en el juicio de divorcio en la capital sin que trascendieran detalles. Nunca volvió al pueblo.-
Con el tiempo, tal como estaba anunciado, la sentencia de divorcio les permitió formalizar la relación en una sencilla ceremonia por civil. El agasajo lo organizaron los amigos que eran prácticamente todos en el pueblo, con empanadas, asado con cuero, campeonatos diversos, taba, baile, cantores, y otros entretenimientos espontáneos. Duró dos días con sus noches.-
Avanzadas las libaciones, uno de los invitados presentó una enorme escupidera enlozada, nueva por supuesto, llena con espumante sidra y recorriendo las mesas forzaba un brindis. Esto provocó graciosos gestos de repugnancia entre las mujeres y sonoras risotadas entre los hombres.-
El casamiento pasó a ser, en los comentarios del pueblo y otros lugares vecinos, el Pageant de Don Ariel Funes y Doña María José Candossa. Nadie recordaba algo parecido.-
Don Ariel y María José tuvieron tres hijos hermosos, uno de los cuales se destacó con el tiempo como mecánico de prestigio casi tan bueno como la madre.-
Los muchachos tomaron distintos rumbos en busca de sus destinos.-
Marido y mujer caminaban tomados de la mano mostrando un ejemplo de felicidad a quienes conocían lo ocurrido.-
Una anciana del lugar, viéndolos pasar, sentenció acertadamente:
– No me cabe duda: Dios viene derecho por caminos torcidos…….
Pero el tiempo todo lo puede, venciendo hasta los fuertes lazos del amor. Para algunos pasa lento, para otros muy rápido. Lo cierto es que no importa como pase, siempre deja su marca en el devenir de las vicisitudes.-
Un día María José se sintió mal, por lo que su marido la llevó presurosa a la capital, al mejor sanatorio, el de mayor prestigio.-
Después de varios estudios se encontraron con la mirada severa del médico que lo decía todo. No fueron necesarias muchas explicaciones.-
En silencio volvieron al pueblo tomados de la mano, apretando cada vez con mayor fuerza, como queriendo vencer lo invencible, evitar lo inevitable, detener lo inexorable……
Lo que siguió hasta el fallecimiento de María José fue un período penoso. El dolor de la separación eterna que impone la muerte a quienes se aman no tiene palabras que lo reflejen.-
Esa tarde, estando Don Ariel sumido en sus pensamientos le estalló una certeza. Era el día señalado en su calendario private.-
Esa mañana el hombre ya había tenido la sospecha del cambio definitivo. Nadie se lo había anticipado ni lo hubiera creído viéndolo tan activo y erguido como siempre. Solo que lo supo, así de easy, y decidió repasar su vida incluyendo los grandes cambios que el destino produjo en su existencia.-
Hablando a la brisa, como queriendo sentirse acompañado, se preguntó:
– ¿Cómo era ese proverbio español que mencionaba mi padre?…Pero si yo lo tenía escrito bajo el vidrio del escritorio.
Y corriendo la vitrea lo levantó, leyendo en voz baja, con la formalidad de un discurso: Es difícil que un hombre se sienta valeroso cuando sabe que a las cuatro ha de encontrarse con el diablo.-
Cerrando los ojos, reflexionó en silencio.-
– Será cuestión de cada uno. A mí no me preocupa aunque me gustaría saber quién estará esperando al llegar donde quiera que me toque ir, si es que hay algo más allá.
La supuesta siguiente etapa había sido siempre una incógnita y tema de conversaciones con los amigos. Con el cura la charla se aproximaba a una contienda de argumentos que siempre resultaba interesante.-
Su ánimo todavía trajinaba pero su cuerpo estaba fatigado y pedía reposo aunque no lo demostrara, algo que jamás imaginó podría ocurrir habiendo tenido la energía y entusiasmo contagiosos que todos ponderaban.-
– En la lucha por la vida muchas veces vencemos, pero es temporal. Finalmente perdemos -recordó sus palabras, dirigidas al viento aquella vez cuando terminó de tallar con su buril esa placa de mármol marrón que se negaba a absorber las lágrimas-.
Con la misma certeza con que diagnosticaba fallas en los motores con solo atender sus explosiones, escuchó para adentro su propio motor, su propio instinto, su propio corazón. Supo que no había arreglo posible.-
Con un andar pausado, Ariel Funes atravesó el taller donde pasaba las largas horas del día y dirigió sus pasos hacia la habitación del fondo, aquella donde se había producido tiempo atrás uno de los episodios más importantes de su vida.-
Parado en el vano de la puerta observó a través de la penumbra con ojos entrecerrados. Y los recuerdos se atropellaron en su mente provocando que un rictus de angustia se dibujara en su rostro curtido.-
Solo atinó a sentarse en el pequeño camastro prolijamente arreglado y sin uso desde aquellos vertiginosos días y dejando caer la cabeza entre sus manos callosas cerró los ojos. Period el último tramo del camino conocido, lo sabía. Y lo entendió sin pesar, casi con alivio. Finalmente, las penas ya no tendrían oportunidad de perturbar su descanso.-
Como en una gigantesca calesita portadora de escenarios y personajes comenzaron a desfilar los tesoros guardados en la memoria, una memoria donde nombres, números, fechas, estaban estampados con los mínimos detalles.-
Se veía fuera de las escenas, contemplándose a sí mismo como un niño curioso y juguetón, luego como adolescente ávido de conocimientos y lleno de preguntas para finalmente observarse como un maduro emprendedor enfrentando los avatares sin claudicaciones. Por momentos retrocedía en los recuerdos para recuperar detalles, retomando luego la marcha.-
Había vivido, escuchado y presenciado tantos episodios.-
– Hasta podría haberlos puesto en un libro -murmuró-.
Su imaginación le había permitido recrear situaciones en las que estuvo ausente, tomando como base los detalles recopilados. Las pocas piezas que faltaban de algunos rompecabezas se completaban con conclusiones indiscutibles en su lógica. Sabía que así tendrían que haber ocurrido los hechos que no presenció.-
El espeso silencio del taller sin risas, sin herramientas golpeando el metallic, sin las alegrías despreocupadas de los más jóvenes, sin las toses acompasadas del compresor al que los más viejos llamaban el tísico” pero que siempre daba algún resuello más, pronto se fue llenando del mudo murmullo de los recuerdos que aguardaban aletargados en el fondo de su alma y solo escuchaba su mente.-
En la vacía habitación donde se había detenido el solitario mecánico de pueblo que nunca volvió a sonreír colgaban un par de cuadros con unos papeles iluminados por el sol inclemente de la siesta. En esas líneas se reflejaban con prolija caligrafía y en dolidas palabras los sentimientos encerrados en ese generoso pecho.-
Los tomó, leyendo lentamente con ojos empañados.-
El Jardín de las Hespérides
Como un mítico argonauta bogando en busca de las orillas del Cólquida, donde espera el Vellocino de Oro, siento que mi alma vaga sin norte, sin entender que la bruma ha cerrado las rutas de la Esperanza.-
Cuando las desdichas abruman a los hombres, cuando la dura realidad golpea en el rostro que sigue ansioso el alejarse del faro que nutre su vida, imposibilitado de corregir su rumbo, surge la eterna pregunta: ¿Qué hice yo para merecer esto?
Hoy, cuando el destino ha golpeado a mi puerta para anunciar la llegada de la noche, mi pregunta es la misma, solo que mi mirada interrogante no se posa sobre los pesares sino en los maravillosos momentos vividos en años que me parecen haber sido solo segundos.-
Tus ojos fueron dos faros que iluminaron mi ruta al Jardín de las Hespérides, las tres hijas de Atlas depositarias de todos los placeres y donde solo en mis delirios, como un adolescente, esperaba algún día anidar. Ellos me señalaron el camino.-
Había allí, como no podía esperarse menos, el mejor ejemplar de cada uno de los frutos maravillosos del universo trasmutados en placeres, todos ellos reservados a los dioses, más los manzanos áureos que despertaban la codicia de los impuros mortales.-
Y yo plebeyo usurpador, me atreví a tomarlos con la intrepidez de un mozalbete y el ímpetu de un corcel desenfrenado, pese a no ser ni uno ni otro.-
Y tomé todos y cada uno de esos frutos: Mis manos se cerraron sobre tus formas con piel aduraznada mientras el néctar que emanaba a borbotones de tu boca me llevaba a la búsqueda incontenible de un éxtasis que pedía más y más, superando todo lo que la imaginación es capaz de elaborar y las palabras puedan expresar.-
Y de cada árbol obtuve un deleite.-
Momentos hubo en que el desenfreno nos puso frente a prometedores placeres que otros habrán soñado sin éxito. Y con tu generosidad y mi audacia los tomamos, encontrando que la realidad llegaba más allá de todo límite.-
Y en ese jardín maravilloso tu risa cristalina llenaba de placer mis sentidos acompañando el trinar de los pájaros que despertaban a la vera del tranquilo paisaje que cobijaba nuestras almas eufóricas de pleno regocijo.-
Pero las Hespérides, aún siendo las guardianas de los placeres, no pudieron soportar ver tanta dicha y cegadas por la envidia abrieron las puertas al Hércules portador del cofre de los padecimientos.-
Y no solo destruyó al dragón de las cien cabezas, celoso cancerbero, sino que te tomó para sí y devastó los árboles donde brotaban los frutos del placer, expulsándome hacia la nave de la cruel realidad para que emprendiera el camino de regreso y me sumara a la interminable caravana donde los penitentes transitan sin rumbo purgando el haberse atrevido a conocer lo que estaba solo reservado a los dioses.-
Mientras camino por ese sendero tenebroso me pregunto: ¿Qué hice yo para merecer esos años de dicha vividos en el Jardín de las Hespérides? Ni la conducta ejemplar de los llamados santos, ni el desprendimiento admirable de los grandes sabios, ni el blandir feroz de las espadas de los héroes, ni la mano bondadosa del samaritano, han sido premiadas como lo ha sido mi vida llena de imperfecciones, egoísmos y orgullos vanos.-
¿Qué mirada puso en mí el Destino para colmarme de dichas?
Nada tiene que reprochar a los dioses quien ha bebido de sus fuentes.-
Solo les debo el agradecimiento eterno, porque no habrá dolor, fuego castigo suficientes para renegar de la dicha recibida. Nada alcanzará la estatura del amor desatado por los frutos que tus manos generosas pusieron a mi alcance.-
No hubo, hay, ni habrá sobre la tierra quien pueda exclamar como lo hago:
¡Yo conocí el Jardín de las Hespérides!
Ariel Funes
Como en cámara lenta se levantó, dirigiendo sus pasos ahora cansinos hacia la salida. No cerró puertas ni apagó luces. Solo acarició cariñosamente la cabeza de los perros guardianes que respondieron moviendo sus colas y acompañaron su andar hasta la calle, de donde volvieron a sus permanentes puestos de vigilancia.-
En el pequeño cementerio del pueblo se destacaba una tumba muy bien cuidada. Una lápida de pulido mármol marrón presentaba la fotografía de una hermosa mujer en el esplendor de su madurez y un nombre: María José Candossa de Funes. Debajo, palabras esculpidas a buril prolijamente por su autor:
A tu amor perdido…
Lo escucho en el murmullo de las hojas secas
que arrastra el viento interminable.
Lo encuentro en el sabor del jugo amargo
masticando absorto la brizna salvaje.
Lo huelo en las fragantes noches
inundadas de jazmines distantes.
que acompaña los inviernos implacables.
Lo lloro en la tristeza de una plaza castigada
con la ausencia de niños incansables.
Ariel
Allí, sobre la verde gramilla que rodeaba la tumba se sentó Ariel Funes lentamente, silencioso. Y ahí mismo lo encontraron al día siguiente, frío.-
Tal como lo supo esa tarde, era el last del sendero.-
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MARCELO dijo:
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